EL "COLISEO" - PRIMERAS REPRESENTACIONES TEATRALES
(Continuación)
El siguiente es el programa que en el mes de octubre de 1848
hizo circular Villalba en la capital, anunciando su función de
beneficio:
Teatro
"Gran función, para el domingo 19 del presente, a beneficio del
que suscribe, Director de la Compañía Lírica: dedicada a los
jóvenes antioqueños y bogotanos progresistas".
Respetable público:
"En fuerza de los grandes deseos que se han manifestado por ver
otra vez la nunca bien ponderada de El Barbero, y anhelando
corresponder, en cuanto esté a mis alcances, al distinguido aprecio
que se me ha dispensado por los granadinos ilustres, en distintas
épocas, no he perdonado medio para ponerla en escena con una grande
orquesta y lucidos coros: procurando con esto dar una leve prueba
de mi profunda gratitud por la gene rosa adhesión que se me
muestra.
"La función tendrá lugar en el orden siguiente:
"Grande obertura, anexa a la pieza.
"Opera bufa en tres actos:
"El barbero de Sevilla
"Superfluo sería hablar del mérito de esta famosa obra, más sí
anunciaré, por saber que causará general agrado, que la orquesta
será la que dirige el señor Guarín, aumentada con va- nos
aficionados; por lo cual se puede pronosticar su lucimiento,
asegurando que nunca se habrá oído igual en este teatro. Es de
advertirse, que tanto los profesores como los aficionados y
coristas, trabajarán en esta función sin exigir al beneficiado
ninguna remuneración, y sí solo por un obsequio de afectuosa
amistad".
"Si quedo airoso en mi elección y en el desempeño de lo que
ofrezco, daré por bien empleados mis afanes y esfuerzos.
"Francisco Villalba
"Personajes:
Conde de
Alma-Viva………………………..
Señor F. Hernández
D.
Bartola……………………………………
Señor F. Villalba
Rosita su
pupila………………………………
Señora J. L. de Díaz
Fígaro………………………………………...
Señor Eduardo Torres
D.
Basilio…………………………………….
Señor A. Chirinos
Fiorelo………………………………………..
Señor Abdalá
Estudiantes…………………………………..
Cronistas
Ronda de policía y patrulla".
Coincidiendo con el entusiasmo que al fin logró despertar por el
teatro el simpático y popular cómico Villalba, quien, a semejanza
del mimado actor Honorato Barriga, cambiaba o adulteraba en la
escena los versos de la obra por otros de su peculio, vinieron a
tener eco casi inusitado e increíble los que en favor de la música
y de su divulgación y perfeccionamiento hicieron entre nosotros el
entendido compositor venezolano D. Nicolás Quevedo Rachadel y D.
Enrique Price, un amateur enrengeé, como hoy se dice en la
terminología revistera de los salones. El último aún se dio trazas
de levantar en la Plaza de San Victorino los cimientos de un vasto
y adecuado edificio que las gentes de hace cuarenta años designaron
con el nombre de La Filarmónica. Por desgracia, aquella obra se
anticipaba en todo sentido a las necesidades y refinamientos de tan
difícil arte en Bogotá, y esos cimientos hubieron de quedar
inconclusos, y se destinaron, al correr del tiempo, para levantar
sobre ellos casas cómodas a la moderna, que hoy adornan esa
plaza.
La Sociedad Filarmónica, que organizaron Quevedo y Mr. Price,
tuvo gran cosecha de éxitos; ejecutó, durante los años de 1849 y
1859, una larga serie de conciertos que se veían
concurridísimos.
En el mes de noviembre de 1850, la Sociedad llevaba da dos,
durante el año, 36 conciertos, de las piezas, oberturas y trozos
más en boga y de más difícil interpretación. Los compositores
predilectos eran, necesariamente, los clásicos: Rossini, Verdi,
Carafa, Hunfen, Bendl, Bellini, Mozart, N. Louis, Weber, Lizt,
Newland, Lanner, Fesca, Bossisio, etc.
Los conciertos se efectuaban en el Salón de Grados, frente al
Palacio del Presidente.
Ocurre aquí como cosa natural agregar que la raza indígena posee
un sentimiento musical instintivo de una ejecución y belleza
perfecta, sentimiento inspirado en su profunda melancolía, cónsona
con los monótonos e inalterables paisajes de las tierras altas. A
quien no han sorprendido en el campo duranté la callada noche, los
acordes purísimos, llenos de ignota tristeza, que arranca al tiple
la mano desdeñosa del mísero la briego de nuestros campos?
Caicedo Rojas y Cordóvez Moure, éste en su obra titulada
Reminiscencias y aquél en sus Recuerdos y Apuntamientos, que antes
hemos citado, nos hacen saber que se representaron dos piezas
llamadas Los Proscritos Conjurados y Emilio, debidas al ingenio del
literato bogotano Rafael Alvarez Lozano, el que des de 1846
figuraba ya en el reducido grupo de autores dramáticos
nacionales.
Por lo demás, debe saberse que Alvarez Lozano, contemporáneo del
célebre y recordado D. Juan de Dios Aranzazu, era poeta galano,
culto, discreto, y no exento de corrección. Sus poesías lucen por
cierta naturalidad de buen gusto, nada común en aquellos tiempos, y
revelan un alma sencilla y creyente. En folleto no hay reunidas
sino unas pocas que aparecieron en 1841, en un librito de formato
tan pequeño, qué cualquiera al verlo se imaginaba que es una
novena. Iba adornado con viñetas, que entonces era el colmo de la
elegancia en trabajos de imprenta. Sabemos también que aquel ameno
cultivador de las letras era muy dado a la lectura; que estaba
dotado de talento fácil y comprensivo y de una viva imaginación.
Murió en Bogotá en el mes de abril de 1845, y había nacido en la
misma ciudad el 19 de junio de 1805. Fue hijo del señor Manuel de
Bernardo Alvarez y de la señora Josefa Lozano. Estudió en el
Colegio del Rosario, en donde obtuvo los grados de Licenciado y
doctor en Jurisprudencia. En el mismo colegio fue profesor, por
tres años consecutivos, de la clase de latín.
Parece como natural dar una muestra, por corta que sea, de la
forma poética de Lozano, a riesgo de que los lectores, inclinándose
a la comparación con otras modernas, la encuentren incolora:
AL TABACO
Por solitario sendero,
Cabalgando en un mal jaco,
Caminaba un parajero,
Y el viaje hacía llevadero
Celebrando su tabaco.
Canten los adoradores
De Marte, Venus y Baco,
Las gracias y los amores
Las guerras y los licores,
Yo solo canto al tabaco.
Cuando en el prado mullido,
Debajo de árbol frondoso,
Tranquilamente reposo
Con un tabaco encendido,
¡No envidio al más poderoso!