Señora Silveria Espinosa
Al primogénito de una amiga
Oh! para qué bajaste presuroso
Al seno de tu madre, ángel de Dios,
Para burlar su amor y su esperanza
Con tu venida y con tu pronto adiós ?
Por qué no te esperaste, lindo niño,
A recibir del labio maternal
Un ósculo siquiera, una caricia
Tan pura cual la brisa matinal ?
Oh! si hubieras sentido cuál latía
De ternura y placer su corazón,
Con la sola esperanza de abrazarte
Cuando salieras ay! de tu prisión!
¡Si hubieras comprendido, ángel hermoso,
Lo que valiera para ti su amor,
Su gracia, su talento, sus virtudes,
y de su pecho el generoso ardor!
¡Si hubieras visto su serena frente,
y su pequeña boca de coral,
y su tez y sus ojos de paloma,
y su sonrisa pura, angelical !
Nunca del seno de tu amante madre
Tú te escaparas sin llorar por él,
Como se escapa en noche borrascosa
El aroma del nardo y del clavel.
Oh! si posible fuera que hoy vinieses
A dormir en sus brazos de marfil,
Yo te dijera de rodillas: Niño!
Ven con las brisas del florido abril!
Ven a escuchar los amorosos cantos
Que tu madre ensayaba ayer no mas;
Ven a enjugar sus lágrimas de duelo
y no la dejes ay! nunca jamás!
Mira! una cuna para ti guardaba,
y si quieres en ella descansar,
Mientras tú duermes tu amorosa madre
Sabrá a tu lado con afán velar:
Y si te agrada el aura de los campos,
y el ruido del torrente bramador,
y de las flores el aroma dulce,
y de la luna el tibio resplandor;
Tu tierna madre sacará tu cuna
y la pondrá entre el musgo del jardín,
A orillas de la fuente y a la sombra
Del grato cinamomo y del jazmín.
Mas tú no vuelves! De tu madre en tanto
Se doblará el hechizo y la beldad;
y acaso otro ángel bajará del cielo
A templar su tristísima ansiedad !