INDICE





PROLOGO

Señora Silveria Espinosa
Biografía
Al pie de los altares
Al primogénito de una amiga
El canto del Agareno
Des bas et des vers
Meditación
Una corona y unas flores

Señor Julio Arboleda
Biografía
Me voy
Dios y la virtud
El jinete

Señor Gregorio Gutiérrez González
Biografía
A julia
En un álbum
Al diablo
En el álbum de la Señorita I. B.
¿Por qué no canto?
En el álbum de la señorita P.G.

Señor Santiago Pérez
Biografía
La noche en el mar
Atila
A Virjinia
Los días de Dolores
Fragmento de la Leonor

Señor Manuel Pombo
Biografía
¡Allí va!
Una sonrisa

Señor Mario Valenzuela
Biografía
El Llanero
Triunfaste
Recuerdo
Desengaño

Señor Joaquín Pablo Posada
Biografía
A Julia
A Rosina
A Pablo
La impertinencia, drama en abreviatura
Al señor José Manuel Marroquín

Señor José Manuel Marroquín
Biografía
Al Señor Joaquín Pablo Posada
Los cazadores y la perilla
Tu nombre
El cerdo y el gorrión
Epígrama
En un álbum
Diálogo Monosilábico
La vida del campo

Señor Lorenzo María Lleras
Biografía
Elisa
La lagrima del soldado
Origen de la lengua castellana

Señor Domingo Díaz Granados
Biografía
Tiempo que fue
El árbol del recuerdo

Señor Felipe Pérez
Biografía
En el álbum de la Señora Dolores Moure
A mi Hija
Soconsuca

Señor Juan Francisco Ortiz
Biografía
La cruz de mayo
La bandola

Señor Benjamín Pereira Gamba
Biografía
El toque de oraciones
Epigrama

Señor Andrés María Marroquín
Biografía
El chocolate
A la muerte De La Señora Teresa Villa
En la tumba de Lorenzo de Villagarcía
A los héroes muertos en la batalla del santuario de Bogotá
Al señor Fernando Vergara
Epigrama

Señor Manuel María Madiedo
Biografía
A Barbaba
Al Magdalena
El perro

Señor José Caicedo Rojas
Biografía
El duende en un convento
La Fuente de Torca
La mirla blanca

Señor José Joaquín Ortiz
Biografía
El Tequendama
Al Señor Francisco Javier Caro
A Tunja, desde el alto de Soracá

Señor Rafael Pombo
Biografía
La casa del cura
Tu confesión
La extranjera
La estatua de colon
Ayer y hoy
En el álbum de la señorita María Josefa Argáez

Señor Ricardo Carrasquilla
Biografía
Lo que puede la edición
Un sabio
El chocolate
Los soldados de Colombia
Suerte de mis versos

Señor José Fernández Madrid
Biografía
El lorito de Laura
Mi bañadera

Señor Luis Vargas Tejada
Biografía
Al anochecer
En la muerte de miralla
Mi asilo

Señor José Eusebio Caro
Biografía
Mi juventud
Después de veinte años
El pobre
Ceniza y llama
Al Chimborazo
Buenas noches
El hacha del proscrito
El valse
El Y Yo
El serafín y la mujer
Mi lira
Una lágrima de felicidad
Señor Julio Arboleda.
 

 

Me voy!
 

Composición escrita por  la noche, el 27 de julio de 1852, después de presenciar durante algunos instantes el baile

Dado por el whist- club en la ciudad de lima.

 

I.

   Me voy de las playas alegres, suaves

Do el Rímac corriendo tranquilo murmulla,

Do el céfiro alienta, la tórtola arrulla,

Do nunca ha apagado sus rayos el sol;

Do anuncian la aurora con trinos las aves,

Y en cantos acordes al alba saludan,

Do nunca los hielos al árbol desnudan,

Do nunca del cielo faltó el arrebol:

   Me voy de las playas que el aura acaricia

Besando las flores que crecen en ellas;

Do el céfiro borra las tímidas huellas,

Que deja en la arena la esbelta mujer.

Se quedan los campos do amor y delicia

Respiran los aires y el labio respira,

Do en plácidos sueños el joven suspira,

Mecido en los brazos del blando placer.

    Se queda la tierra que Marte aborrece,

Y evita los ecos de trompas marciales,

Do el bárbaro ruido de roncos metales

No arranca, tronando, sus gritos de horror.

Me voy de las playas do blando se mece

El cándido lirio al soplo del viento;

Adiós, gaya Lima! do no hay un acento

Que no nos inspire deleite y amor!

 

II. 

    Me voy y nada dejo, ni un suspiro;

Nadie dará una lágrima a mi ausencia;

Para mi no ha existido ni la esencia

Plácida de los árboles aquí.

He estado en un Edén, testigo he sido

De los placeres que ese Edén brindaba,

Mas cuando yo sus árboles buscaba,

Ni la sombra era fresca para mí.

   Oyendo estoy el melodioso acento,

Que para otros oídos se destina,

Pero ese acento, que al deleite inclina,

Viene tan solo a herir mi corazón:

Viendo estoy las miradas y las risas

Dulce y afablemente contestadas,

Pero esas risas ¡ ay! esas miradas

Son para otros, para mi no son.

       En mi redor la música se anima,

Y, al grato son, en mi redor se danza,

En mi redor se enciende la esperanza,

En mi redor se mueve la mujer;

Y su forma de sílfida, que vuela

Por el salón, en brazos de su amante,

Y su rostro de júbilo radiante,

Y sus ojos de fuego y de placer;

    Música, baile, amor, deleite, -nada

Le pertenece al infeliz proscrito,

Que vive, como Tántalo maldito,

Viendo la dicha ahogada en el dolor:

Ni vibra para él acento amigo,

Ni se perfuma para él la brisa,

Ni brilla para él la dulce risa

De amistad, o de lástima, o de amor.

     Mira el proscrito hacía el jardín vedado

Como pudo, lanzado de improviso,

Mirar, desde la puerta, al Paraíso

El desterrado, el infeliz Adán.

Luego si piensa en el hogar nativo,

Y se trasporta a playas apartadas

Mira la Patria, y a su amor cerradas

Ve que sus puertas para siempre están!

 

III. 

    En la turba que esa sala

Llena sonriendo, amando,

Y conversando, y burlando,

Do todos contentos van,

Aquel suspiro, que exhala

De la boca coralina

La bella, que el cuello inclina

Sobre el alegre galán;

    La dulce risa, el acento

De placer y de alegría,

Y la blanda melodía

Que hace los aires vibrar,

Todo aquello que contento,

Deleite y amor inspira,

No consuela al que suspira

Por su patria y por su hogar:

    El no es ave de este  nido,

Ni oveja de este rebaño;

Para todos es extraño,

De todas desconocido:

En el lujoso salón

Ve mujeres tiernas, bellas,

Mas, para él, no hay en ellas

Oídos ni corazón.

    Si hacia el labio del proscrito

Un abogado acento vuela,

El corazón se rebela,

Y aquel acento bendito     

Sobre su labio se hiela:

    Se hiela, como la gota

Que el frío torna en cristal

Cuando entre la escarcha brota,

Ante el oyente glacial;

Cuya indiferencia nota.

    ¿ Quién va a atender al ingrato

Son del dolor que se queja,

Abandonando el boato

Y el dulce y alegre trato

Donde el amor se refleja?

     ¿ Quién ha de apartar los ojos

De tanta riqueza y gala,

Por atender, en la sala,

Al que oculto entre sonrojos,

Su queja tímida exhala?

      Por el pesar carcomido,

Solo entre la muchedumbre,

Mudo en medio del ruido,

Está el proscrito escondido,

Y a oscuras entre la lumbre.

 

IV. 

    Tal vez en selva espléndida, en medio de los robles

Que cubren con sus sombras la tierra en derredor,

Inclina al suelo lánguida sus hojas casi inmobles

Una enfermiza, pálida, desconocida flor.

    Y los alegres árboles, que juegan con el viento,

Y cuyas ramas crujen al son del huracán,

Reparten sus despojos, y al ímpetu violento

Ahogando con sus hojas la florecilla van;

   Y mientras que, en el júbilo, el aire se alborota,

Y suena por las ramas su acento silbador,

Al pié del tronco yace, oculta, helada, ignota,

Y muda entre el estrépito, la solitaria flor;

    Así entre la magnífica comparsa que se mueve,

Y empújame, y ahógame, y oblígame a quejar,

No hay uno que hacía abajo la alegre vista lleve,

No hay uno que, por lástima, me venga a saludar.

Y oculto y melancólico, entre el común contento,

No salgo de la esfera donde penando estoy,

Y, lejos de mi patria, engaño mi tormento,

Diciendo: a quién le importa? de vuestro Edén me voy.

     Y si hay una entre tantas, cuyos azules ojos

Hacia el proscrito errante se vuelvan por ventura,

Los ojos del proscrito evitan su hermosura

Y elévanse hacia el cielo en busca de su Dios;

Que la mujer, sus risas, sus tímidos sonrojos,

No encuentran en el pecho, para el deleite muerto,

Sino la arena estéril de un árido desierto,

Do apenas queda un eco para decir: ADIOS!

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