INDICE




Capítulo I - Cómo se Funda un Gobierno
Capítulo II - El Oro y la Fuerza
Capítulo III - Los Éxtasis de Candia
Capítulo IV - El Retiro
Capítulo V - La Herencia de Luque
Capítulo VI - Una Vieja Amiga
Capítulo VII - La Entrevista
Capítulo VIII - Las Llanuras de Chupas
Capítulo IX - La Ejecucion
Capítulo X - El Secretario Rodriguez
Capítulo XI - Nobleza e Infamia
Capítulo XII - Llegada del Virrei
Capítulo XIII - El Sello Real
Capítulo XIV - El Caballero de la Capa Negra con Cabos de Plata
Capítulo XV - Las Dos Serpientes
Capítulo XVI - El Canto Salvaje
Capítulo XVII - El Viaje
Capítulo XVIII - El Crímen
Capítulo XIX - Oidor y Virei
Capítulo XX - Cepeda
Capítulo XXI - Valor i Dignidad
Capítulo XXII - Un Consejo Pedido i Rehusado
Capítulo XXIII - El Juramento
Capítulo XXIV - En Donde se Verá Quién era el Maese de Campo de Gonzalo
Capítulo XXV - La Recompensa
Capítulo XXVI - Extasis i Amor
Capítulo XXVII - Tipos Caballerescos del Siglo XVI
Capítulo XXVIII - La Vision
Capítulo XXIX - Exámen de Cuentas
Capítulo XXX - Quince Años Despues
Capítulo XXXI - El Castigo del Cielo
Capítulo XXXII - Muerte de Núñez
Capítulo XXXIII - Lo que Pasaba Entretanto en la Corte
Capítulo XXXIV - Pedro de la Gasca
Capítulo XXXV - Batalla de Xaquinxuana
Capítulo XXXVI - La Ejecucion
Epílogo
CAPITULO XXX QUINCE AÑOS DESPUES*

El momento de ir al altar los dos esposos se aproximaba rápidamente.

Gonzalo lo esperaba con alguna tranquilidad sentado en el salon principal con su acompañamiento de lucidos oficiales, entre los que se hacian notar el maese de campo por la austeridad de su vestido en un todo contraria a la de su bellísimo humor, Díaz, Puelles i demas caballeros de Lima.

Jilma, por su parte, estaba en la pieza vecina, vestida ya de novia i postrada sobre un reclinatorio de carei i marfil. Sus ojos despedian rayos de felicidad, su labio sonreía, i solo su corazon estaba quieto, mudo, como indiferente a una dicha que no comprendia o que no alcanzaba siquiera a divisar.

Empero, la plegaria de Jilma no iba dirijida a María, la madre de Dios, como era de suponerse en tales momentos. Habia ántes de aquella amorosa reina de las divinidades, otro recuerdo i otra esperanza en la mente de la virjen indiana: ese era el recuerdo de su madre. Jilma no la habia conocido, i léjos de amarla como a un ser semejante suyo, la amaba con el respeto misterioso i casi con la fe con que se ama a los ánjeles. He ahí por qué la plegaria de Jilma en momento tan supremo no se elevaba a Dios. A una madre, como que se quiere i se respeta tanto como a un santo, para no invocar su recuerdo i pedir su favor ántes de dar un paso tan grave i que puede decidir de la suerte de toda la vida.

Jilma pues hablaba a su madre Azucena, muerta hacia quince años, i le contaba la historia de sus bellos amores en el silencio del éxtasis i con la sublimidad de la pasion.

Ella decia:

-Goza del dulce embeleso del primer amor, dulce corazon mio! Goza, puesto que el labio de Gonzalo, tibio como los primeros rayos del sol de los céfiros i las flores, se ha posado castamente sobre mis mejillas, i entre sus brazos me ha estrechado feliz como se estrecha una flor contra el seno! Su corazon latia bajo la malla con son rumoroso de amor por eso soi feliz, madre mia! I tú, tú tambien lo eres, porque desde el cielo, donde moras con Dios, puedes volver tus ojos ácia mí i contemplarme bañada en ricas ilusiones i dulces esperanzas! Hoi vuelve a mi frente la augusta corona de los reyes nuestros mayores, i a sus joyas brillantes i a su gloria de veinte siglos, trae unidos los ababoles i las rosas con que la ha adornado la mano dilijente del amor.

Hoy debe partir Gonzalo conmigo su nombre i su raza...... sonríeme, madre, desde el cielo, pues soi mui feliz! Yo pudiera darle en cambio flores, tesoros, prados i palacios; pero no le daré nada, porque él solo me pide mi corazon, i que lo ame casi tanto como a Dios, por ser así como aman las hijas del sol!

Quedó la desposada sumida en el deleite de sus alegrías por algun tiempo mas, hasta que siendo llegada la hora apareció Gonzalo para conducirla al altar.

Recibiólo Jilma llena de afecto i de pasion, i el héroe pagóle con un beso casi relijioso, porque él sentia mas bien un respeto sagrado por la huérfana de Manco, que un afecto de amante. I no hai duda que ese beso tenia algo de misterioso o de terrible, porque un golpe inesperado de huracan ajitó en aquel punto las ventanas de la estancia, oscureció súbitamente el cielo, i fué a morir en los cercanos corredores con un lamento semejante al de un moribundo que llora.

Jilma púsose pálida hasta el desmayo, i Gonzalo, sin saber por qué, se acordó de Azucena la noche aquella que la habia visitado cerca de los baños de Cajamarca.

Amante i amada temblaron con una convulsion igual, i por instinto mútuo se detuvieron ántes de salvar el umbral que debía conducirlos al altar sagrado de los esposos.

Abrióse entónces la puerta con fuerza estraña, i entrando Zuma en el aposento, temblante i ajitada, dijo a Gonzalo con aire de autoridad i de reconvencion:

-Señor, qué pasa aquí?

-Nada estraño, amiga: vamos a desposarnos.

-A desposaros decís? esclamó la esclava, i su vista inquieta iba del rostro de Jilma al de Gonzalo con la mayor ajitacion.

-Qué hai pues? preguntaron a un tiempo los dos amantes.

-Bien, voi a decíroslo, repuso Zuma enjugándose ya con mas tranquilidad las grandes gotas de sudor que le cubrian el rostro. Capitan Gonzalo ¿recordais que hace hoi quince años, que una tarde al morir el día, llegasteis a Cajamarca poco tiempo despues de la muerte del inca Atahuallpa?

-Lo recuerdo, respondió el héroe estremeciéndose, pero sin poder comprender aún de lo que se trataba.

-Recordais que despues de dejar la jente en los cuarteles, os fuisteis a descanzar en el palacio de Manco inca?

-Lo recuerdo.

-Pues bien. En una de las estancias de su palacio, reclinada la cabeza sobre pieles de leon, i el cuerpo envuelto en mantas de vicuña, os esperaba una mujer.

Jilma volvió a mirar a Gonzalo sin comprender, i este, rojo como la misma grana, dijo a Zuma:

-Seguid!

-A los piés de esa mujer, que no era sino la esposa del príncipe de los peruanos, velaba otra mujer. El cortinaje que cubria las puerta de la entrada se ajitó de pronto, como se ajita el follaje de un árbol estremecido por el viento de la noche. La Coya lanzó un grito de amor; i la esclava que le hacia compañía vió i conoció a los pálidos fulgores de una luna poniente, a un caballero español, vestido de acero, i apoyado en su lanza.

-I qué? preguntó con enfado el último de los Pizarros, no viendo en la relacion de Zuma mas que una trama para desbaratar su enlace con Jilma.

-Debo acaso concluir, señor? interrogó a su vez la india con entereza i duda.

-Sí, Zuma, hablad; decid quién era ese caballero español, dijo Jilma desesperada de afan por su madre.

Zuma se contentó solo con levantar el brazo i mostrando a Gonzalo con marcada sangre fria, díjole:

-Señora se lo podeis preguntar al capitan.

-Gonzalo, con que erais vos?

-Sí, Jilma, no puedo ni debo negarlo.

-Infeliz! gritó la princesa bañada en lágrimas. Ah! Gonzalo, i así os atreveis a darme el titulo de esposa?

Este sin comprender apénas lo que le pasaba, echó sobre Jilma una mirada de estremo dolor, i volviéndose a Zuma la mandó continuar hasta el fin.

Zuma continuó.

-Al otro dia no mas, señor, como vos lo sabeis fuese la jente del poblado con la primera luz de la aurora, i no volvimos a saber del misterioso caballero. Un año despues moria Azucena depositando en mis brazos una criatura i diciendo: "Zuma, a vos la confio. Hacedla bautizar i que se llame |Jilma. Su padre es Gonzalo Pizarro."

-Mi padre! gritó Jilma avergonzada, i amante a un mismo tiempo.

-Mi hija! balbució el héroe, i fué ufano i arrepentido a recibir en sus brazos a la que valia entónces para él mas que todas las esposas del mundo: a su hija, la bella prenda de sus amores con la incomparable Azucena.

La noche sorprendió muchas horas despues al padre i a la hija, que vertian lágrimas de felicidad i de pena sobre sus ya inútiles despojos nupciales.

* Este capítulo corresponde al. titulado "quince años ántes" de la parte tercera de "LOS PIZARROZ"

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