Señor Manuel Maria Madiedo.
El perro.
¡Oh tu, animal generoso
Del hombre fiel compañero;
Que ni desprecias al pobre
Ni adulas al opulento!
Ojalá que el hombre ingrato
Siguiera tu noble ejemplo,
De su dignidad primera
Reconquistando el imperio.
¿De qué sirve a los humanos
De su inteligencia el vuelo,
Y ser la imagen divina
Del gran padre de los tiempos?
¿ De qué sirve... si encorvados
De la maldad bajo el peso,
Del rico las plantas besan,
Y al pobre miran con ceño;
Y mientras sus labios forman
Los votos mas lisonjeros,
Sus corazones conciben
Los mas indignos proyectos?
Una lengua, una palabra,
Hubiérate dado el cielo,
Que entonces hallara en el mundo
Yo un amigo verdadero:
Un amigo fiel, sensible,
Digno de todo mi afecto,
Que soñar me permitiera
Con otro mundo mas bello.
Del cazador a la trompa
Bajo las alas del viento,
Salvas cerros y llanuras
Tras del azorado ciervo.
Y aquí, volando en las rocas,
Allá de un bosque en el centro,
Al fin, sobre un ancho río
Luces destreza y esfuerzo,
Y en la opuesta orilla entregas
La presa a tu alegre dueño.
¡Cuántas veces en las selvas
El solitario viajero,
A quien el cansancio rinde
En un soporoso sueño,
Sin tu vigilante aviso
De tigres fuera el sustento!
Tu te lanzas a las olas;
Luchas con el mar inmenso,
Sin pensar en recompensas,
Sin calcular en los riesgos;
Y en medio de las tinieblas
Que surca el rayo tremendo,
Distingues lejano bulto
Y a él te avanzas con denuedo:
Ni el huracán, ni las ondas,
Ni el fragor de roncos truenos,
Pueden detener tu marcha,
Ni desalentar tu esfuerzo.
Cual delfín las olas surcas
De tu amo al convulso eco,
Que ya fatigado, apenas
Para morir tiene alientos.
Llegas, y alegre y brioso
Lo levantas por el cuello,
Lo llevas sobre las olas,
Luchas con noble suceso,
Mientras de propicia barca
Se escucha el compás del remo.
Tú del peregrino guías,
Los pasos en el desierto,
Y su soledad encantas
Al brillo de los luceros.
En su errante y pobre vida,
Sin envidiar amo regio,
De puerta en puerta acompañas
Al octogenario ciego;
Y al cabo junto a su tumba
Donde oscura mano ha puesto
Nudados con un bejuco
En forma de cruz, dos leños;
Se te ve a la triste hora
En que el sol deja los cielos,
Sobre su helada cabeza
Lanzar un trémulo acento…