Señor Rafael Pombo.
La estatua de colon.
No era un hombre, era un Dios el que, a despecho
De las tinieblas del error profundo,
Juego y escarnio de los hombres hecho,
Y armado de una idea contra un mundo,
Dijo a ese mundo, altivo y satisfecho:
"Yo, solo yo, vuestro saber confundo,
Yo en mi pobre locura os desafío
Con otro mundo inmenso, y nuevo, y MÍO!"
No era un hombre, era un Dios el que, vagando
De nación en nación, de trono en trono,
Emulos miserables encontrando
Do hallar pensara liberal patrono,
Iba, bañado en lágrimas, rogando
Mas tenaz cada instante en su abandono.
Que vieran lo que ver solo él podía,
Que tuvieran la fe con que él creía.
No era un hombre, era un Dios el que, agitado
Del rapto omnipotente del Profeta,
Sin más luz que la luz del inspirado,
Y una alma audaz de abnegación repleta;
Viendo todo en su pérdida obstinado,
Y osando todo, fabuloso atleta!
Lanzóse, en pos de un ignorado mundo,
A un ignorado mar, sordo y profundo.
Ay! dónde irá? quién ve, quién encamina,
Ese feble batel, solo y proscrito,
Que va, cual descarriada golondrina,
Perdido en el azul del infinito?
Parece una alma triste y peregrina
A quien empuja el dedo del delito...
No! dejad! no temáis: COLÓN va en ella:
Medir la inmensidad! he allí su estrella.
En vano ruge el huracán, y en vano
La rabiosa borrasca se rebela,
Y sacúdese hambriento el Océano
Bajo la pobre y frágil carabela;
Y cual si Dios negárale la mano,
Huye la luz y la esperanza vuela,
Y a un grito de despecho y de venganza
Contra COLON la turba se abalanza.
Vedlo! cruza los brazos y sereno
Cielo y piélago y hombres desafía;
Vibra el ojo imperial, y el noble seno
Abre al furor de la canalla impía;
Pero esta vuelve atrás; y al son del trueno
Y al recio azote de la mar bravía,
Todo parece que a COLON ostenta
Rey del peligro, Dios de la tormenta!
Mas... .pasó la ovación: la mar furiosa,
Cual de asombro y cansancio se adormece;
Sopla próspero el viento, y generosa,
Rauda la carabela le obedece;
La quebrantada multitud reposa
Y ya la virgen Alba se estremece
Mientras con ojo de águila altanera
COLON, siempre de pié, mira...¡espera!
Hubo luz... ¡hubo tierra! ¡Tierra! exclama
De súbito una voz; y en el momento
Tierra! de popa a proa se proclama
En himno de frenético contento;
Tierra! es el grito unísono que inflama
La multitud en loco arrobamiento,
Y a los pies de COLON lanzase y llora,
Y, Dios imaginándole, le adora!
Pero él no ve, no escucha : entrambas manos
En humilde oblación levanta al cielo,
Vertiendo de sus ojos soberanos
Llanto de gratitud y de consuelo.
Vio y midió su mirar dos océanos;
Abrazó el mundo y lo encontró gemelo;
Y, creador como Dios, de su delirio
Brotó su creación... y su martirio.
Su martirio!...Tal fue la recompensa
Que alcanzó al fin, cual Redentor de un mundo,
Al conquistarlo con audacia inmensa
Para la Cruz que en él plantó fecundo;
Era para los hombres alta ofensa
Su excelsa fe, era adivinar profundo,
Y, para hacer mas grande su victoria,
Santificaron con su cruz su gloria.
Mas, ay! si, indigno de Isabel primera,
Tan mal el español te galardona,
Cual tu irritada sombra álzase fiera
COLOMBIA, hercúlea, espléndida Amazona;
Y en tu nombre es el triunfo su bandera,
Y en tu nombre magnánima perdona;
Y en tu nombre la fábula realiza,
Y así segunda vez te inmortaliza.
Y hoy, en ese aderezo esplendoroso,
De perlas y coral, que entrelazaron
Dos mares en el cuello primoroso
De tu indiana gentil; do celebraron
Las bodas que al fortísimo coloso
Y a la Virgen del mundo prepararon,
Hoy van tus hijos, a la par dolientes,
A dar honra a tu imagen reverentes.
Allí, do al sello de tu augusta planta
Uniéronse dos cuartos de la tierra;
Donde lloraste con angustia santa
La iniquidad que la ambición encierra:
Allí el ángel serás que armado espanta
Al que nos traiga servidumbre y guerra;
Guardián del Paraíso que tú mismo
Con tu brazo arrancaste del abismo.
Alzate allí para que al mundo veas
En incesantes, hirviente torbellino,
De amor y admiración ricas preseas
Detenerse a ofrendarte en su camino.
Allí con mano justa balanceas
De tus dos continentes el destino;
Y oyes, en cada ola, a cada instante,
Dos mares saludándote Gigante!..
Pero qué! ¿ No te basta el monumento
Que te fundó Dios mismo cuando el trazo
Hizo de la creación? Al firmamento
Amenaza en el regio Chimborazo;
Mide la tierra su estupendo asiento,
Y la equilibra su estupendo brazo!
Tú, genio de los genios, sin segundo,
Pedestal de tu estatua hiciste un mundo!