Señor Juan Francisco Ortiz
La cruz de mayo.
La mas graciosa niña de la aldea,
La virgen de los campos, coronada
De espigas y de rosas, llega alegre
Entre música, vivas y algazara
Al sitio donde extiende la ancha copa,
Difundiendo su sombra hospitalaria,
El árbol que sembraron sus abuelos
Junto a la era del trigo... Qué bizarra!
Qué hermosos son sus pasos! ¡Bienvenida
Sea la niña que esta turba aguarda!
En el barbecho, entre los negros surcos
Qué humedecieron del abril las aguas,
Cerca del bosque donde implumes chillan,
En su nido que cuelga de las ramas,
Los hijos de la alondra, la doncella
Una florida cruz tímida planta:
Cruz que bendicen en alegres coros
Bailando los pastores y zagalas;
Cruz formada de mirtos y de rosas,
Que se eleva graciosa y solitaria
A la margen de arroyo cristalino,
Y a la vista de altísimas montañas;
Cruz que saluda el peregrino errante,
Siguiendo silencioso su jornada,
Viendo en sus brazos la ave del desierto
Que alisa y pule sus lustrosas alas.
Qué olor tan grato viene de las selvas!
¡Cómo cuelgan pomposas las guirnaldas
Sobre los viejos carcomidos troncos!
Oh! cuál las mecen las volubles auras!
Aquí descuella la fragante rosa
Reina del bosque entre tupidas ramas;
Allá la verde yedra y los jazmines
Se miran retratados en las aguas;
El buey aquí descansa perezoso,
Y mas allá las ovejuelas mansas
Las flores del tomillo van pastando
Cerca del río. ¡Hermosa y animada
Rústica escena, que a la par cautiva
Los ojos de la carne y los del alma!
Sí! que el alma, en su vuelo, se remonta
De la historia a las fuentes; y con rauda,
Con intensa mirada, los sucesos
Recorre por los siglos, y se espacia
Do el hombre no ha llegado, si atrevida
Une vez tiende sus inmensas alas.
La cruz era un patíbulo afrentoso
En los tiempos de César: la preclara
Sangre de un Dios ennobleció el madero,
Por la salud del mundo derramada,
Cuando JESÚS, triunfando del infierno,
Las sombras de la muerte disipaba.
Y se cumplía de la ley el texto,
Y lo que los profetas anunciaran:
Entonces las coronas de los reyes
Se honraron con la cruz, y en las mas altas
Torres del Capitolio ya cristiano,
El Lábaro triunfante tremolaba.
Colón, mas tarde, atravesó los mares;
Buscaba un Mundo, y lo encontró...En sus playas
Fija una cruz, y al Salvador invoca
Dándole humildes, expresivas gracias.
Siempre una cruz, cual signo de victoria,
Siempre una cruz, cual vencedora palma,
Veo en las manos del guerrero invicto,
O del mártir sublime que derrama
La sangre por su ley. Siempre ese signo
De fe, de caridad y de esperanza,
Que los cielos, la tierra y el abismo
De pasmo llenos con temor acatan.
Las naciones con él se civilizan,
Prósperas crecen y la paz afianzan;
Por esa cruz el hombre se emancipa;
En altas voces Libertad proclama
Del norte al sur, y del oriente a ocaso;
La faz del mundo se renueva; y alza
El linaje de Adán la altiva frente
Que el lodo de la culpa deslustraba:
Y después del naufragio de la vida,
Oh de los hombres ceguedad extraña!
Solo una cruz, en apartado campo,
Del que ha pasado el término señala,
Cual de la nave el roto mastelero
Que encima de las ondas sobrenada.
Tales ideas a mi mente trae
Esa mística CRUZ DE MAYO, alzada
En mitad de los campos. Ah! ¡ felice,
Tres veces venturoso quien en su alma
Le lleva impresa, y solo se gloría
En ella, y mira el fausto y la mundana
Pompa del siglo, como el polvo leve
Que alza de la era el viento con sus alas!