OTROS AUTORES DRAMATICOS
Cuantos han pretendido entre nosotros invadir la escena con sus
creaciones dramáticas, han echado mano, de ordinario, de argumentos
de novelas extranjeras, de tal cual episodio de la Historia de la
Colonia o de asuntos patrióticos emanados de la guerra de
independencia, y unos pocos han ensayado también sus fuerzas en la
comedia social, realizando su empeño aquellos y éstos con mediano
éxito. Las piezas de autores nacionales han solido ser muy
aplaudidas: moviendo a ello la noble emulación que despierta el
patriotismo. Triunfos escénicos ha habido que consideramos
legítimos, alcanzados casi siempre a fuerza de talento y de súbita
inspiración, más que a favor de conocimiento del arte de Talia.
Autores noveles han logrado espontáneos y generosos aplausos:
después de citar a Caicedo Rojas hay que mencionar a Santiago
Pérez, quien alcanzó ruidoso éxito con sus dramas Jacobo Molay y El
Castillo de Berkley; a Leopoldo Arias Vargas, no menos afortunado
con su obra Pacual Bruno, tomada de la novela del mismo nombre de
Alejandro Dumas, y estrena da con el título de Gema de Castelnovo;
a José María Samper, con su oportuna y feliz pieza de costumbres
nacionales, Un Alcalde a la antigua y dos primos a la moderna, muy
comparable, por su humorística intención, facilidad de lenguaje e
insinuante a las muy ponderadas Convulsiones de Vargas Tejada.
Tentativas teatrales hemos tenido muchísimas, sin que esas
producciones hayan logrado pasar de meros ensayos que, manuscritos,
la mayor parte, han desaparecido, aun cuando algunos, si no todos,
han sido representados en el teatro de la capi tal o en
Provincias.
Manuel María Madiedo, cuya vivacidad y preponderancia
intelectual tenían la inagotable fecundidad de las selvas vírgenes
de las cálidas orillas del río Magdalena, sintióse impulsado,
después de los aplausos que alcanzó con su tragedia Lucrecia o Roma
libre, estrenada en 1835
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(1),
a escribir nuevas obras para el teatro, y
en el mes de mayo de 1846, al anunciar la publicación que pensaba
hacer en seis tomos, de todas sus obras afirmaba que el tercero
contendría: 1º la tragedia Coriolano, en verso y en cinco actos; 2º
la tragedia La caída de los Tarquinos; en tres actos y en verso; 3º
las comedias tituladas Una mujer de las que no se usan y EJ doctor
Berenjena, 'ambas en verso y en tres actos, y 4º un dramita en un
acto, titulado La niña de la posada, en prosa y agregaba: "Estas
piezas tienen más de los ocho años de yunque prevenidos por
Horacio"
Desde aquella fecha tenía ya escrita el doctor Madiedo su novela
social Nuestro Siglo XIX, cuadro de la vida colombiana, en que
quiso, con pincel realista, trasladar al papel gran copia de las
costumbres de la capital y del río Magdalena.
Emilio Barrás Escobar, nacido a orillas del mar Atlántico,
estaba dotado de un temperamento impresionable y de imaginación
ardorosa. Entró a la vida intelectual en los momentos en que Lázaro
María Pérez, José María Samper, Domingo Díez Granados, José
Gregorio Piedrahita, Próspero Pereira Gamba, Emilio Pereira, Pedro
Antonio Camacho Pradilla y algunos más lucían sus ardores juveniles
en el palenque de las letras. Pulsaba la lira en arranques épicos y
de tales impulsos llevado escribió las piezas: Apoteosis del
Libertador Simón Bolívar y El Virrey Solís, que se representaron en
el Teatro de Bogotá, segura mente con aplausos del público. Escobar
se hizo conocer como cultivador del periodismo literario y
político, era escritor muy fecundo, y dejó a su muerte, muchos
trabajos inéditos. Sabemos que el doctor Madiedo encomiaba en ricos
términos el talento de este paisano suyo.
Próspero Pereira Gamba, escribió y publicó su comedia La intriga
de una mujer, con intención moralizadora muy manifiesta, y hemos
visto el manuscrito de una pieza original de la sentimental poetiza
y distinguida escritora Josefa Acevedo de Gómez, obra que lleva el
título de La coqueta burlada, comedia en dos actos.
El poeta épico Pedro D. Neira Acevedo, también periodista
político, redactor de El Republicano de Bogotá, que comenzó a
publicarse el domingo 14 de enero de 1849, en la imprenta de D.
José A. Cualla, escribió un juguete cómico llamado La Bogotana.
Figura en esta obra una mujer y cuatro hombres. La escena pasa en
Bogotá en el mes de diciembre de 1819, Adelaida, hija de D. Pedro,
es cortejada por Eduardo, oficial patriota, quien, con motivo de la
expedición española, tiene que partir a la guerra, aplazando su
concertado matrimonio para cuando vuelva. El diálogo es animado,
con tal cual rasgo declamatorio en favor de la patria, y del deber
de sacrificarlo todo por ella.
En 1834, se publicó por primera vez, en un periódico de la
capital, la siguiente poesía, que había escrito en 1811 el señor
José Miguel Montalvo, autor como ya dijimos, de El Zagal de Bogotá,
que se presentó en el teatro. Montalvo fue sacrificado por los
españoles en un patíbulo, en la ciudad de Bogotá, el 29 de octubre
de 1816.
LOS RATONES FEDERABOS (Fábu1a)
Allá en los tiempos antiguos
Cuando los hombres pensaban,
Cuando venganzas no había
Ni oidor alguno fallaba:
Un político trastorno
Hubo entre las alimañas.
Erigió cada familia
Su asamblea soberana;
De modo que a poca costa
Había en una misma casa
Junta suprema de runchos,
Junta suprema de ratas.
En esta célebre crisis
De graciosas chapalanzas,
Los gatos a los ratones
Enviaron una embajada.
Unidos estos señores
En el desván de una casa
(Porque el fuerte de ellos era
Imitar la gatomaquia).
El astuto embajador
Dijo esta arenga estudiada:
"Serenísimo señor,
Rato-políti-comparsa:
El noble cuerpo gatuno
Os desea toda bonanza,
Sabidos ya los derechos
Que asisten a cada raza.
En estos últimos tiempos
De civilidad tamaña,
Nuestras costumbres antiguas
Han de ser regeneradas.
Se ha visto que no es decoro
De nuestra familia hidalga
Adquirir su subsistencia
A expensas de vuestra casta.
Ya esta ley se halla proscrita:
¡Oh beneficencia rara!
Pues sin saberlo nosotros,
Ni excitarnos a esta gracia
La hicimos con quiebra nuestra
Sin medios de compensarla.
Que la amistad, pues, nos una
Quiere el cuerpo que me manda;
Y para que hoy con vosotros
Formalice yo la alianza,
Mi inmeritoria persona
Viene ya condecorada
Con la augusta potestad
Y plenipotince data".
Calló, y al punto empezaron
Las pepitóricas charlas.
Un ratón decía armisticio,
Treguas, el otro gritaba,
Y las voces de anarquía
Y patriotismo zumbaban,
Todo se volvió disputas
Sin saberse en limpio nada;
Mas viendo el embajador
Que la decisión tardaba,
Después de pedir silencio
Con voz campanuda exclama:
Solo un joven que tenía
Entre ellos de sabio fama
(Sin duda porque la ciencia
No es solo hija de las canas),
Rabia guardado silencio
En medio de la algazara,
Y, calmando el alboroto,
Dijo con voz moderada:
"Señores, mi indiferencia
No debe seros extraña,
Pues yo no logro del gusto
Que hoy a otros arrebata.
Soy un ratón buen patriota
Y el mismo amor a la patria
Me hace suspender el juicio
En la materia tratada.
No se que es federación:
Y no entiendo esta palabra,
Y arriesgaría mi dictamen
Si a ciegas lo aventurara,
Como el que vota en aquello
Que no comprende, ni alcanza".
Al punto un ratón anciano
Gritó con fauces hinchadas:
"Podrá, caber en alguno
Tan soez y crasa ignorancia?
Federación es casarse
Los ratones con las gatas
Y los gatos con ratonas:
He aquí el proyecto en sustancia.
Quien pierde es el proponente
Y nosotros el que gana,
Pues su casta se minora
Cuando la nuestra se agranda.
"Hagamos federación".
Si, "federación se haga"
(Exclamó la turbamulta
Impolítica e incauta)
"Que feliz será el Estado
Si federación se entabla,
Bendita sea la cabeza
Que parió hija tan gallarda".
Unos, y otros a porfía
El pensamiento alababan,
Porque en estas embrolonas,
Diplomáticas jaranas,
Hasta el ratón pregonero
Por estadista pasaba.
A más de esto nuestros hijos
Serán ya de piel jaspeada,
Tendrán más fuerza y astucia,
Uñas robustas y largas. . ."
El embajador que vio
La positiva ganancia
Que la mala inteligencia
A los gatos preparaba,
Supo aprovechar el tiempo
Como astuto diplomata,
Y con graves cumplimientos,
Y viveza extraordinaria,
Afirmó que se había dado
La definición exacta.
Con vivas y palmoteos,
Quedó por fin sancionada
La federación que ofrece
Tan positivas ventajas;
Este proyecto no es
De utilidad extremada;
Y al cabo de pocos días
Se puso el proyecto en planta.
Viéronse muchas finezas
El día de los desposajos,
Y al consumar el contrato
Entre delicias mezcladas,
Sin ser saciado el amor,
Los gatos su hambre saciaban,
Perecieron los ratones,
Menos los que, por su infancia,
No pudieron ser esposos,
En esta gatuna farsa.
Políticos de estos días
Explicad bien las palabras
Y no arruinéis la nación
Con vuestras tan fanfarronadas.
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En el mismo año se publicó en
Barcelona de España una tragedia titulada Bruto o Roma Libre.
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