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INDICE
Capítulo I - Cómo se Funda un Gobierno
Capítulo II - El Oro y la Fuerza Capítulo III - Los Éxtasis de Candia Capítulo IV - El Retiro Capítulo V - La Herencia de Luque Capítulo VI - Una Vieja Amiga Capítulo VII - La Entrevista Capítulo VIII - Las Llanuras de Chupas Capítulo IX - La Ejecucion Capítulo X - El Secretario Rodriguez Capítulo XI - Nobleza e Infamia Capítulo XII - Llegada del Virrei Capítulo XIII - El Sello Real Capítulo XIV - El Caballero de la Capa Negra con Cabos de Plata Capítulo XV - Las Dos Serpientes Capítulo XVI - El Canto Salvaje Capítulo XVII - El Viaje Capítulo XVIII - El Crímen Capítulo XIX - Oidor y Virei Capítulo XX - Cepeda Capítulo XXI - Valor i Dignidad Capítulo XXII - Un Consejo Pedido i Rehusado Capítulo XXIII - El Juramento Capítulo XXIV - En Donde se Verá Quién era el Maese de Campo de Gonzalo Capítulo XXV - La Recompensa Capítulo XXVI - Extasis i Amor Capítulo XXVII - Tipos Caballerescos del Siglo XVI Capítulo XXVIII - La Vision Capítulo XXIX - Exámen de Cuentas Capítulo XXX - Quince Años Despues Capítulo XXXI - El Castigo del Cielo Capítulo XXXII - Muerte de Núñez Capítulo XXXIII - Lo que Pasaba Entretanto en la Corte Capítulo XXXIV - Pedro de la Gasca Capítulo XXXV - Batalla de Xaquinxuana Capítulo XXXVI - La Ejecucion Epílogo |
CAPÍTULO XXXVI
LA EJECUCION
Carvajal habia presenciado la funesta desercion del ejército i desde una pequeña eminencia, i léjos de aflijirse, obedeciendo a su buen natural, se habia puesto a cantar como en otras veces
Cuando todo concluyó, se dejó cojer prisionero i llevar a donde el presidente con toda la batahola con que se conduce un javalí vivo por una docena de alegres cazadores. El primero con quien topó la entusiasta comitiva fué con Centeno, quien disgustado del modo como trataban a aquel Nestor de las batallas, reprendió ágriamente a los soldados. -Ola! esclamó Carvajal, i hai quien se interese por mí? -Sí, señor, dijo Centeno adelantándose. -I quién sois vos? preguntó de nuevo el cano guerrero, finjiendo no conocer a Centeno. -Pues qué! no me conoceis? -Perdonad, pero como siempre os he visto de espaldas, no habia podido hacer memoria de vuestro rostro. El mordaz viejo hacia alusion a las diferentes derrotas que habia dado al militar. El pacificador no anduvo parco en su justicia, i al dia siguiente no mas se levantaron dos patíbulos sobre el mismo campo de batalla. En el uno debia ser decapitado Gonzalo Pizarro i en el otro descuartizado Carvajal. Cuando le notificaron la sentencia a este último, dijo: -Yo bien sabia que la inventiva del |capellan es tan corta que no podia hallar otro modo de vengarse que matandome. Mucha jente habia concurrido a presenciar el efecto de la notificacion de la sentencia en Carvajal, i hubo un individuo entre todos que se adelantó hasta ofrecer sus servicios al veterano, diciéndole: -En cierta ocasion me perdonásteis la vida, i creo de mi deber hacer algo por vos. -Bien, dijo con prontitud Carvajal, pues dadme ahora la libertad. -Oh! por desgracia no puedo dárosla; pero pedid lo que gusteis, pues ardo en deseos de pagaros el servicio que os debo. El veterano cerró un poco los ojos, como cuando se quiere ver mas concentrando la vista, i despues de mirar detenidamente a su interlocutor, le dijo: -I sabeis lo que estoi pensando? que nada me debeis agradecer, pues si no os quitó la vida en esa ocasion que decís, fué porque pensé que no merecia la pena el quitárosla. Con lo que todo el mundo se rió a su sabor, i el protector se retiró amostazado hasta no poder mas. El último amigo i el mas sincero de todos, el confesor, llamó en seguida a la puerta de la prision del guerrero. Carvajal lo recibió con respeto, pero no quiso confesarse, so pretesto de que no tenia de qué arrepentirse. Rogado i exhortado en demasía por el sacerdote, díjole: -Ah! sí, perdonad, que os estoi engañando. Tengo una deuda sagrada que no he pagado: es medio real que quedé debiendo a una bodegonera de Sevilla. Ojalá vuestra paternidad se lo remitiera por la posta. I el hombre fué inflexible hasta el fin. Marchando ya para el patíbulo, el sacerdote suplicante i ferviente le decia_ -Decid siquiera |Pater voster, Ave Mariía. I Carvajal en vez de rezar esta oraciones comunes al cristiano, repetia simplemente |Pater noster, Ave Maria, como burlándose del sombrío aparato de la muerte de afrenta que le esperaba. Habiéndolo conducido al lugar del último suplicio en un seron o cesto de mimbres tirado por mulas, entró en él diciendo: -En cuna vine al mundo, en cuna saldré de él para no faltar a mi destino. Los últimos momentos de Pizarro fueron bien distintos en verdad. Permaneció en su tienda paseándose muchas horas segadas; no recibió a nadie, i cuando le notificaron la sentencia se acostó i durmió. Levantóse luego i pidió un confesor, i estuvo encerrado con él varias horas del dia. La ejecucion debia tener lugar al llegar el sol al meridiano, i en ese punto, i sin aguardar a que nadie lo llamase, salió Pizarro de su tienda, vestido con toda la pompa de sus mejores dias. Sobre el justillo llevaba una magnífica ropa de armas de terciopelo amarillo bordada de oro: el sombrero era de la misma tela. Habia peinado su barba caudal i negra como el ébano, i sus cabellos, perfectamente rizados, hacian resaltar notablemente los ángulos convejos de su frente de héroe. Montó en la mula de la justicia, mas como para ir a dar un corto paseo, que para encaminarse al cadalso; i luego se dejó conducir por una tropa de frailes, que rezaban a sus costados i le presentaban crucifijos a su alrededor. El por su parte no quitaba los ojos de una imájen de la Vírjen que llevaba en las manos i de quien habia sido devoto toda su vida. De cuando en cuando palidecia i suspiraba, pero no era por la muerte sino porque se acordaba de su hija idolatrada. Subió al cadalso con pié seguro, i despues de dirjir una mirada imponente a la multitud, díjole: -Si hai entre todos vosotros alguno que recuerde que fué amigo mio, que mande decir algunas misas por el bien de mi alma. Nada tengo que me pertenezca ya sino son las ropas que tengo encima, i eso ellas son del verdugo. En seguida echó una mirada furtiva ácia el lado del valle donde habian estado sus reales, i todavía alcanzó a divisar la especie de sepulcro blanqueado, frio i solitario, que formaba su tienda, i sintiendo que los ojos se le llenaban de lágrimas entregó su cuello al verdugo; este vibró el hacha en los aires, i todo concluyó para el |último de los Pizarros. Su cuerpo, despues del golpe, aún permaneció por algunos segundos parado; parecía que el héroe daba a la multitud esa última prueba de su valor indomable! Un sollozo jeneral fué la mejor plegaria que se levantó sobre su cadáver. La cabeza del ajusticiado fué llevada a Lima i puesta en una escarpia en un camino público junto a la de Carvajal,.con un tablero al pié, en que se leía: Esta es la cabeza del traidor Gonzalo Pirarro, que se hizo justicia de él en el valle de Xaquinxaguana, donde dió la batalla campal contra el estandarte real, queriendo defender su traicion i tiranía: ninguno sea osado de quitarla de aquí, so pena de muerte natural. |
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