LA MADRE
FRANCISCA JOSEFA DE LA CONCEPCION Y CASTILLO
Vergara concede lugar muy señalado en la historia de las letras
a la monja Francisca Josefa del Castillo, que él dice nació en
Bogotá, y Marroquín en Tunja, en donde murió en 1742. Fue un tío de
ella, D. Antonio María del Castillo, quien hizo publicar en 1817,
en Filadelfia, el libro de esta escritora titulado Vida de la
Venerable Madre Francisca Josefa de la Concepción, escrita por ella
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, y en 1843, en
Bogotá, el que lleva por mote Sentimientos espirituales, de la
misma autora.
Dicción clara, fácil y abundante caracteriza el trabajo mental
de esta monja, quien con ingenua modestia nos refiere los puntos
principales de su vida, haciéndonos saber que fue de constitución
muy delicada y enfermiza, y que no solo sus parientes sino cuan tos
con ella tuvieron conocimiento o amistad, causáronla heridas de las
que lastiman el amor propio y entorpecen la felicidad que otros
alcanzan sin mayor esfuerzo, contándose entre éstos hasta entes
rústicos y villanos que labran la tierra para ganar el sustento
diario.
No fue motu proprio como trasladó al papel sus pensamientos,
sino por mandato de sus confesores. Procuróle acaso algún pasajero
deleite esta ocupación intelectual, o sirvió para reagravarle la
aflictiva situación de espíritu a que le condenaron la educación
conventual de esos tiempos y el desamor de sus prójimo y
parientes?
No hablamos de su fe, ni de su acendrada piedad, ambas muy por
encima de las que ostentaban en sus sermones los predicadores de
entonces; que si éstos ganaban para los demás para sí propios el
cielo, por medio de la oración y de la exhortación a los fieles, de
seguro no se vieron, como la noble monja excluídos del trato social
ni de los goces que la pródiga naturaleza brinda a los
mortales.
La nota predominante en el estilo de los libros de la Madre
Castillo es el de una suprema melancolía, es la voz de un espíritu
que busca refugio en Dios, porque todas las otras puertas le han
sido cerradas. Hasta qué punto la llevó su imaginación de mujer
cuando quería por lo humano ensalzar o explicar 1 eterno, podrá
juzgarse con estos versos entresacados de un composición al
Santísimo Sacramento:
Por sustentarme echaste
El sello de tu amor en una oblea.
Indudablemente la monja Castillo dejando oír desde el púlpito su
palabra llena de unción y de enseñanza evangélica habría podido
conducir mayor número de ovejas al redil de la que ganarían a la
fe, con sus largos e inadecuados sermones e deán D. Nicolás Javier
de Barzorda Larrazábal, o los doctores Antonio de León, Rafael
Lasso de la Vega, José Antonio Torres y Peña y el mismo doctor
Duquesne, quien predicó en la Catedral, el 19 de enero de 1809, una
oración por la instalación de la Suprema Junta Central de la
Regencia
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T. H. Paimers Liv. 235 p. m.
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La imprenta de los Jesuítas, la
primera que existió en el país, fue fundada en 1738, y se ocupó en
la impresión de algunos libros de rezo,en la biografía de la monja
autora Sor Francisca Josefa del Castillo y en una providencia del
Visitador Piñeres.
D. Antonio Espinosa de los Monteros
introdujo la segunda imprenta en 1783, y en ella se publicó la
historia de Cristo paciente, traducida del latin por el doctor Luis
Azuola y Lozano, en dos volúmenes.
La publicación en libro más antigua
de que se tiene noticia, y que se encuentra en la Biblioteca
Nacional, es la que lleva por título Compendium privilegiorum et
gratiaruin Sancta Fide Novi Regni Granatensis. Ex Tipo graphia
Societatis Jesu anni D. 1739.
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