INDICE




DIOGENES A. ARRIETA.
 

 

EN LA MEDIA NOCHE.-EN LA TUMBA DEL GENERAL DANIEL DELGADO.
 

 

EN LA MEDIA NOCHE.

MAJESTUOSA la luna señorea

El ancho firmamento;

Hermosos, rutilantes como soles

Alumbran los luceros.

 

Las nubes cuelgan de los altos montes

Un misterioso velo;

Las copas de los árboles se mecen

Con tardo movimiento.

 

Escúchanse á distancia los latidos

Del vigilante perro,

Fiel centinela que del amo guarda

El descansado sueño.

 

Ninguna voz humana se percibe

En medio del silencio:

Las voces y el martillo del trabajo

También enmudecieron.

 

De una lámpara el rayo persistente

Divisase allá lejos,

La lámpara del sabio que trabaja

Y vela en el silencio.

 

Obrero de la ciencia que investigas

Tantos hondos misterios,

Tú que trabajas mientras todos duermen,

Tú llegarás al puerto!

 

EN LA TUMBA DEL GENERAL DANIEL DELGADO. 

LIDIADOR, ya rendiste tu tarea!

Doblaste al fin, vencido en la pelea,

Larga, tenaz, reñida con la suerte

La frente ya cansada;

Pero fuiste en la lucha con la muerte

Intrépido hasta el fin de la jornada.

 

De lauro inmarcesible coronado

Llegaste del sepulcro á los umbrales:

El pecho decorado

De las nobles insignias que la gloria

Otorga á los varones inmortales.

 

Mostrabas el bastón del Majistrado

Junto al arma gloriosa del soldado,

Tu espada esclarecida

Que salió en cien combates vencedora

Y nunca fué vencida;

Y así bajaste á la mansión sombría,

Hijo preclaro de la patria mía.

 

De la vida otros pasan el lindero

Cargados con su afrenta,

Cada vez más pesada que primero:

Que á la luz de un renombre pasajero

El estigma del crimen más se aumenta.

Otros bajaron á la eterna sima

Hurtando sus oídos

Del pueblo que ultrajaron ó vendieron

Al rumor de los odios encendidos,

Que les persigue con tenaz empeño

Hasta en la sombra del eterno sueño.

A su pasado aquel vuelve la vista,

Y el pasado le humilla ó le contrista;

Hasta que huyendo á su miseria y daño

El rostro esconde en el mortuorio paño.

 

Oh! pero tú, varón sencillo y fuerte!

La conciencia tranquila, sin rencores,

Llorado por los pueblos, y de honores

Cargado, te abrazaste con la muerte.

Eras modesto, noble y cariñoso,

Modelo del amigo y compañero;

Amante de tu hogar y desdeñoso

Al astuto lenguaje y lisonjero

Que la traidora adulación emplea.

La envidia no alcanzaba

Tu frente á salpicar con su veneno,

Pues tu misma humildad la desarmaba.

Tu corazón, al egoísmo ajeno,

Con el feliz gozaba;

Y aquel que se encontró más desgraciado,

Ese alcanzaba más de tu cariño...

Cual tú no conocí ningún soldado,

Brazo de acero, corazón de niño!

 

Un recuerdo no dejas infamante:

Y cavile el espíritu y se asombre,

Cómo siendo soldado y gobernante

Nadie pronuncia con rencor tu nombre.

El llanto que la Patria entristecida

Derramó por tu eterna despedida

Fué el llanto de una madre desolada:

Que ya le queda sólo la memoria

Del tiempo venturoso en que tu espada

Sus legiones condujo á la victoria;

Y sabe que en el tiempo venidero,

 

Cuando llame el peligro á sus umbrales,

En vano buscará al audaz guerrero

Defensor de los fueros nacionales!

 

Un día, locamente,

Alzó un caudillo la culpable mano,

Y amenazó á la majestad excelsa

Del pueblo colombiano.

De aquel caudillo á los afectos era

Sostén y abrigo tu amistad sincera.

La Patria amenazada

Al punto recordó tu juramento,

Tu lealtad probada;

Te señaló con dolorido acento

Su glorisa bandera desgarrada,

Y se amparó en tus brazos...

Rompiste heroico entonces

Del corazón los lazos,

Y recogió asombrado el mismo pueblo

Del Dictador el sable hecho pedazos !

 

A tu excelsa memoria quién un templo

En cada pecho levantar pudiera,

Porque aprendieran muchos en tu ejemplo

A respetar su honor y su bandera;

Y arrancaran, insignias profanadas,

A precio de baldones alcanzadas

Por no seguir tus huellas,

De sus menguados hombros las estrellas.

 

Cuántos hay que ofrecieron afanosos,

De la infame bajeza haciendo alarde,

Apoyo fuerte al que ultrajó el Derecho;

Y conquistaron con valor cobarde

Para su nombre títulos pomposos

Y medallas de honor para su pecho !

El ánimo inexperto ó degradado

Prefiera la ruindad á la grandeza,

Y encuentre regalado

Manjar á su ambición en la vileza;

Pero tú no bajaste avergonzado

Jamás ante los hombres la cabeza!

 

El fanatismo cruel, que se divierte

En celebrar festines de conciencias

En los negros linderos de la muerte,

Llegó como el ladrón hasta tu lecho

A tomar por asalto tus creencias.

Tu razón se mantuvo firme y fuerte,

Indómita y serena;

Y, altiva, rechazó por infamante

Del católico dogma la cadena.

La amenaza feroz del sacerdote,

De los tuyos el ruego cariñoso;

De la muerte el abismo ya cercano

Abierto ante tus ojos, pavoroso;

Ni aquel dolor tirano

Que revelaba tu profunda angustia

En tu mirada mustia

Y en el hondo estertor de tu agonía,

 

Abatir consiguieron tu energía...

Y así tu convicción fué retemplada

En el combate fiero,

Cual si fuese forjada del acero

Inquebrantable de tu misma espada:

Y tu razón así quedó triunfante,

Como esas rocas que en ignotos mares,

Del viento y de las olas

Resisten los embates seculares !...

 

Tu carácter entero y levantado

Sea feliz modelo

A esta generación que ha comenzado

Con el negro Poder, entronizado

En la conciencia, el formidable duelo;

Y afrenta también sea

Al que ceda, cobarde, en la pelea.

Al que abandone el asediado muro

Porque tras él amague la tormenta,

O se asuste del éxito inseguro,

A ese tu ejemplo servirá de afrenta!

 

Esta viril generación que llega

De la pública vida al escenario,

Con lágrimas de amor tu tumba riega;

Y en el curso sabrá del tiempo vario

Tus hechos imitar, y tu memoria

Sagrada venerar en el santuario

Augusto de la Historia,

Velado por el genio de la Gloria.

 

La Patria cuidará reconocida

De tus huérfanos hijos y tu esposa:

Deuda de gratitud nunca la olvida

Nación que es justiciera y generosa.

Ídolos fuero¡¡ ellos de tu vida,

Y te asustaba su insegura suerte

Al sentir en tu frente ya esparcida

La misteriosa sombra de la muerte...

Descansa en paz ¡oh padre! que el Destino

Regará de esperanzas su camino,

Como le dió tu generosa mano

Honor y gloria al Pueblo colombiano!

anterior | índice | siguiente