EL PENSAMIENTO DE BOLIVAR - LA OPOSICION
Tornando al pasado se echa de ver que el amor a la libertad
sirvió no solo cual causa móvil que enardeció los ánimos en los
momentos de la lucha por la independencia, sino que ha sido ese
mismo, irresistible impulso, lo que ha dado mayor movimiento y
energía a las producciones de los hijos de Colombia. Igual
apreciación hemos de hacer extensiva a los demás países de la Amé
rica Latina. Los escritores se han formado casi todos en el
palenque de las luchas políticas, de donde han pasado a militar con
más reposo en otras esferas. Hay, sin embargo, unos pocos que han
entrado a la política por la puerta del estudio de la moral y de
las costumbres. Juzgamos que no pertenece rigurosamente a esta
última categoría el singular vate Vargas Tejada, quien se entregó
de lleno, desde los primeros pasos de su adolescencia literaria a
la discusión ardorosa de cuestiones políticas, contagiado sin duda
del ejemplo del doctor Vicente Azuero, y a semejanza de Aranzazu,
Acevedo, Vélez, Rufino Cuervo, del entendido e ilustre doctor
Nazario Florentino González, redactor de El Conductor, y aun del
mismo general Santander.
Ese ardor político era consecuencia de los tiempos, y fue para
el noble Bolívar el escollo más difícil de vencer en la enojosa
tarea de dar estabilidad al Gobierno de la República. Casi
imposible se considera hoy que hubiera podido consolidar su obra,
teniendo en cuenta que la lógica inflexible de su espíritu
razonador y el lujo desbordante de su vena oratoria fueron los que
despertaron a los pueblos del sueño de indolencia en que el
gobierno español nos tenía sumergidos, como en torpe asocio con
nuestro enervante clima de las cordilleras y el sofocante y
debilitador de las tierras cálidas y de los bosques de las orillas
del río Magdalena.
Tráiganse a la memoria tantas frases poderosas del Libertador,
que brotaban de su mente con el vivificante resplandor de los rayos
del sol de la tarde
"Uncido el pueblo americano al triple yugo de la ignorancia, de
la tiranía y del vicio, no hemos podido adquirir ni saber, ni
poder, en virtud. Discípulos de tan perniciosos maestros, las
lecciones que hemos recibido, y los ejemplos que hemos estudiado,
son los más destructores. Por el engaño se nos ha dominado más que
por la fuerza; y por el vicio se nos ha degradado más bien que por
la superstición. La esclavitud es la hija de las tinieblas; un
pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propia
destrucción...
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La grandeza de Bolívar, la sinceridad de sus convicciones, su
amor a la humanidad, son prendas tan aquilatadas en él que, brillan
con la claridad del diamante.
Oigamos aún su voz:
"La continuación de la autoridad en un mismo individuo,
frecuentemente ha sido el término de los gobiernos democráticos.
Las repetidas elecciones son esenciales en los sistemas populares,
porque nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo en
un mismo ciudadano el poder. El pueblo se acostumbra a obedecerle,
y él se acostumbra a mandarlo"
Y en la proclama que dio al pueblo de Caracas el 4 de julio de
1827:
"Venezolanos: Vuestros sufrimientos me llamaron a Colombia para
emplear mis servicios en restablecer el orden y la unión entre
vosotros. Mi más grato deber era consagrarme al país de mi
nacimiento: por destruir a vuestros enemigos he marchado hasta las
más distantes provincias de la América: todas mis acciones han sido
dirigidas por la libertad y la gloria de Venezuela, de Caracas.
Esta preferencia era justa, y por lo mismo debo publicarla. He
servido a Colombia y a la América porque vuestra suerte estaba
ligada a la del resto del hemisferio de Colón...
"Caraqueños: ¡ Nacido ciudadano de Caracas, mi mayor ambición
será conservar ese precioso título: una vida privada entre
vosotros, será mi delicia, mi gloria y la venganza que es pero
tomar de mis enemigos"
Sencillas y elocuentes frases que hablan a la mente y al
corazón, en las que se muestra el héroe legendario con toda la se
vera grandilocuencia de su magnánima vida.
Que Bolívar enseñó a pensar a los pueblos, lo encontramos
confirmado en una frase de un artículo del doctor Vicente Azuero,
cuando este dijo: "el General Bolívar mismo es quien nos ha
enseñado que el pueblo -el soberano mismo-, nunca puede
engañarse".
El amor a la libertad llegó a ser para los pueblos de Nueva
Granada algo como una manifestación obligada que era de recibo en
artículos, discursos, ceremonias oficiales, reuniones y piezas de
teatro.
Suponemos que sobre quienes más influyó ese sentimiento, dando
ensanche a sus caracteres y habilitándolos para ocupar su
imaginación en labores de índole intelectual fue ciertamente sobre
algunos clérigos amigos de la independencia. Los diferentes órganos
de la prensa cobraron también mucho vigor al amparo de esa idea, y
cada día surgían nuevos periódicos que pretendían ser eco fiel de
las aspiraciones generales.
Debemos hacer notar, porque viene al caso, que en el curso de
cincuenta años, más que a echar las bases de la estabilidad del
gobierno, se ha atendido por los escritores al propósito de
despertar en los ciudadanos la conciencia de sus propios e
imprescindibles derechos. No ha habido periodista político que no
se crea llamado a dirigir la sociedad y sus destinos.
Ese amor a la libertad fue lo que indujo a D. Nazario Florentino
González a convertir su periódico, El Conductor, en ardo rosa
tribuna contra el poder del Libertador; sentimiento que pudo ser
bien inspirado, pero que no produjo, ni era dable que produjera en
aquellas circunstancias, resultado benéfico para la existencia de
los pueblos americanos.
Lo que pudiera llamarse el espíritu de la época, está pintado
gráficamente en la siguiente protesta patriótica que apareció en
Cartagena el 10 de junio de 1827, firmada por el señor J. M. T.
"Dulce y adorada libertad: espejo del hombre sano: enemiga
eterna de la tiranía: aquí te juro postrado mi fidelidad. Mis ojos
lloran en tu presencia un delito, que he cometido, sí, un de lito
muy lejos de mi corazón. Yo tuve la desgracia, la debilidad o no se
qué diga, de firmar esa acta de 29 de septiembre del memorable año
de 1826.
"Un patriota antiguo como yo lo soy, víctima de la aciaga
emigración del año 59, no puede menos que avergonzarse de un error
tan obstinado; pero, no, libertad, no seas tan dura que niegues tus
oídos a uno de tus hijos descarriados. . .".
La siguiente poesía es de la pluma de El Conductor:
LETRILLA
Dicen que es muy bello
Gobernar sin trabas.
Levántanse a veces
Infames canallas
Gritando en las calles
Libertad y patria,
Y cuando consiguen
Ganarse confianza,
Dicen que es muy bello
Gobernar sin trabas
Astutos serviles
Adulan y alaban
Al que ha conseguido
Más gloria y más fama,
Y por halagarlo
Y alcanzar su gracia,
Dicen que es muy bello
Gobernar sin trabas.
Si se ensalza un hombre
Porque en las batallas
Le dio la victoria
La fortuna varia,
Al punto de esclavos
Infames bandadas
Dicen que es muy bello
Gobernar sin trabas.
En oscura cuna
Y en nación extraña
Nacidos algunos
De abyectas esclavas
Los he visto ahora
Que con voz muy alta
Dicen que es muy bello
Gobernar sin trabas.
Yo les he creído;
Pues es vieja maña
De ser servilones,
De besar las plantas
Del que los gobierna
Con la férrea vara',
Y decir que es bello
Gobernar sin trabas.
La intención de esos versos no deja duda sobre el propósito del
autor.
En el mismo periódico antes citado, el doctor González dio a luz
una fábula en prosa, A arriero loco, burro cuerdo, en donde parece
juntar la mayor parte de las reflexiones que él creía podían
influir para despertar en las gentes el convencimiento de que era
funesto el dominio imperante y exclusivo de Bolívar, pero, no
obstante esta tendencia manifiesta, un ánimo sereno descubre que en
la ímproba tarea de echar las bases de la nueva República, todo se
debió al esfuerzo, inteligencia y decidida voluntad del grande
hombre.
Algunas plumas de literatos colombianos han querido prodigar en
todo tiempo alabanzas al hijo de Caracas: Pedro Pablo Cervantes,
José María Samper, Manuel María Madiedo, Emilio
M. Escobar, Felipe Pérez, han hecho justicia a la esclarecida
memoria del grande hombre.
La pieza de Emilio Macías Escobar, en un acto, y en verso,
titulada Apoteosis dramática del Libertador, escrita en 1853, se
representó el 28 de octubre del mismo año, en el teatro de esta
capital. Dicha obra concluye con el siguiente Himno triunfal, que
insertamos casi íntegramente:
Los Incas y los Zipas
En paz ya dormirán
De América las glorias
Por ti eternas serán.
Ven a ocupar tu solio, político profundo;
La vida de la gloria sin término a vivir;
Tú, cuyo inmenso genio abarcó el ancho mundo
Y arrancó los secretos del hondo porvenir.
Los Incas, etc.
Los ángeles que velan por tu América amada
Tu rico pensamiento quisieron cultivar;
Y en ti, guerrero ilustre, su inspiración dorada
Sus genios tutelares quisieron derramar.
Los Incas, etc.
Los bosques, las montañas, los valles, los torrentes,
Del hemisferio virgen del inmortal Colón,
Llenos están de vida porque oyen los potentes
Ecos de tu fecunda, gigante inspiración...
Los Incas, etc.
Libertador de un mundo, tu mundo te pregona;
Cálle de la calumnia la miserable voz,
Y de inmortal excelso recibe la corona
Por cuanto dure, ¡oh Genio! la eternidad de Dios!
Cuando en el mes de abril de 1850 regresó el General Mosquera a
Popayán, su ciudad natal, después de haber desempeñado con mucho
lucimiento el puesto de Presidente de la República, le hicieron un
recibimiento muy entusiasta. La siguiente es la letra de una
canción compuesta en honor del General, seguramente por un literato
popayanés, cantada por cuarenta voces, el día que el expresidente
entró a la ciudad. Es una composición muy conforme con el gusto que
el público manifestaba entonces por este género de poesía:
"El que nace en una árida breña
A esta breña quisiera volver... ¿Qué es la patria?
-Es el risco, la peña,
¡El rincón que nos viera nacer!
¡La corona! es espina punzante,
¡El bufete! es sillón de tormento,
¡Y la gloria! un fantástico cuento,
¡Y el poder! solo un sueño brillante:
Todo es hiel al que triste y ausente
Del oscuro rincón en que ha sido
¡Ay! por años sin verlo ha vivido
Con su grato recuerdo en la mente.
Que el que nace en una árida breña
A esa breña quisiera volver...
¿Qué es la patria? Es el risco, la peña,
¡El rincón que nos viera nacer!
Ven, guerrero, que allá el capitolio
Habitaste entre duras faenas!
Ven, caudillo, y olvida esas penas
Que legaste al que ocupa tu solio;
Ven, Mosquera, bizarro, y olvida
Del experto adalid la victoria,
Del civil magistrado la gloria;
¡Ven! ¡tu patria a la paz te convida!"
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Discurso del General Bolívar en el
acto de instalación del Congreso General de Venezuela, el año de
1819.
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