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CARLOS ARTURO TORRES.
 

 

ESPARTACO - EL PRIMER CANTO. - LOS DOS MISTERIOS.- GIORDANO BRUNO.
 

 

ESPARTACO.

 

AL SR. JOSE RIVAS GROOT.

 

I

¡ABANDONAD el circo, gladiadores !

Cesen vuestros dolores,

Romped esa cadena que os oprime.

También las suyas romperá mañana,

Con fuerza sobrehumana,

El pensamiento, gladiador sublime.

 

¡Yergue la frente que al tirano espanta,

ESPARTACO ! Levanta,

Y en tus cadenas el puñal afila;

 

Conduce á Roma la potente hueste

Que, cual fuego celeste,

O venga y purifica, ó aniquila!

 

Pero, ¿ qué sombra se alza en tu camino ?

Es que el ciego destino

Pone á veces al genio una barrera;

¡Ay de él si por salvarla no combate !

¡Ay de él si no la abate

Y prosigue entre escombros su carrera !

 

Señala Dios al genio una tarea:

Esa es su única idea,

Sólo la voz de su conciencia escucha;

Pero también, á su pesar, vacila,

Se anubla su pupila...

¡Qué solo se halla el hombre cuando lucha !

 

Hijo de Graco, precursor de Bruto,

El forzoso tributo

Pagaste á un pueblo de tu sangre avaro.

¡Vivir encadenado es un tormento!

Ya rendiste el aliento

En las sangrientas ondas del Silaro !

 

El genio en un mortal bulle y fulgura ;

Y sublime locura

Lo empuja, irresistible, hacia adelante

Cumplida su titánica faena

Sucumbe en el arena...

¡Vil esclavo nació, muere gigante !

 

EL PRIMER CANTO. 

CUANDO después de su triunfal carrera

Hundió la roja frente

El astro de la luz por vez primera

Detrás de las montañas de Occidente,

 

El primer hombre atónito miraba

El declinar del día;

Y al notar que la sombra lo rodeaba,

Sintió miedo, dolor, melancolía...

 

Sufrió al mirar la gran naturaleza

Envuelta en negro manto,

Le oprimió el corazón honda tristeza,

Y acompañó á las aves en su canto!

 

Primer canto, expresión de un sufrimiento

En antes no sentido,

Al cual hicieron coro con su acento,

El murmurio, y el trino, y el balido.

 

Desde entonces doquier que los pesares,

La duda, el desconsuelo,

Hacen brotar las lágrimas á mares,

Tú las enjugas, Musa ! hija del cielo

 

La noche que los ojos envolvía,

De Milton y de Homero,

Hizo surgir la eterna poesía

Que oyó atónito y mudo el orbe entero.

 

Oh desesperación, cuando la sombra

Cubre el mundo y el alma,

El hombre en su dolor te invoca y nombra,

Y no le prestas la anhelada calma!

 

El dolor, sin cesar, con rabia fiera

El corazón desgarra

Ay ! un alivio á este dolor no hubiera

Si algo no hiciese detener su garra.

 

Ese efluvio que luz y amor exhala,

Del alma santo anhelo

Eres tú, Poesía, eterna escala

Por donde el alma se remonta al cielo !

 

Ella le grita al desgraciado « ¡ Espera!

La esperanza no es vana,

Si hoy te oprime el dolor con saña fiera,

Eterna dicha gozarás mañana !»

 

Cuando en medio la noche sosegada

Titilan las estrellas,

¿ Quién al alzar la vista conturbada,

No cree que su alma ha de habitar en ellas ?

 

¡ Oh dolor! ¡ oh tinieblas ¡ oh misterio!

¡ Punzadoras angustias !

Silencio aterrador de un cementerio,

Desiertas ruinas, soledad es mustias;

 

Sonido de una música lejana,

Queja de una arpa rota,

Triste doblar de funeral campana,

De alondra herida postrimera nota;

 

Nostalgia dolorosa del proscrito,

Desengaño, locura,

Tú, tormento mayor que el del precito

Amor sin esperanza, cruel tortura!

 

Fuentes sois de perenne poesía

De inspiración sublime,

Porque sólo en su mísera agonía,

El bardo celestial cantando gime!

 

Hacen vibrar los íntimos dolores

El arpa sacrosanta,

¡ En la noche gorgean los ruiseñores¡

¡ En la desgracia el hombre llora y canta!

 

LOS DOS MISTERIOS.

 

(A MI MADRE.)

 

Mistery of life, how dreadful!

 

HOWELLS.

 

SIENDO muy niño, en el materno seno,

El corazón inerte,

Lloré y me estremecí de terror lleno

Pensando en el misterio de la muerte.

 

Hoy por la pena el corazón deshecho,

La lucha ya emprendida,

¡ Pudiera yo llorar, madre, en tu pecho

Por el triste misterio de la vida!

 

GIORDANO BRUNO.

 

(FRAGMENTOS.)

 

Te han calumniado ¡oh Dios! Tú oyes el grito

Del corazón doliente y consternado;

Tienes misericordia y no has proscrito

La augusta libertad. Te han calumniado !

 

NÚÑEZ DE ARCE.

ES la negra prisión: allí Giordano

Expia, encadenado su delito,

¿ Cuál es su crimen? ¿quién el noble anciano?

Alguien responde: «el sabio,» otro, «el maldito.»

 

Débil rayo de luz, perdido y triste,

Pasa al través del agrietado muro,

Con tinte funeral los muros viste

Y su fulgor se pierde entre lo oscuro...

 

A esta luz se dibuja en su semblante,

Que es á la vez benévolo y adusto,

Algo de la tortura del Gigante

Que se agita en el lecho de Procusto !

 

Entre sus labios las palabras vagan

Y por hacerse oir con fuerza luchan

Del pasado son voces que se apagan!

Del porvenir son voces que se escuchan !

 

«Yo quise del error rasgar el velo,

Y se me arroja en lóbregas prisiones !

Busqué la ciencia en mi incansable anhelo:

¡Cadenas encontré por galardones !

 

No me arredra la muerte ! Es un tormento

Vivir do alumbran á Jesús con teas,

Donde es atroz delito el pensamiento

Y castiga el cadalso las ideas.

 

Ya la fe en mi camino no me guía

Y con la duda mi razón tropieza;

Se va el bálsamo y queda la agonía!

Se va el consuelo y queda la tristeza!

 

Mas voy en pos de la celeste lumbre,

Y la sombra del viaje no me espanta.

Al escalar la bendecida cumbre

Encadenado, más mi pie adelanta!

 

¿ Quién encadena la razón ? ¿ qué mano

Corta del pensamiento el raudo vuelo?

¡Mandad callar al férvido oceano !

¡ Mandad parar los astros en el cielo!

 

¿ Piensan que de la víctima el lamento

Puede apagar de la razón el grito?

Aquél, humano, piérdese en el viento;

Éste, divino, vuela al infinito!

 

Porque busco la ciencia se me veja,

Y me arrojan de cieno entre una charca,

Mi frente, que virtud sólo refleja,

Manchan también con la oprobiosa marca.

 

Mas pronto el hombre se alzará potente,

Y la razón sacudirá su yugo,

Y levantando la radiosa frente

Pedirá estrecha cuenta á su verdugo.

 

Mártir seré del pensamiento humano;

Doy mi nombre á la historia justiciera.

La apostasía me pedís en vano !

La hoguera es galardón! Venga la hoguera ! »

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