CAPÍTULO XXXIII
LO QUE PASABA ENTRETANTO EN LA
CORTE
El caballero Vaca de Castro, preso a bordo de un buque de la
escuadra del rei en el mar del Sur, logró seducir a su tripulacion,
i dió vuelta España portador de todas las nuevas sucedidas en el
Perú. La conducta de los reyes no ha sido siempre mui noble que
digamos, i el consejero se vió arrastrado a una prision de Estado
como Hernando Pizarro, acusado de haber adoptado durante su mision
a las colonias medidas violentas i arbitrarias i de haberse
guardado los fondos reales. Detúvolo este cargo
|doce años en
la fortaleza de Arévalo, al cabo de los cuales logró sincerarse, i
volvió a recuperar su puesto en el consejo de S. M, i allí murió
luego tan pobre como ántes de su funesto empleo, pues el altivo
castellano no habia hecho sino cumplir con su deber, sin especular
ni robar a la Corona.
La noticia de los últimos trastornos del Perú llenó de
consternacion a la corte, residente entónces en Valladolid. Cárlos
V estaba a la sazon en Alemania ocupado en arreglar las
turbulencias relijiosas de sus Estados, i las riendas de la
monarquía descansaban en las manos del sombrío príncipe conocido
despues bajo el nombre de Felipe II.
El grande imperio del sol estaba a punto de escaparse del yugo
de fierro del monarca batallador que debia terminar despues su vida
bajo un sayal, víctima de necias preocupaciones. Era pues preciso
hacer mucho en el asunto, i Felipe reunió un consejo de prelados
jurisconsultos i de militares esperimentados, a fin de deliberar
sobre las medidas que debieran adoptarse para salvar las colonias
de la anarquía que las devoraba. Calificóse en dicho consejo la
conducta de Pizarro como una atroz rebelion; i decidióse en el
primer momento que se emplease la fuerza para vengar la majestad
ultrajada. Empero, este partido no prevaleció, i despues de
discusiones mui detenidas, el consejo concluyó por nombrar de
comisionado al Perú a un cleriguillo contrahecho, de piernas largas
i flacas, i de cuerpo raquítico, pues de la cintura a los hombros
tenia escasa una tercia; su rostro era notablemente feo, ¡lo
descarnado de él i de sus manos, hacian mas bien un espectro que un
hombre de semejante personaje.
Tal fué la persona escojida por los consejeros del príncipe para
derrocar la usurpacion del apuesto soldado que dominaba en el Perú.
Era esta una burla, o la mas refinada política?
Su nombre era Pedro de la Gasca.
Recordemos lo que dice la historia acerca de este estupendo
personaje.
Pedro de la Gasca nació probablemente a fines del siglo XV en un
pequeño pueblo de Castilla llamado el Barco de Avila. Procedia por
ámbas vias de antiguo i noble linaje; bien antiguo por cierto si,
como aseguran sus biógrafos, desciende de Casca, uno de los
victimarios de Julio César. Habiendo perdido a su padre en edad
temprana, fué puesto por su tio en el famoso seminario de Alcalá de
Henares, fundado por el cardenal Cisneros. Hizo allí unos estudios
mui notables, i acabó por recibir el grado de maestro en
teolojía.
La guerra de las Comunidades asolaba entónces la Península, i el
jóven teólogo se olvidó por algun tiempo de sus libros, i echando
mano de la espada, defendió bizarramente una de las puertas de
Alcalá contra los ataques de los insurrectos logrando conservársela
a la corona.
De Alcalá pasó Gasca a Salamanca, donde se hizo célebre en las
disputas escolásticas, que desde Aristóteles hasta Bacon han traido
revuelto al mundo de los declamadores; obtuvo allí altos i bien
merecidos títulos académicos. En seguida se le confió un puesto en
el sacro consejo de la inquisicion.
En 1540 fué enviado a Valencia a examinar unas causas de herejía
que lo entretuvieron dos años, i fué tal su habilidad e
imparcialidad en ellas, que los Estados de Valencia lo nombraron
visitador del reino, que fué mucho hacer, pues el uso era no dar
este encargo sino a individuos naturales de la corona de Aragon.
Gasca cumplió su nuevo encargo con una virtud catoniana; i tuvo
ocasion de prestar importantes servicios al pueblo de Valencia
cuando la intentada invasion franco-turca al mando del terrible
Barbaroja, quien fué rechazado por el inquisidor con un valor i con
una tenacidad dignos de elojio.
Esos eran los precedentes del hombre escojido para pacificar el
Perú, es decir, el pais, donde acababan de estrellarse los
esfuerzos i la intrepidez de Vaca de Castro i el virei Núñez, i que
necesitaba de cíclopes armados como los Almagos i Pizarros. Añadase
a esto que Gasca tenía los modales mas insinuantes, el conocimiento
mas profundo del corazon humano, lo mismo que de la política i el
arte militar, i júzguese en seguida del acierto de la eleccion.
Cárlos V la aprobó lleno de placer, i escribió ácia el verano
de1545 a Gasca, de su puño i letra, colmandolo de elojios i
ofreciéndole no sabemos qué obispado vacante entónces.
Gasca aceptó la difícil mision, i pasó a tener una entrevista
con el príncipe don Felipe.
Díjole este en ella que las arcas reales estaban abiertas i a su
disposicion, que pidiera lo que necesitase. A lo cual respondió el
inquisidor:
-Señor, la misma que se me confia es en un todo delicada, i
estaria mejor a mis achaques la paz doméstica, que las ajitaciones
de la guerra; pero mi patria me llama, i nunca he dejado de ir a su
servicio. Para ir de pacificador al Perú yo no pido armas, dinero
ni soldados; bástanme solo mis hábitos i mi breviario. Dadme
autorizaciones jenerales sobre todo punto que pueda ocurrir, i
parto al instante pero nada de gastos ni de aparato militar.
Comprendo bien vuestros proyectos, respondióle el principe, pero
lo que pedís es superior a lo que se puede concederos. Los vireyes
mismos no han sido nunca revestidos de tanta autoridad así.
-Vedlo bien, pues, señor, observó humildemente el inquisidor; i
si no podeis hacer lo que digo, pensad en otro que vaya a esa
mision.
El príncipe no dejo de desconcertarse con esto, i aconsejó a
Gasca que le escribiese una carta al Emperador su padre, residente
a la sazon en Flándes, esponiéndole. los motivos de la autoridad
sin limites que pedia. Hízolo Gasca así, i Cárlos V, mas sagaz que
todos sus ministros, contestó al prelado aprobando su plan, i
enviando una buena porcion de cédulas en blanco con la firma real
para que usara de ellas como le pareciese.
Este primer triunfo de Gasca sobre los cortesanos de Valladolid
no produjo mas que una sonrisa tan lijare en sus lábios, que se
estinguió casi ántes de juguetear en ellos.
No hubo pues niugun aparato de guerra, ni embarque de soldados,
ni movimiento de cañones, i el comisionado con el simple título de
presidente de la Audiencia, i acompañado de Alonso de Alvarado, el
antiguo compañero de Pizarro, se hizo a la vela en San Lúcar a 26
de mayo de 1546.
Nunca desde el Pelayo hasta esa época se habían conferido a
súbdito alguno de la monarquía española poderes tan ámplios; pero
era la verdad que nadie envidiaba al humilde prelado. Popular hasta
donde es dable que lo sean los hombres de un talento superior, como
no tenia mas prenda que ese talento, pocos eran sus enemigos; i
ademas lo favorecia demasiado el traje santo que vestia, respetable
en todos tiempos i lugares, pero mayormente en la cristiana
Castilla.
Se le vió pues partir sin envidia, i mas se le creia mártir que
feliz. Veremos el desenlace de su ardua comision.