Señor Ricardo Carrasquilla.
El chocolate.
(Fragmento de en poema épico.)
Cantó con renca voz el ciego Homero
Del aturdido Aquiles la venganza;
Y siendo un viejo chocho y majadero,
Júzgalo el pueblo digno de alabanza;
Un asunto mas noble yo prefiero
Donde no habrá ni guerra, ni matanza,
Ni una sola tormenta, ni un combate:
Quiero cantar el dulce chocolate.
En los jardines del Edén habría
De chocolate bienhechora fuente,
Que, salpicando espuma, correría
De queso en hondo cauce blandamente;
Y despidiendo aroma, arrastraría
Impetuosa la rápida corriente,
Entre arenas de blando bizcochuelo,
Los descuajados troncos del canelo.
El blando ruido de amoroso viento
Que sopla de un jardín entre las flores;
Del trovador el armonioso acento;
|El dulce lamentar de los
|pastores;
De la paloma el fúnebre lamento;
El cantar de los pardos ruiseñores,
No al son igualan plácido y sencillo
Del raudo y rumoroso molinillo.
Por vida! ....Me olvidaba de una cosa
De las mas importantes y esenciales:
Falta la invocación. ¡Celeste diosa,
Que habitas los extensos cacaotales!
Haz que mi voz resuene poder esa
Y arrebate a los míseros mortales,
No al clangor de la homérica trompeta
Sino al robusto son de hirviente olleta!
Cuando en la noche el huracán rabioso
Brama, y rimbomba con fragor el trueno;
Brilla el rayo y el hombre temeroso
Tiembla en su lecho de pavura lleno;
Si por calmar su miedo congojoso,
Sorbe caliente chocolate y bueno,
Tocando el sueño su abatida frente.
Tranquilo ronca y duerme grandemente.
Cuando es fuerza posar la noche en vela
Al lado del amigo moribundo;
Cuando la llama de chispeante vela
Interrumpe el silencio asaz profundo;
Nuestro amargo dolor nada consuela
Sobre la faz del anchuroso mundo,
Como escuchar el ruido con que bate
La cocinera el dulce chocolate.
¿Quién, aunque tenga larga parentela,
Podrá contar tan nobles apellidos?
|De azúcar,
|de vainilla,
|de canela,
Con otros mil no menos conocidos,
Tales como
|de harina y
|de panela,
Por el
|de que precede distinguidos;
Mas no es el
|de que usurpan los villanos
Por parecer ilustres ciudadanos.
Cuando a la voz de Juno prepotente,
Abandonando las etéreas salas,
Del Tequendama en la terrible frente,
Iris extiende sus brillantes alas;
Cuando el Pavon sagrado de repente
Despliega altivo sus preciosas galas;
No ostentan tan magníficos colores
Como en su espuma el rey de los licores.
A esos cobardes que con férreas manos
Quieren esclavizar el mundo todo,
El mundo vil los llama soberanos,
Mientras que vuelven de la tierra al lodo;
Mas solo aquel que los preciosos granos
Enseñe a preparar de mejor modo
Merecerá que el pueblo independiente
Le doble humilde la orgullosa frente.
"Tú, genio de los genios sin segundo"
"Que, alzando hasta el Olimpo tu cabeza,"
"Pedestal de tu estatua hiciste un mundo,"
"Un mundo virgen de inmortal belleza,"
Gracias a que la caña y el fecundo
Grano sembrara en él naturaleza;
Porque si el oro vil no mas pusiera,
Grande cual tu esplendor tu infamia fuera.
Estas que escribo, intrépidas y bravas,
No, ilusos, las llaméis octavas reales,
Sencillamente las llamad octavas,
O, si os parece, octavas nacionales;
Que no ya de las reglas son esclavas,
Sino que son libérrimas, iguales;
Ni son el monopolio del talento,
Pues ya rebuzna octavas un jumento.