Señor José Joaquín Ortiz.
Al Señor Francisco Javier Caro.
I.
Vuelve tras una noche tormentosa
El cielo a esclarecer la luz divina,
Y en el alar de la pajiza choza
Vuelve a triscar la errante golondrina;
Y a alfombrarse de flores torna el prado,
Después del polvoroso y seco estío,
Y a sonar con acento regalado,
Deshecho en perlas, nuestro patrio río.
Si el alma del poeta no envejece,
Y hay en la lira un mundo de armonías,
¡Vuelve a cantar en tanto que anochece,
Vuelve a vivir en los antiguos días!
II.
Tú lo recordarás, aunque pasaron
De entonces tantos años enemigos,
Cuando nuestras dos almas se encontraron,
Se amaron, y los dos fuimos amigos;
Cuando al salir de la niñez, apenas,
Como un Edén se nos mostraba el mundo,
Y las horas volaban de paz llenas,
Y era en ventura el porvenir fecundo.
Si el alma del poeta no envejece,
Recuerda de esa edad las alegrías,
¡Vuelve a cantar en tanto que anochece,
Vuelve a vivir en los antiguos días!
III.
Nunca olvida el turpial de nuestros montes,
Ni prisionero, su meloso canto,
Y llena los remotos horizontes
Con la plácida voz de su quebranto.
¿Y tú, poeta, desterrado al suelo,
Renegarías de tu noble raza,
Cuando tu mente de la luz del cielo
Formada fue, que el universo abrasa?
Si el alma del poeta no envejece,
Y hay en la lira un mundo de armonías,
¡Vuelve a cantar en tanto que anochece,
Vuelve a vivir en los antiguos días!
IV.
No es todo mal en la existencia humana,
Ni es solo el llanto del mortal la herencia,
Que regocija el orbe en la mañana
Tras la tormenta el sol con su presencia;
Y queda al fin de la ilusión perdida,
Como puerto del náufrago del mundo,
El dulce hogar, consuelo de la vida,
Con su amistad y con su amor profundo.
Si el alma del poeta no envejece,
Y hay en la lira un mundo de armonías,
¡ Vuelve a cantar en tanto que anochece,
Vuelve a vivir en los antiguos días!
V.
Ya muere el día: el sol resplandeciente
En mar de oro y fuego tambalea,
Mientras que de la noche en el oriente
El primer astro trémulo chispea.
El corvo firmamento en rósea tinta
Báñase al punto; y es el aire suave,
Dulce la luz, y se oye mas distinta
La voz del eco, bosque, fuente y ave.
Si el alma del poeta no envejece,
Y hay en la lira un mundo de armonías,
¡Vuelve a cantar en tanto que anochece,
Vuelve a vivir en los antiguos días!