LA INSTRUCCION PUBLICA COLEGIOS - BIBLIOTECAS - TEXTOS
(Continuación del anterior)
A los señores Santiago Pérez y Ulpiano González correspondió
desbrozar el campo en asuntos gramaticales publicando uno y otro
sendos textos de enseñanza que ayudaron a la divulgación de los
conocimientos del idioma.
Las Observaciones curiosas sobre lengua castellana, o sea Manual
práctico de la gramática de dicha lengua, escrito por Ulpiano
González, Bogotá, Imprenta de José A. Cualla, 1848, 212 páginas,
puede considerarse como texto útil formulado sobre reglas claras y
precisas y teniendo por base y guía en su desarrollo las gramáticas
de Salvá, Martínez López, y Bello. Considerados los progresos
filológicos que se han hecho últimamente, disminuye el interés que
despierta el libro de D. Ulpiano González, pero la segunda parte de
él, esto es, el cuadro de errores o razón circunstanciada de los
principales en que se incurría antes en la conversación y aún en
algunos escritos, ofrece todavía alicientes porque permite juzgar
cuánto hemos adelantado en estas materias, y nos hace ver hasta qué
punto se ha ido ensanchando el caudal de nuestro conocimiento y
cuánta es la experiencia adquirida. Ahora empleamos un lenguaje más
rico, conceptuoso y variado, huyendo de esas expresiones un tanto
hijas de la tierra, sencillotas e incultas, si bien muchas de ellas
muy expresivas y pintorescas en su primera rústica manera. En
efecto, ya se han desterrado de la conversación términos como
aquellos de dar en el chíspite, empaquetarse, ser de la parranda,
picadura de culebra, gurrumino, por pesadumbre, estoy de repiquete
con fulana; pelarse, por equivocarse, que eran el uso cuasi
diario.
Oportuno es recordar aquí las causas que el doctor González
apuntaba como que habían influído no solo para el poco adelanto en
materias del lenguaje, sino en general para retardar la difusión de
todos los conocimientos humanos:
1° Que no debió de ser muy culta la gente que zarpó de las
costas de Andalucía en 1492, en compañía de Cristóbal Colón y de
los Pinzones, en la empresa de descubrir el hemisferio en que
habitamos, sino en lo general de aquella rústica y desgraciada que
no teniendo en su país comodidades algunas que perder, se halla
lista a abandonarlo en la ocasión primera que se le presente. Que
poca diferencia había entre estos y los que al principio del siglo
decimosexto acompañaron a D. Gonzalo Jiménez de Quesada, fundador
de esta ciudad; y no mayor entre los dichos y los secuaces del
general Pablo Morillo, llegados a estas comarcas por los años de
1815 y 1816.
2º Que nuestras universidades no dieron cabida en sus claustros
al estudio de la lengua castellana, sino hasta ahora pocos años, en
que, encargado de la dirección de los negocios públicos un ministro
inteligente, dispuso que dicho estudio hiciera parte integrante de
la educación de la juventud que se forma en las escuelas y
colegios; y
3º Finalmente, que aun cuando la gramática castellana se
aprendía antes de este tiempo en algunas escuelas y casas de
educación establecidas por particulares, o era de memoria por los
malísimos textos de Araújo y de Urcullo, sin obtenerse, por lo
tanto, resultados algunos de importancia.
D. Ulpiano González lanzó al público su primer compendio de
gramática, trabajado sobre la de Salvá, desde 1846. Entonces quiso
rendir un tributo de simpatía al popular educacionista D. Lorenzo
María Lleras, y lo hizo dedicándole su obra en los términos
siguientes:
"¿A quién mejor que a vos, querido amigo, cuyos patrióticos
esfuerzos por la instrucción de la juventud, son de una notoriedad
tan indudable, podré yo dedicar este trabajo literario? ¿ A quién
sino al que en todos los tiempos se ha distinguido por su amor al
estudio de las humanidades, dando relevantes pruebas del fruto
cosechado en ellas, habré de ofrecer con más satisfacción mi primer
ensayo en este ramo tan difícil como provechoso? A vos que no
ocupando puesto público alguno ni siendo de los poderosos de
nuestra sociedad, recibiréis, no como el parto de la lisonja, sino
como la expresión de la amistad más pura y de la más merecida
justicia, la dedicatoria que os hago del presente catecismo".
En San Gil, pueblo de la antigua Provincia del Socorro, vivía D.
Ramón González, casado con la señora Gertrudis Vargas, quienes
tuvieron cinco hijos, el menor de ellos fue Ulpiano, y vio la luz
el 6 de enero de 1815. Huérfano de padre en edad muy temprana,
debió a la vigilancia de su previsora madre y a los solícitos
cuidados de su hermano mayor D. Florentino, el poder hacer sus
estudios con provecho. Siguió en las aulas el estudio de la
medicina, hasta que consiguió el diploma de doctor en 1835. Dos
años después se casó con la señora Mercedes Borda.
Fue escritor de costumbres, castigando con pluma jovial pero
acerada, las que encontraba inconvenientes y ridículas en su
tierra. En El Neogranadino y en El Siglo publicó varios artículos;
algunos firmados con el seudónimo Juancho Blanco. En la tarea de
zaherir lo ridículo y censurable, fue en su tiempo algo más
vehemente y certero que D. Juan Francisco Ortiz, quien por entonces
salía también con vocación manifiesta al terreno de periodista y
escritor satírico. D. Juan Francisco daba quincenal o semanalmente
El Tío Santiago, publicación de dimensiones pequeñas, en forma de
cuaderno, en la cual emitía juicio sobre los hombres públicos, y
con aires de ligereza y de gracejo pretendía aplicar el escalpelo
moral a la sociedad.
Los artículos de Juancho Blanco sobre el papel de la mujer en la
sociedad, considerándola en sus diferentes estados, y en los que
trataba de engrandecerla por medio de tinosas observaciones,
hubieron de llamar la atención de algunos, despertando en otros
enojos porque se creyeron aludidos en algunos puntos. Aun se
refiere que una noche, a la salida del teatro, le acometieron dos
personajes que querían castigarle por las sátiras de un artículo en
que ponía de azul y de amarillo a los maridos que pegaban a sus
mujeres, y se agrega, que dos de las interesadas le manifestaron
luego su gratitud, porque el escrito en cuestión había servido de
eficaz correctivo a la mala constumbre censurada.
Murió este culto y bien intencionado escritor en Bogotá, el día
13 de marzo de 1849, a la corta edad de 34 años.
Aquí reproducimos el final del artículo humorístico que escribió
con el título de Es mal que anda
"No soltaré la pluma sin dar algún consejo. Desde que he dejado
de serenarme y de acostarme tarde; desde que no uso camisa de
franela, ni bebo ni juego, ni entro a donde entrar no debo; desde
que no se me humedece el calzado, ni ceno; desde que no como frutos
verdes, ni tomo agua de pozo; desde que prefiero el pan sin aliño
al de manteca; desde que cambié la vida ociosa por la activa; desde
que no me ocupo en saber cómo viven los demás; desde que, como
usted señor redactor de El Siglo, no pienso en partidos ni hago
cuenta de sus vergonzosos extravíos; en una palabra, desde que soy
lo que soy, esto, es, desde que leí Los Misterios de París para
formar mi corazón, y las cartas de Chesterfield para formar mi
cabeza, desde entonces y desde que me conformé con estar en mi
lugar, valiendo tan solamente tanto como creo valer; desde ese
momento, y desde que eché a un lado la envidia que me devoraba, las
intrigas que me quitaban el tiempo, la maledicencia que me hacía
aborrecible, la intolerancia y la pedantería que me volvían des
preciable; desde ese dichoso tiempo, digo, no padezco ya mucho de
los males que andan".
El mismo escritor fue de los que alabaron por la prensa el
comportamiento de D. Julio Arboleda en el Congreso de 1848.