Señor Andrés Maria Marroquín.
En la tumba de Lorenzo de Villagarcía, Capuchino.
No fue esta pobre tumba destinada
A humillar la altivez y orgullo vano,
Ni la ola erguida del poder humano
Contra este polvo se abatió estrellada.
Entre su seno está depositada
La semilla de aquel precioso grano,
Que en él muriendo nacerá lozano
A producir cosecha cien doblada.
De Lorenzo esta tierra no es temida:
Humilde, pobre, de virtud modelo,
No huye en la muerte lo que amo en la vida.
Su alma peregrinando en este suelo
Con Cristo estuvo muerta y escondida,
Y ahora con Cristo vivirá en el cielo.