Señor Julio Arboleda.
Dios y la virtud,
(Fragmento del Gonzalo de Hoyon.)
Quién comprende al Señor? Él eslabona
Nuestras acciones; y su diestra lanza
Ya un esparto, ya un mundo, en la balanza
Del Universo, y equilibra el fiel.
Ora ante el cesto en que Moisés naufraga,
Un leve junco sobre el Nilo tiende,
Y de ese junco el porvenir suspende
De la raza bendita de David;
Ora parece deteniendo el astro
Que dirige al ocaso su carrera,
Porque su luz derrame en la pradera,
Y el pueblo de Israel siga en la lid.
Dios, que esconde su origen, no en el tiempo,
Que el tiempo está por lindes circunscrito;
Dios, para quien lo eterno y lo infinito
Solo atributos de su esencia son;
Dios, que esconde su fin, no en lo futuro,
Que lo futuro a ser para ÉL no alcanza;
Dios, en quien no hay memoria ni esperanza,
Porque solo hay presente para Dios;
Sí; Dios se digna gobernar al hombre,
Porque todo lo abarca: ÉL es perfecto,
Y da leyes al sol como al insecto,
Y cuida al ángel y al gusano vil:
Todo lo crea, y lo gobierna todo;
Ya de mundos innúmeros tachona
El cielo, ya los reinos eslabona
A la suerte de un hambre o de un reptil.
Muerda a Colon un áspid, y el destino
Cambia del Universo: los millones
Que han venido a poblar nuestras regiones
No serían siquiera los que son.
Rómpase el débil cáñamo en que cuelga
La madre a Fúlton en su pobre cuna,
Y la industria del mundo, y su fortuna,
Quedan, porque él no piensa; en la inacción.
Como al contacto eléctrico se cimbra
Una cadena de extensión inmensa,
Del genio al soplo se despierta, y piensa,
Y obra, y corre al poder la humanidad.
Para toda medita Galileo,
Y el ciego Homero para toda canta,
Y Saulo y Pedro, en su doctrina santa,
Enseñan para toda la verdad.
Una es la humanidad. Ibero y Chino
Y Colombiano y Tártaro remoto
Navegan juntos; mas del mar ignoto
Dios solo el rumbo y los escollos ve;
Y porque ÉL solo es sabio, y Él conoce
Solo del puerto el último reparo,
Alza en la mar, por nuestro bien y amparo,
El faro inextinguible de su fe.
Entre tanto el filósofo presume
Que la dicha con números calcula,
Y en balanza sin fiel pesa y regula
Los átomos del bien y de salud!
Necio! solo una regla hay para el hombre:
El crimen siempre a la desgracia induce,
Siempre a la dicha la virtud conduce,
Siempre la fe conduce a la virtud.
Con la fe vuela Codro al matadero
A salvar a su pueblo del Dociano;
Con la fe vence al Persa el Espartano,
Resiste a Roma el Seyta con la fe.
Sócrates, al sentir el zumo ingrato
Del veneno mortal helar las venas,
Ríe dejando a su querida Atenas,
Porque otra patria tras la tumba ve.
Ante los doce de Yatreb, que anuncian
De un Dios único y grande la doctrina,
La muchedumbre idólatra se inclina
Cual se inclina la espiga al huracán;
Y al brillo de sus corvas cimitarras,
Y pidiendo a la muerte el paraíso,
Entre Brahma y el Cristo, de improviso,
Le alzan su trono anchísimo al Corán....
Salve! insigne virtud ! Tú que pudiste
Obrar tantos milagros de pagana,
¿ Qué no harás, si pacífica y cristiana
Iluminas al mundo con tu luz?
Tú, que al Dios bueno a conocer enseñas,
Tú, que pudor y caridad inspiras,
Tú, que arrancando al corazón sus iras,
Unes al Universo con la Cruz!
Sin ti se agita estacionario el Chino
Entre mares de oprobio y de riqueza;
Sin ti, levanta apenas la cabeza
El polígamo y laso musulmán;
Y los Indos, en castas separadas,
Desconociendo tu igualdad sublime
So el peso del Breton que los oprime,
Bárbaros son, y en la ignorancia están.
Oh! si el pueblo de Cristo es solo grande;
Si para hacer viajar su pensamiento
Ha arrebatado el rayo al firmamento;
Si puede al mar y al huracán vencer;
Si el Universo entero se somete
Al vigor de su espíritu fecundo,
En tu doctrina santa ¡ oh luz del mundo,
El secreto ha de estar de tu poder!
Ven, por piedad! No dejes de mi Patria
El verde valle, la tendida loma;
Guárdale su pureza de paloma
A la nación cristiana en que nací.
Guárdala, y en las ondas bienhechoras
De tu corriente pura y cristalina,
Purifica a la raza granadina,
Para que medre deleitada a ti.