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BELISARIO PEÑA V.
 

 

EN EL TEMPLO.-LA VISION.-EL TIEMPO.
 

 

EN EL TEMPLO.

LA campana vibraba tristemente

Y en los aires su acento se perdía;

Del órgano las notas lastimeras,

Cual los ayes del alma dolorida,

Por las naves oscuras se extraviaban

Y con los cantos del altar se unían,

Y formaban concierto que purísimo,

Veloz se alzaba á la mansión divina.

 

Allí me hallaba como todos triste,

Presa el alma de atroz melancolía,

Buscando fe para seguir la lucha,

Buscando fe para vivir la vida.

Vida triste en verdad, en que encontramos

Siempre oculta en las flores una espina,

La prenda que hoy nos hace venturosos

Mañana lloraremos ya perdida,

Todo placer que con afán buscamos

Al fin para nosotros es acíbar

Y por final lo hallamos reducido

Todo á un puñado de cenizas frías.

En esta lucha el pensamiento vaga

Como la nave con furor batida

Por corrientes opuestas, que la alejan

Implacables del faro de la orilla.

 

Y en medio de las penas y las dudas

Que incesantes mi espíritu abatían,

Cuando miraba por doquier tinieblas

Que el porvenir velaban á mi vista,

Tus ojos. cual luceros de esperanza

Que entre las brumas de la noche oscilan

Y un lugar le descubren al viajero

Que descanso le ofrece á sus fatigas,

De mi mente rasgaron las tinieblas

Con los fulgores de su luz divina,

Divina luz que me mostró á lo lejos

Otra existencia de perenne dicha.

Allí este rudo batallar continuo

 

Que el pensamiento con la duda libra,

Traspasado el umbral del infinito

Al resplandor de la verdad termina.

 

Cuando elevabas tu oración sincera

Y conmovida al cielo le pedías

Descanso para el alma apesarada,

Consuelo para el pobre que suspira;

Y una lágrima dulce de ternura

Humedeció tu virginal mejilla;

Con fe tánta tus ojos levantabas,

Tál esperanza en tu mirada había,

Que renació en mi pecho la esperanza

Y mi fe revivió de sus cenizas !

Y hoy de la vida en la constante lucha

Siento algo poderoso que me anima !

 

¡ Angel de paz, promesa de ventura !

¡ Nuncio celeste de la eterna dicha !

Sostén mi fe, si débil desfallece,

Y mi senda de abrojos, ilumina

Anime siempre el fuego de tus ojos

 

De mis ojos la lumbre que agoniza !

Y siempre unidos, como cuerpo y sombra,

Crucemos las tormentas de la vida!

  

LA VISION. 

ME dijo la Visión: « Enjuga el llanto,

Olvida tu pesar, cesen tus quejas,

Nos vamos á volar á otras regiones,

Dejando las tinieblas.

La soledad te mata, vives triste,

Algo buscas, tus cantos lo revelan,

Pero alégrate ya, que yo te puedo

Dar la dicha que buscas, ven por ella !

 

Yo llevaré tu lira entre mis brazos,

Y sacarás de sus sonoras cuerdas

Dulces notas de amor que yo te inspire,

No los cantos que inspira la tristeza.

¡Qué gratas horas pasaremos juntos!

Pero huyamos veloces de la tierra:

¡ Para quien tiene el corazón tan grande

Es demasiado estrecha ! »

 

Era dulce su voz, divino el rostro,

Y la mirada límpida y serena;

Las manos hacia mí tendió amorosa

Con sonrisa hechicera.

Presuroso enjugué mis turbios ojos

Y entusiasmado me lancé hacia ella.

Las manos extendí...y hallé la nada!

Miré la inmensidad... la hallé desierta!

 

EL TIEMPO. 

EN la tumba quedó...muy pocos fueron

A su tumba á dejarlo;

Pronto cubrió de tierra sus despojos

Indiferente mano.

 

Después sobre la fosa los amigos

Una hiedra sembraron,

Y una inscripción de tierna despedida

Pusieron en su mármol.

 

Y pasó el tiempo... ¡ A la olvidada tumba

Ninguno ha vuelto á dirigir el paso!

Las ramas de la hiedra

Sombrías cubren el desierto campo...

 

La imagen del que fué, de cada mente

El olvido ha arrancado...

¡ Hasta del mármol la inscripción sencilla

Borró del tiempo la implacable mano!

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