Señor José Manuel Marroquín
Al Sr. Joaquín Pablo Posada.
Mas vale tarde que...diablo!
Quede la sentencia trunca,
Porque ese maldito nunca
Es inrimable vocablo.
Ya creo ver, Joaquín Pablo,
Que la risa se te asoma
Con el inrimable: "¡Toma!
Dirás, si es en disparate ! "
Mas ¿no le es lícito a un vate
Enriquecer el idioma?
Sí, responde Horacio Flaco,
Licuit, semperque licebit,
En la oda In cithara flevit....
Que escribió en loor de Baco.
Y por si no echaste en saco
Roto la cita que viste
Arriba, y ánimo hiciste
De ir luego la oda a buscar,
Te advierto que mi ejemplar
Es el único que existe.
Sin duda que ya supones
Por qué puse aquel refrán,
Que dio ocasión para tan
Fastidiosas digresiones.
Espero que me perdones
Lo muy mal que me he portado,
No habiéndote contestado
Tu carta oportunamente,
Y por cierto que al presente
Lo hago muy avergonzado.
Mas, diré que, sin embargo,
De que confieso mi culpa,
Tengo muy buena disculpa
Para un silencio tan largo.
Yo me decía (hazte cargo
De situación tan penosa)
Que contestarte a ti en prosa
Era, Joaquín, cosa fuerte,
Y también que responderte
En verso era fuerte cosa.
Una regla de Nebrija,
Tocante a toda respuesta
Me da a entender que para esta
Es fuerza que el verso elija.
Mas, cuando yo le dirija
Mis décimas a Posada,
Él con una carcajada
Dirá: "Décimas a mí ! "
Y si lo dijere así
Será con razón sobrada.
Escribirle (yo decía
Así para mi coleto)
A ese hombre un solo cuarteto
Es inaudita osadía.
Casi lo mismo sería
Dedicarle a Galileo
Un opúsculo en hebreo
Sobre la gravitación,
U otro en inglés a Newton,
O en egipcio a Tolomeo.
Y cuando en hebreo he dicho
En la estrofa que precede,
Lo he dicho, Joaquín, adrede
Y no por mero capricho.
Siendo el sabio susodicho
Galileo, y Galilea
Una parte de Judea,
Donde se hablaba el hebreo,
No pudo hablar Galileo
Otra lengua que la hebrea.
Pues bien, Joaquín, te decía
Que yo decía entre mí,
Que escribirte en verso a ti
Era inaudita osadía.
Mas, fuera descortesía
El dejar de responderte,
Y además no hay otra suerte
De escritos que en verso o prosa,
Y tú en una y otra cosa
Eres igualmente fuerte.
Conque así, si te escribiera
En prosa, procedería
Con no menor osadía
Que de aquella otra manera.
Mas, según ya dije, fuera
El callar poco, cortés;
Y así prefiero me des
El título de atrevido
Mil veces, a ser tenido
Por ingrato y descortés.
Ni ha sido tan solamente
El temor de que te he hablado
Lo que darte me ha estorbado
Respuesta oportunamente.
Te confieso francamente
Que una décima como esta,
Muy raras veces me cuesta
Menos de dos trasnochadas.
Hasta ahora, mal contadas,
Veinte cuesta esta respuesta.
Al fondo de la cuestión
Es ya justo que pasemos:
Once décimas tenemos
En sola la introducción.
Once décimas, que son
Quebrado impropio, y pluguiera
Al cielo que no tuviera
Mi carta otra impropiedad,
Pues en este a la verdad
Incurriría cualquiera.
Con tu carta recibí
Los que ahora llamaré
"Versos" a secas, ya que
Quieres llamarlos así,
Tu buen gusto conocí
Cuando supe los hacías
Publicar, y que elegías
Un título tan modesto.
¡Qué bien se conoce en esto
Que de veras son poesías!
Tú procediste al revés
De muchos vates ramplones,
Que hacen coplas a montones,
Mas sin cabeza ni pies,
Y que publican después
Su sarta de desatinos
Con títulos peregrinos
Y pomposos: Armonías,
Inspiraciones, poesías,
himnos o cantos andinos.
Sin duda me llamarás
El hombre de los parénte...
Detente, pluma, detente,
Que a comprometerme vas.
Iba a decir que dirás
Que yo divago en exceso:
Pues mira, Joaquín, en eso
Los dos nos asemejamos;
Pero ¿y qué? ¿acaso estamos
Perorando en el Congreso?
No obstante, será razón
Llamarme yo mismo al orden,
Para que por fin se aborden
Los asuntos en cuestión.
Te diré en contestación
A tu carta remisoria
De aquel libro que es tu gloria,
Que ya adornaban desde antes
El volumen mis estantes,
Y los versos mi memoria.
Yo con religiosidad
Guardaré el libro precioso,
Que me ofreces cariñoso
Como prenda de amistad.
Mis nietos con vanidad,
Y vanidad bien fundada,
En són de fanfarronada
Dirán, mostrando el cuaderno:
"A nuestro abuelo paterno
Se lo dio el mismo Posada".
No fue malo el desenlace
Del asunto de la pasta
Del libro de "Versos," y hasta
Te aseguro que me place.
Dicen que el hábito no hace
Al monje, y añado yo:
"Ni el forro al libro," y te dio
La falta de forro pata
Para hacer una posdata
Que vale toda un Chocó.
A la verdad, me sonrojo
De haberle metido a un verso
Cierto vocablo perverso
Porque no quedara cojo.
No lo hayas, no, por enojo,
Que a mano otra voz no hallé,
Y si así no fuera, a fe
Que para que se me echara
Esa grosería en cara
Nunca hubiera dado pié.
Al cabo, burla burlando,
He contestado tu carta,
En versos, que no sin harta
Vergüenza mía te mando;
Mas cobro aliento pensando
Que ellos, al cabo y al fin,
Van dirigidos, Joaquín,
No a demostrarte el talento,
Sino el agradecimiento
De tu amigo
MARROQUÍN.