Señor José Caicedo Rojas.
La Fuente de Torca.
Fuente undosa y cristalina
Que por las rocas murmuras,
Buscando a tus aguas puras
Entre la arena vecina
Blando lecho,
A dónde vas tan derecho?
¿ Cuál será, di, tu destino
Cuando concluya el camino
De musgo, grama y helecho
Donde ahora
Bulles alegre y sonora?
¡Cuántos hondos precipicios
Recibirán tu corriente
Convertida ya en espuma
Tan blanca como la pluma
De la paloma inocente!
¡Cuántas simas
Cercadas de ásperos troncos
En ecos fúnebres, roncos
Convertirán tu murmullo!
No besarás ya el capullo
De las flores,
Ni sus vívidos colores
Retratarás en tu seno
Turbio y lleno
De inmunda y vil hojarasca.
Tus ondas, antes tranquilas,
Se estrellarán en las peñas,
O escondidas en las breñas,
En vez de rosas y lilas
Solo abrojos,
Solo marchitos despojos
Hallarán por donde quiera.
La pradera
Con su color de esmeralda,
De las colinas la falda,
El soto espeso y umbrío
Que en los calores de estío
Dulce sombra
Esparce sobre la alfombra;
Todo, todo,
Hasta la arena, hasta el lodo
Do naciste;
Hasta la tímida yedra
Que corona la ancha piedra
Y el rugoso tronco viste,
Para ti se acabará.
¿Dónde irá
Tu corriente bulliciosa,
Entre arrayanes nacida
Y sobre cama musgosa
Blandamente remecida?
Con la corriente medrosa
Del Funza, en íntimo abrazo
Recorrerá perezosa
La llanura,
Que ostentando su hermosura
Mar en bonanza parece;
Como la cándida niña
Que viaja con el esposo
Débil, enfermo, achacoso,
Y le sigue por doquiera
Y si naufraga, perece.
Más antes que el sol se oculte
Sobre la nevada cima
Del Tolíma,
Su aterradora garganta
Abrirá el abismo horrendo
Que te espera,
Y entre el rugido que espanta
Y entre el fragoroso estruendo,
Preciso será que muera
Tu despedida postrera.
Y viajarás por el mundo
Aumentando otros raudales,
Por montañas y arenales
Hasta que en el mar profundo
Encuentres tu sepultura.
Desventura
Allí tan solo te aguarda
Y agitación y tormento:
Combatido por el viento
Que en sus negros antros guarda
Se levanta el mar bravío,
Y hasta el cielo,
Cual otro Titán impío,
Llevar pretende su vuelo.
Ya descubre sus entrañas
Insaciables,
O ya sus ondas variables
En espumosas montañas
Atropella,
Formando líquida pella
Sobre su pérfido lomo;
Y brama y muje violento
Como tigre enfurecido
Que busca la presa hambriento.
Cuando el huracán lo bate,
Ya se abate,
O ya enroscado se sube
A provocar la alta nube
Que sobre él furiosa estalla:
¡Cruel batalla,
Terrible, espantoso duelo
Entro la tierra y el cielo!
¡TORCA humilde, quién creyera,
Al ver tu raudal modesto,
Que tan presto
Ese tu destino fuera!
¡Cuántas veces yo sentado
Sobre tus frescas orillas
Contemplé las piedrecillas
Agrupadas en tu fondo
Que yo juzgaba tan hondo
Cuando, niño todavía,
Inocente repetía:
TORCA es esta!
¡ Cuántas veces en la siesta,
Tu murmullo
Cual arrullo
Maternal, o cual beleño
A mis ojos blando sueño
Regalaba!
¡Y cuántas en el regazo
De la que tierno adoraba
Reclinado contemplaba
Correr tus nítidas ondas
Y en ellas sus trenzas blondas
Retratadas!
Deleitábame en seguir
Tus giros y tus rodeos,
Imagen de mis deseos
Y de mis ansias calladas.
Tus aguas bebí mil veces
De rodillas,
Y refresqué mis mejillas
Y mi frente
Que tostaba el sol ardiente;
Jamás pisé tus arenas
Sin saludarte amoroso:
Jamás tu raudal undoso
Dejó de calmar mis penas
Al mirarte
Y al escuchar tu armonía.
Cuando al norte dirigía
Mis pisadas el destino,
Siempre te hallé en mi camino
Corriendo al pié de la peña,
Tan risueña
Como la inocente niña
Que corre en la selva umbrosa
Tras pintada mariposa.
El céfiro embalsamado
Que tu margen acaricia
Llenó siempre de delicia
Mi corazón angustiado.
Tan solo, TORCA, con verte
Ah! tan bella
Me parece distinguir
Allá a lo lejos la estrella
De un dichoso porvenir;
Un rayo sí, de esperanza,
De dicha y de bienandanza
De otro mejor existir.
Imagen fiel de mi vida,
Fuente clara y apacible,
Oh! si me fuera posible,
Junto a tu corriente pura,
En la maleza escondida
Cavara mi sepultura!