EL PERIODISMO LITERARIO "LA ESTRELLA NACIONAL", "EL ALBOR
LITERARIO" etc.
Dos periódicos notables aparecieron de 1830 a 1850, consagrados
a la literatura: La Estrella Nacional, publicada por la imprenta de
la Universidad, por Nicolás Gómez, desde el 1° de enero a 17 de
abril de 1836 (publicáronse 12 números), y El Albor Literario,
fundado el 20 de julio de 1846, que completó un año de vida, forma
un volumen de 192 páginas.
El prospecto por medio del cual se anunciaba al público la
aparición de La Estrella Nacional, primer periódico exclusivamente
literario que hubo en Bogotá, circuló desde fines de 1835, y por
conceptuosa redacción podría llamarse que es obra de D. Joaquín
Ortiz: "Bajo el título de La Estrella Nacional, seis amantes de la
literatura anuncian al público un nuevo periódico, destinado a
difundir por la Nueva Granada el amor a las bellas letras, el
conocimiento de los deberes morales, las esperanzas de un mundo
mejor... El destino de La Estrella, es iluminar, no consumir;
merecer la pública gratitud, no ir a llamar a las puertas de las
ciudades para que la despidan cargada con sus maldiciones; débil
rayo, perderse y confundirse entre el mar de resplandor de la
aurora de nuestra civilización, no cántico de muerte resonar sobre
la sepultura de nuestra libertad".
En este periódico escribieron a más de su Director, J. Ortiz,
Antonio J. Caro, Francisco J. Caro, José E. Caro. Este dio allí a
conocer sus poesías: La venida a la ciudad, El amor del sepulcro,
El mendigo proscrito, Héctor, Adiós a la vida, las cuales no podían
menos de llamar la atención, en grado muy notable, de las gentes
pensadoras y de buen gusto.
La Estrella Nacional publicó algunos artículos a modo de
editoriales, tratando de las novelas entonces en boga, sobre la
importancia de la puntuación, sobre prosodia, sobre la
significación y estudio de la lengua latina, sobre geografía
antigua, sobre las bellezas de la Biblia, sobre la necesidad de la
lectura, etc. Todos con tendencia instructiva y moral, y que a no
dudarlo eran de la pluma del redactor. También hay algunas poesías
ligeras anónimas que denotan el travieso y burlón espíritu del
literato D. Juan F. Ortiz, y unas pocas noticias extranjeras, que
entonces eran requisitos que de preferencia exigían los lectores, a
fin de conceder simpatías a las publicaciones periódicas de la
capital.
El periódico hubo de suspenderse porque, según afirmaban los
editores, en esos tiempos el público lo que pedía eran noticias y
crónicas de los acontecimientos europeos y discusión sobre las
cuestiones que afectaban la marcha social y política del país.
El Albor Literario nació también de un grupo de jóvenes dados a
las letras, y quienes constituyeron una sociedad con el propósito
de adelantar intelectual y moralmente. Fueron los principales
iniciadores de ese centro de cultura, José María Rojas Garrido,
Próspero Pereira Gamba, Lázaro María Pérez, Antonio María Pradilla,
Escipión García Herreros, Gregorio Gutiérrez González, Manuel María
Madrid, Germán Gutiérrez de P., Rafael E. Santander, José María
Samper A., José Eusebio Ricaurte.
La sociedad que fundó El Albor Literario se reunía los domingos,
y sus miembros estaban animados del vivo deseo de adelantar
intelectualmente, como lo afirmaron en el primer artículo del
periódico, agregando que no aspiraban a obtener éxitos morales, ni
transformaciones sociales, lo cual creían por ex tremo difícil.
Consecuentes con su propósito, cada colaborador escribía en esas
páginas lo más conforme con sus gustos e ideas. Allí Lázaro María
Pérez, luciendo aquel estilo literario en que la fogosidad de su
espíritu buscaba modos de espaciarse en tonos vehementes, que
denotaban su grande afición a la oratoria y al teatro, se estrené
con su conocida poesía La Crucificación formando los versos una
cruz:
Mirad como le escupen
Le azotan, le escarnecen,
De espinas y de abrojos
Corónanle la sien…
Al peso de un madero
Sus fuerzas desfallecen...
También publicó en esas páginas dos leyendas, una titulada
Elvira o el Reloj de las monjas de San Plácido, escrita sobre un
folletín del español señor García Doncel, y otra en que también se
echaban de ver las influencias de la lectura del Macías y de Los
amantes de Teruel:
Mañana al sonar las diez
Un año cabal expira;
En que llorando tal vez
Del mundo la esplendidez.
Entró en el convento Elvira...
¡Elvira bajo una toca!
¡Elvira bajo un sayal!
Postrada sobre una roca
Pidiendo a Dios con su boca
La bendición paternal!
Elvira con otro nombre
Hincada a los pies de un hombre,
Que la tocó y la bendijo!..
Quien la ve que no se asombre
A los pies de un crucifijo!
En El Albor despuntaron igualmente los primeros majestuosos
arranques del tribuno José María Rojas Garrido y las tendencias a
divulgar teorías políticas o enseñanzas morales que eran casi
siempre el punto objetivo de las lucubraciones de José María
Samper, quien obedecía de continuo a un espíritu de propaganda que
le hacía ser difuso, bien que esta tacha es muy aplicable a todos
los escritores de esos tiempos. Próspero Pereira Gamba, que ya se
ocupaba en preparar el trazo y por menores de su original leyenda
bogotana Don Angel Ley, la que había de despertar algunas críticas
y réplicas, formaba en prosa clara y culta interesantes estudios
históricos, tales como La Invasión de Ibagué en 1605, y en estrofas
armoniosas cantaba con bizarría y tierno acento. Compuso entonces
una canción titulada Mi tristeza y una poesía para el álbum de la
actriz Ramona Fournier, poesía que no desdice un ápice de la forma
poética que predominaba entonces:
Te vi en la escena asomar...
…El alma se despertó
Mi mente resplandeció
Y el labio no pudo hablar.
En ademán de aplaudir
Las dos manos levanté;
En otro mundo me hallé
apenas las pude unir,
Porque tú eres, sin dudar,
La diosa del escenario,
Oráculo del Santuario
Do el numen se ve brillar
Lorenzo María Lleras, cuyo nombre, por conocido era obligatorio
en todo lo relativo a letras, dio a luz en El Albor su composición
poética La Inocencia, y D. Rafael Eliseo Santander su ameno relato
sobre El Adelantado Gonzalo Ximénez de Quesada. De Gregorio
Gutiérrez González apareció su célebre composición Una visita.
Beso sus pies, mi señora.
Servir a usted, caballero.
Siéntese usted. Muchas gracias..
Parece que está molesto,
Tome el sofá. No señora,
Estoy bien aquí; aprecio.
--Es que el taburete suele
Ser muy incómodo asiento...
-No, señora, yo estoy bien
Dondequiera que me siento…
Las poesías La Mujer y Tu Día, frutos de la inspiración poética
del bardo Germán Gutiérrez de Pifíeres, se insertaron seguidas, y
el género de cuadros de costumbres comenzó a ser cultivado con
aplauso del público que veía en esos ligeros croquis de la vida
nuestra los futuros gérmenes de la novela colombiana: Versos de
gorra, Debo escribir algo, El doctor y Mi entrada en el mundo,
todos anónimos, fueron primicias de esta clase de lectura que se
encuentra en El Albor.