Señora Silveria Espinosa
Meditación.
Al señor Ricardo Carrasquilla
I.
¡ Eres grande, oh mi Dios! cuando tu mano Arroja sobre el mundo
una saëta,
Cuando mueves los labios del profeta
Para anunciar castigo y destrucción;
Y cuando muje prolongado trueno
Y cruzan las centellas el espacio,
Cambiadas ya las nubes de topacio
En negro amenazante pabellón !
¡ Y cuando alzas del mar las negras olas
En furioso y oscuro torbellino,
Y se mezclan los ecos del marino
Con la tremenda voz del Leviatán;
Y cuando el barco cruje a cada instante,
Y se postra temblando el pasajero,
Y el mísero saber del naüclero
Se aniquila al furor del huracán!
¡ Eres grande, Señor, cuando la tierra
A tu voz se estremece conturbada,
Y desquicia, convulsa y agitada,
Los palacios que, el hombre levantó!
Y cuando enciendes una mina oculta
Con la mano quizá de un triste ciego;
Y en un instante solo, en polvo y fuego
Se cambia cuanto el hombre fabricó!
¿ Qué son ante tus ojos esos reyes
Que a la muerte conducen sus legiones?
¿ Qué son en tu presencia las naciones
Que a las naciones mueven cruda lid?
¿ Qué valen sus altísimas murallas,
Si tu quieres tornarlas en pavesas?
¿ Qué son de sus guerreros las empresas,
Si tú les dices una vez: huid?
¿ Qué es el hombre por fin? ¡ miseria y nada!
Que en medio de su loco desvarío
Omnipotente cree su poderío,
Su fuerza, su saber y su razón!
Omnipotente....! ¡Y huyen sus quimeras
Al soplo de tus labios soberanos,
Y se tornan en polvo, entre sus manos
Los ídolos que alzó su corazón!
II.
Ay! el hombre tan débil como altivo
Todo lo espera de su vana ciencia;
Y se atreve a juzgar tu Providencia,
Y a desdeñar tu amparo y tu favor!
Pero tú, que eres bueno y compasivo,
Mas grande en tu bondad que en tus enojos,
Fijas sobre él tus paternales ojos
Llenos de eterno, de infinito amor.
Para él haces crecer los altos cedros,
Para él la palma altiva se levanta,
Para él formas del ave la garganta,
Para él corre el pulido manantial;
Y son para él las aromadas frutas,
Y las hermosas flores del verano,
Y el abundante y nutritivo grano,
Y de la abeja cándida el panal;
Y son para él, los peces de los lagos,
El caballo orgulloso y altanero,
La mansa vaca, el tímido cordero,
Y el perro noble, cariñoso y fiel:
Las gruesas venas de luciente oro,
Las perlas, los corales, los diamantes,
Y hasta los astros bellos rutilantes
Tienen su luz para alumbrarle a él…..
Y para él el cariño de una madre,
Ángel de amor que al borde de su cuna
Contaba con afán una por una
Las pulsaciones dc su débil sien;
¡ Una madre ! el tesoro de la vida,
La imagen de tu eterna vigilancia,
El amparo y la antorcha de la infancia,
Y de la loca juventud sostén:
Y los hijos, la esposa idolatrada,
El alma, imagen de tu ser divino,
La antorcha de la fe, que en su camino
Su vacilante paso alumbrará ……
¡Oh mi Dios! no es posible que mi labio
De tu bondad las muestras enumere,
Que no el que vive, no, sino el que muere
Tu interminable amor conocerá!
Ay! que es amor tu ser indefinible,
Rey de los Cielos y Señor del mundo,
Es amor, sin medida y sin segundo,
Amor que nadie alcanza a comprender,
¡ Amor que en nuestra mente se refleja
Cuando vamos al pié de tus altares
A referirte nuestros mil pesares,
Dejando nuestras lágrimas correr !
Tu amor es lo que el alma reconoce,
Y lo que el pecho destrozado siente,
Y lo que alcanza a percibir la mente
En todo, todo cuanto tú le des;
Y es por eso que el alma desolada
Cuando su cáliz de dolor apura,
Repleta de cansancio y de amargura,
Corre a buscar alivio ante tus pies.
Y por eso, yo canto tu grandeza
Hasta do el alma destrozada alcanza;
Y tu amor ¡oh mi Dios! que es la esperanza
Que en mi doliente corazón quedó!
Tu amor y no tu enojo es la palabra
Que en la faz de este mundo se halla escrita;
Y esa palabra altísima y bendita
Es la que admiro con trasporte yo!