PEDRO VELEZ R.
LA ALHAMBRA-EN BOCA DE RAIMUNDO LULIO.
(PARA EL ALBUM DE LA SEÑORITA C. P.)
I
LA indecisión en mi ánimo domina,
Al manchar entre dudas y temores
Con mis marchitas é inodoras flores,
Tu album inmaculado, Catalina.
La página primera me destina
Tu bondad. ¡ Quién pudiera los colores
Robar al alba, y plácidos rumores
A la sonante fuente cristalina !
Con ellos complacido entretejiera
Dón preciado, poético, brillante,
Que orgulloso á tus plantas depusiera.
Imposible ! A tu súplica galante
Contesta como nota lastimera
El canto gutural de un ave errante.
II
El sol se oculta tras la Sierra Elvira
Entre mares de luz y nubes de oro;
El viento entre los álamos suspira
En són de queja, imprecación ó lloro.
Ya las sombras se ciernen sobre el mundo
Y el ángel de la luz las alas pliega,
Apenas si un destello moribundo
Sobre las cimas rocallosas juega,
Y cruzando la vega silenciosa
En ondas indecisas se dilata,
Y la Sierra-nevada, pudorosa,
Lanza reflejos de encendida plata,
Al sentir en su frente blanca y pura
Aquel beso de luz del sol poniente,
Que dura...lo que un beso de amor dura
Y se pierde en las ondas lentamente.
Las aves callan; por el ancho cielo
Arrastra el viento fúnebres clamores,
Y corren con amargo desconsuelo
Quejumbrosos arroyos entre flores.
Esas las tardes de Granada. El alma
Padece y goza al contemplar en ellas
De los sepulcros la apacible calma,
La temblorosa luz de las estrellas;
La diáfana neblina que se mece
Como girón de desgarrado encaje;
La oscuridad fantástica que acrece
Los suspiros de amor en el follaje.
Esos recuerdos que en el aire vagan
De crímenes, valor, risas y llanto,
La envuelven, la destrozan y la halagan,
Y siente rabia, amor, odio y espanto.
Misteriosas visiones, una á una,
Cruzan el aire, vaporosas, bellas,
Envueltas en los rayos de la luna,
O en el suave fulgor de las estrellas.
Tú has visto en el recinto solitario
De la Alhambra, esas mil apariciones
De la Vela en el alto Campanario,
O en el patio oriental de los Leones.
Por aquellos desiertos corredores
Sonaban nuestros pasos, tristes, huecos,
Y parecía, oyendo sus rumores,
Que aquellos sordos ecos no eran ecos.
Los rayos de la luna confundidos
Entre arabescos, flores y calados,
Semejaban espíritus perdidos
De seres entre sombras sepultados.
De aquella confusión vertiginosa,
Como evocada por algún conjuro,
Miraba destacarse pavorosa
Una fúnebre historia en cada muro.
¿ Por qué pasó la raza soberana
Que vida dió á estas piedras con su aliento, Como la nube
fugitiva y vana
Que entre sus pliegues arrebata el viento?
Iluminó la frente del Profeta
Siniestro resplandor; deslumbradora
La luz de Satanás al cielo reta,
Y brilla en el Oriente roja aurora.
Tronó la tempestad. Nubes sombrías
Sobre la culta Europa se cernieron;
Temblaron sus cristianas monarquías
Y castillos y alcázares crujieron.
Sobre España, verjel de los amores,
La gran tormenta descargó; y pasea
Entre sangre, despojos y fulgores
La despiadada Destrucción su tea.
La planta de los hijos del desierto
Huella audaz de los templos el recinto.
Y el torreón de víctimas cubierto,
Y el lujoso palacio en sangre tinto,
Y sobre sus creyentes victoriosos
Que acompañan la fuerza y la fortuna, Derramaba destellos
fulgorosos,
Brillante como el sol, la Media luna.
Pero, grande en las artes y en las ciencias,
Y en la palestra valeroso y fuerte,
Aquel pueblo llevaba en sus creencias
Depositado el germen de la muerte;
Le faltaba un ideal; fuerza infinita
Que hace del hombre un semi-dios ; luz pura
Donde el aliento creador palpita
Y la mirada del Señor fulgura.
Bajo el yugo fatal de los placeres
Dobló la frente y se humilló sumiso:
Y fueron siervas viles sus mujeres,
Y un harén voluptuoso el paraíso.
Al extender sobre la tierra hispana
La ola de su rabia y sus rencores,
A su paso se alzó la fe cristiana
Revestida de acero y resplandores.
En la resuelta, intrépida falange,
La inspiración del cielo centellea
Ante la espada se humilló el alfanje,
El brutal sensualismo ante la idea.
Ay ! pero toda muerte es dolorosa;
Ay! que un pueblo que pasa y desparece,
Dejando esta rüína majestuosa
Desgarra el corazón y le enmudece.
Al contemplar esta obra de sus manos,
Cuyos recuerdos tétricos espantan,
Parece que unos seres sobrehumanos
En la sombra sutil lloran y cantan.
¡ Y no poder en alas del deseo
Desde aquella adorada patria mía,
Que despierto y en sueños, siempre veo,
A pesar de tu cielo, Andalucía!
De mi existencia en este instante hermoso
A los míos traer aquí, á mi lado,
Y el hondo sentimiento en que reboso
Ver con su llanto y su reír mezclado.
Mas en vano, que debo solo y triste
Recorrer los palacios y rüínas,
Mientras de duelo el corazón se viste
Y siente de la ausencia las espinas.
Sólo cuando en mi senda vacilante
Brota Amistad su flor pura y rïente,
La recojo, la aspiro y un instante
Viene su aroma á refrescar mi frente.
En vosotros la he visto ; habéis tendido
Las manos al viajero fatigado;
De vuestras manos yo la he recibido,
Y en su perfume mi alma se ha impregnado.
Por eso en tanto que la bruma helada
De la ausencia ya próxima me pierdo,
Dejo en tu album, en rima inacordada,
De sincera amistad fugaz recuerdo.
Los años pasarán sobre mi frente;
A yerme volveré en mi patria amada;
Mas nunca olvidaré este sol poniente,
Ni á la Alhambra, á vosotros, ni á Granada.
EN BOCA DE RAIMUNDO LULIO.
ES media noche. Con el manso viento
Llega á mi estancia el misterioso ruído
De música lejana, eco perdido
En la extensión del ancho firmamento.
Envuelto en densa sombra el pensamiento
Se estremece y revuelve adolorido,
Y al mirar el sendero recorrido
Le desgarra fatal presentimiento.
Mas vuelvo á ti la vista ; mi alma inerte
Tiende las alas al brillante cielo,
Y me siento inspirado, y grande, y fuerte,
Y capaz por tu amor, mi dulce anhelo,
De afrontar y vencer la misma muerte,
Oh Blanca mía, oh Blanca de Castelo !