Señor Lorenzo María Lleras.
La lagrima del soldado.
Iba ya por el collado
Para la guerra el soldado,
Cuando, con faz angustiada,
Vuelva a dar una mirada
Sobre su valle y aldea
Y el arroyo que serpea
De su choza en derredor.
¡Última, tierna mirada,
Dulcemente acompañada
De una lágrima de amor,
Que el pobre soldado limpió con rubor!
Hieren allí sus oídos
Los apacibles sonidos,
Que le fueron familiares
En tan dichosos lugares;
Y con la diestra apoyada
Sobre la cruz de su espada,
Los repasa con dolor.
¡Ultima, tierna mirado, &c.
Desde el portal de la choza,
De rodillas una hermosa
Feliz viaje le desea,
Y su alba trena ondea
De la brisa al soplo blando;
E inmóvil queda mirando
El soldado su dolor.
¡Última, tierna mirada, &c.
Ella en tanto desconsuelo,
Callada oración al cielo,
Humilde, por él envía:
El soldado no la oía;
Pero al verla arrodillada,
Imploró sobre su amada
La bendición del Señor.
Ultima, tierna mirada, &c.
Por último, da la espalda
De la colina a la falda
Y del sitio se retira;
Y al retirarse suspira,
Y atrás la vista revuelve,
Hasta que seguir resuelve
Adelante, con valor.
Ultima, tierna mirada, &c.
No era débil el soldado,
Que corazón arrojado,
Por el contrario, tenía,
Aunque lágrimas vertía;
Y en la fila delantera,
Del peligro en la carrera,
Siempre obtuve prez y honor:
Pues la mano mas valiente
Era la que dulcemente
Una lágrima de amor
En otro tiempo limpió con rubor.