LORENZO MARIA LLERAS
En la historia del teatro colombiano ocupa lugar señaladísimo
como director de escena y estimulador de las aficiones de la
juventud, Lorenzo María Lleras, célebre institutor, que regentó el
Colegio del Rosario durante cuatro años, y después fundó el Colegio
del Espíritu Santo, en donde por siete años consecutivos presté
incalculables servicios a la juventud de su patria.
Estudió con provecho el doctor Lleras en los Estados Unidos, en
donde adquirió, aún en temprana edad, muy exacto conocimiento de
los idiomas francés e inglés, y dominé otras esferas del campo
literario, llegando a ser por esto uno de los que poseyeran, en
aquella época en que la instrucción estaba en mantillas, mayor suma
de caudal intelectual. A favor de su ilustración fue, pues, como le
tocó figurar de modo principal en la vida pública y en la carrera
de periodista, haciéndose notar desde luego como divulgador de las
más avanzadas teorías y ardoroso amigo de la libertad. Como
literato aguijábale la irresistible tentación de escribir en verso,
afición que hemos de suponer se despertó en él desde que era
estudiante, y sus maestros le obligaban a ocuparse en la versión al
castellano de cantos en la lengua de Racine.
De su iniciativa como tribuno vehemente en luchas políticas se
conserva la memoria de un hecho que prueba la decisión con que
acometían la defensa de sus principios. Después de haber dirigido
en esta ciudad La Bandera Nacional, hizo un viaje, que suponemos
sería de recreo, a Tunja, en donde hicieron sus adeptos, entusiasta
recibimiento, llegando hasta obsequiarle con un espléndido baile la
noche del 4 de diciembre de 1838.
A esta fiesta concurrieron la mayor parte de las familias
notables de la población. Elogiáronle en ella, por el valor,
constancia y firmeza con que exponía sus ideas, y le dedicaron
calurosos y simpáticos brindis. Fueron los principales los de los
señores Nicolás Correa, Domingo Soler, Francisco de P. Buitrago,
Joaquín Garcés, Gregorio Páez, Rafael Angulo, Antonio Prieto, etc.
El doctor Pedro Cortés, que era Rector del Colegio de Boyacá, dijo
en aquella ocasión: "Que la égida de Minerva sepulte las agonías de
las prevenciones: que de tal tumba pululen gérmenes de libertad y
de saber; y que la Provincia de Tunja, siempre libre y republicana,
recoja los frutos opimos de tan sagrados retoños"
El doctor Lleras contestó a aquellas manifestaciones con un
largo discurso, en verso, en el que decía que la fama le había
hecho creer que Tunja, por ser ciudad antigua, estaba atrasada,
exhibiéndose materialmente derruída; con pesados balcones y grandes
escudos de armas grabados sobre enormes piedras, labor ya un tanto
borrada por el tiempo; y que en medio de aquel juicio equivocado no
era lo que menos le mortificaban esos rasgos de antigua y
pretendida nobleza que creía subsistían allí. En su fantástica
descripción de cómo soñaba él encontrar a Tunja, añadía:
Ora creyera ver alguna vieja
Un solitario caserón cuidando:
Ora asomar por la desierta calle
Algún enorme blanquecino gato;
Ora ver melancólico al enfermo,
Sus corporales penas engañando,
Leyendo en El Carnero maravillas
De brujas, duendes y hórridos espantos;
Y ora, en fin, aparecer doquiera
De muerte signos, de Saturno estragos.
y terminaba encomiando la ciudad y sus moradores.
Muy pagado de la forma clásica andaba el doctor Lleras en sus
encariñamientos poéticos. Y esa poesía descriptiva, de tono
reposado y lánguido, enfática al hablar de libertad, era la que
predominaba en los noveles poetas de entonces, a quienes las
tragedias impulsaban hasta el melancólico frontis del templo de
Apolo.
Los poetas caraqueños vinieron a infundir nuevos bríos y a
despertar más altiva expresión en los bardos de la antigua Santafé,
siendo significativo el hecho de que a los hijos del Avila debamos
también los primeros gérmenes fructuosos de la libertad.
Mucha correlación de sentimientos, y cierta similitud en su
estreno poético nos ofrecen Lleras y Ortiz (D. José Joaquín). Del
segundo encontramos un canto a La Libertad, escrito el 10 de julio
de 1848, en el que ya se nota el esfuerzo por romper ese amanerado
e inútil diapasón de las tragedias:
¡Oh! dáme pronto un corredor brioso,
Que deje atrás al céfiro en su vuelo;
Porque perderme en el confín dudoso,
Veloz, cual los relámpagos, anhelo.
Valles profundos, solitarios montes,
Selvas, lagos callados y torrentes
Sabanas que os tendéis sin horizontes,
Fecundadas de soles esplendentes!
Abridme vuestro campo! Un pecho lleno
De dolor, vuestras auras -necesita:
Si la tremenda pena que me agita
Sólo puede calmarse en vuestro seno…
El 20 de julio se llama una canción patriótica compuesta por el
doctor Lleras para celebrar esa efemerides en el año de 1835.
Hubo un tiempo de aciaga memoria
Que tres siglos enteros duró;
Tiempo mudo, que nada a la historia
Sino torpe ignorancia legó;
Tiempo envuelto en niebla más densa,
Que la niebla que a Iberia envolvió,
Cuando albergue en su seno a una inmensa
Muchedumbre de bárbaros dio...
y el coro era el siguiente:
Viva el veinte de julio, patriotas,
Viva, viva, cien veces decid:
Las cadenas en él fueron rotas
Que a Granada impusiera Madrid.
Luego compuso el doctor Lleras otra, sugerida por la misma musa
patriótica: La Batalla de Boyacá:
Loor y gloria a los bravos que un día
Con asombro admiró Boyacá!
Loor y gloria a la noble porfía
De los héroes de la libertad.
y la última estrofa decía:
Boyacá! Boyacá! Tu memoria,
Para el leal corazón granadino
Será siempre la lluvia que vino,
A aplacar los ardores del sol.
Té. en el libro estarás de la Historia
Como están Maratón y Platea,
Y el recuerdo de aquesta pelea
Un tormento será al español.
El cuadro dramático La Pola, ideado por la pluma de D. Jenaro
Santiago Tanco, paisano de la sublime y denodada heroína, es
sencillo pero de fiel intención dramática. Figuran Pola, Rosita, su
amiga, prendada de Galeano, Alejo Sabaraín a quien se hace aparecer
como prometido esposo de la heroína, 11 Juan Sámano, Iglesias,
sargento realista, El Alcaide, Juana, criada, un Oficial español y
un Padre confesor. La escena comienza en la casa de Pola, en donde
es visitada por Rosita, por Galeano y su amante Sabaraín, quien se
despide de Pola, preparándose a ir a los Llanos a llevar los
papeles e instrucciones que ésta le ha confiado. Iglesias acecha a
Pola, a quien ama e importuna. Luego, en el cuadro 2, aparece
Sámano en su palacio persiguiendo los planes de los patriotas, y
llegan a darle cuenta de que han cogido presos a los conspiradores
que huían para el Oriente. Sabedor de que es una mujer, Pola, la
que preparaba aquella expedición, da orden de prenderla. Iglesias
trata de inducir a Pola a que se una con él y le salva la vida. La
heroína no tiene en su pecho más sentimiento irresistible que el de
morir por la patria. Confía en que su sacrificio no es estéril.
Morir por la Patria, es para ella dulce morir. Es conducida a la
presencia de Sámano; éste trata de halagarla con ofrecimientos de
dinero y de libertad si denuncia a sus cómplices. Todo en vano: la
noble hija del pueblo ha aprendido en el calor de sus generosos y
grandes sentimientos las más altas leyes del honor. La conducen a
estrecha prisión. Allí se ve de nuevo con su amante, con Rosita y
Galeano.
Es sacada por último, al suplicio y expira en él con valor de
mártir.
Como muestra de la creación literaria del autor, copiamos la
siguiente imprecación de Pola:
Qué es la vida entre cadenas?
Qué es vivir en la opresión
Si allí muere el corazón
Agobiado por las penas?
Para qué quiero, la vida?
Si he de ver continuamente
Al español insolente
Y a la patria envilecida?
Si he de mirar cada día
Los patriotas fusilados,
O lo que es peor, dominados,
Por la inicua tiranía?
Vivir así no es vivir
Es sufrir amarga suerte,
Es tener eterna muerte
Y la esclavitud sufrir!
Oh! yo quisiera morir
Por la Patria! Ese es mi anhelo
Volar del cadalso al cielo
Es para siempre vivir!
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|Aun cuando esta producción es posterior a la época de que
tratamos, 1834 a 1848, fue impresa en 1869, nos ha parecido que,
por su es tilo, asunto y tendencias, corresponde muy bien con lo
que pudiéramos llamar segunda época de la historia de las letras en
Colombia.
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