INDICE




Capítulo I - Cómo se Funda un Gobierno
Capítulo II - El Oro y la Fuerza
Capítulo III - Los Éxtasis de Candia
Capítulo IV - El Retiro
Capítulo V - La Herencia de Luque
Capítulo VI - Una Vieja Amiga
Capítulo VII - La Entrevista
Capítulo VIII - Las Llanuras de Chupas
Capítulo IX - La Ejecucion
Capítulo X - El Secretario Rodriguez
Capítulo XI - Nobleza e Infamia
Capítulo XII - Llegada del Virrei
Capítulo XIII - El Sello Real
Capítulo XIV - El Caballero de la Capa Negra con Cabos de Plata
Capítulo XV - Las Dos Serpientes
Capítulo XVI - El Canto Salvaje
Capítulo XVII - El Viaje
Capítulo XVIII - El Crímen
Capítulo XIX - Oidor y Virei
Capítulo XX - Cepeda
Capítulo XXI - Valor i Dignidad
Capítulo XXII - Un Consejo Pedido i Rehusado
Capítulo XXIII - El Juramento
Capítulo XXIV - En Donde se Verá Quién era el Maese de Campo de Gonzalo
Capítulo XXV - La Recompensa
Capítulo XXVI - Extasis i Amor
Capítulo XXVII - Tipos Caballerescos del Siglo XVI
Capítulo XXVIII - La Vision
Capítulo XXIX - Exámen de Cuentas
Capítulo XXX - Quince Años Despues
Capítulo XXXI - El Castigo del Cielo
Capítulo XXXII - Muerte de Núñez
Capítulo XXXIII - Lo que Pasaba Entretanto en la Corte
Capítulo XXXIV - Pedro de la Gasca
Capítulo XXXV - Batalla de Xaquinxuana
Capítulo XXXVI - La Ejecucion
Epílogo
CAPITULO XI NOBLEZA E INFAMIA

Reinó en la sala un momento de angustia mortal. El terror no dejaba al licenciado ir mas adelante en sus investigaciones; Fortun, arrepentido de haber sido un poco brusco en el modo de dar cuenta de su comision, parecia resuelto a no decir mas; i Rodríguez paraba ansiosamente la oreja desde la pieza inmediata, deseoso de no perder una sola palabra de las que se iban a decir.

Tendria entónces este buen personaje de nuestra historia, de cincuenta a cincuenta i cinco años, su faz era rubicunda como un tomate, su nariz larga i afilada, sus labios sumamente delgados i cárdenos, sus ojos pequeños, hundidos i brilladores, i su cabeza, calva en el centro, dividia a un lado i a otro de su frente, contrahecha i angulosa, algunos mechones de cabellos ásperos i grises.

-I bien, Fortun? se atrevió a murmurar el Gobernador.

-Lo quereis saber todo, señor? preguntó el recien llegado con notable inquietud.

-Sí, todo, todo; no me omitais nada, por Dios.

Rodríguez oyó este lastimoso |por Dios del consejero, i estiró la cabeza por encima del brazo de la silla para oir mejor.

El infame acechaba desde su puesto como un crótalo envejecido i débil, que acecha entre las ramas el paso del conejo en el desierto.

-Pero, señor, es tan cruel todo lo que tengo que deciros.

-No mas dilaciones, amigo Fortun; al fin soi un hombre como cualquiera otro.

-Oid pues, dijo el mensajero como quien toma una resolucion súbita i desesparada: el virei ha entrado ya en la tierra peruana,

-Cómo! el virei? preguntó Castro estupefacto.

Con efecto, lo que Fortun acababa de decir tenía un significado espantoso en las circunstancias en que se encontraban los diferentes personajes con quienes hemos de tocar en el curso de esta historia. Rodriguez mismo se paró bruscamente del asiento, llevóse a la oreja la pluma de ave conque estaba trabajando i fuése a poner con el aire mas hipócrita del mundo sobre el quicio de la puerta que daba al salon de la conferencia.

-Sí. señor, continúo Fortun imperturbable: el Emperador ha nombrado para sustituiros en el mando del Perú al caballero Blasco Núñez Vela, natural de Avila i antiguo servidor del reino.

-Es decir?... articuló Castro enjugándose el rostro enrojecido entónces por la emocion i la cólera.

-Es decir, que en vez de haber sido confirmado por Su Majestad en vuestros empleos, habeis sido despojado de ellos ignominiosamente.

-De manera?... volvió articular el abatido caballero.

-De manera que nada sois ya en el Perú, i que correis un gran riesgo de ser decapitado a vuestro turno en la plaza pública, como Almagro el jóven.

Esta idea, aunque remota, era mui halagüeña para el secretario, por lo que sus ojos relampaguearon de alegria.

Castro sintió que se le escapaba la vida i se puso a pasear ajitadísimo por el salon. Al voltear vió a Rodríguez que se enjugaba los ojos, i fuese a él para estrecharle la mano diciéndole:

-No os aflijais, mi buen amigo: no he caido aun.

El acento del Gobernador era tan noble i leal, que Fortun volvió a otra parte los ojos lleno de afliccion.

-Cómo no me he de aflijir. señor, si aún no sé lo que será de vos.

Estas frases de Rodríguez eran terriblemente equívocas, pero Castro las tomó por el buen lado, i volvió a estrechar entre las suyas la mano arrugada i glacial de su aflijido secretario.

Hubo despues una pausa no mui larga, porque el Gobernador, volviéndose a Fortun, le dijo:

-Es decir que, léjos de recompensar mis servicios de tres años, la Corona me despoja de todo deshonrándome.

-Sí, señor, os despoja de todo, pues el nuevo virei está ya en marcha para Lima.

-Tan pronto?

-Oh! señor, no es tan pronto, pues salió de San Lúcar el 3 de noviembre de 1543, i estamos ya en noviembre de 1544.

-I viene solo?

-Oh! no, que viene con él una Audiencia, compuesta de cuatro oidores, i un numeroso séquito de oficiales.

-Una Audiencia tambien! esclamó Castro, i cojiéndose la cabeza con ámbas manos, volvió a mirar a Rodríguez como para comunicarle su asombro; empero el sensible secretario, no pudiendo presenciar tal espectáculo de horrible desengaño, acababa de escabullirse por una escalera interior.

-Lo veis, Fortun? el pobre Rodríguez ha sido inferior a mi desgracia, i se ha retirado a llorarla.

Oyóse en aquel punto el galope de un caballo que se alejaba a toda brida, pero era aquello una cosa de cada momento en el Cuzco para que llamáse la atencion de los dos interlocutores.

-Sí, señor, continuó Fortun, el virei trae consigo una Audiencia...   pero no es esto solo.

-Pues qué?

-Trae tambien un código para las colonias.

-Un código decís?

-Sí, señor, un código u ordenanzas espedidas últimamente por la Corona a causa de una junta habida en Valladolid, en las cuales se reconoce a los indios como muí fieles i mui leales súbditos de Castilla, se los hace libres, i se organizan estas colonias sobre las bases de un vireinato.

-Con que no eran simples rumores los de las ordenanzas?

-Simples rumores! no, señor; i ya el virei Núñez ha empezado a ponerlas en planta.

-Qué imprudencia! Decís?...

-Digo que el virei Núñez ha empezado a ponerlas en planta, i su primer acto ha sido embargar en Nombre de Dios un buque cargado de plata que debia hacerse a la vela para España, so pretesto de que dicha plata era producto de trabajo de esclavos.

-Es decir que el virei reputa a los indios de aquí como esclavos?

-Es decir eso. Pero hai mas, Blasco Núñez ha hecho tambien soltar en Panamá trescientos indios que sus propietarios habian llevado allí para trabajar en sus tierras, i los ha devuelto a sus pueblos; i esto contra el dictámen jeneral de la Audiencia.

-Con que es tan resuelto así?

-Oh! por lo que es resolucion, creo que el virei la tiene de sobra. I bien, señor, qué pensais hacer?

-Fortun, creeis luego que el hombre que sabe cumplir con su deber tenga nada que pensar.

-Es que yo de vos no aceptaria al virei, i sus ordenanzas mucho ménos. Mirad que se va a alborotar la tierra de muerte.

-Es probable, Fortun, que se alborote i que corra Sangre a torrentes como otras veces, pero no seré yo nunca el que contribuya a semejantes desgracias.

-Es que el único medio de evitarlas seria el dejar las cosas en el pié en que se encuentran hoi, no reconociendo a Núñez en su carácter de virei, i mandando una embajada a Castilla a hacer presente al Emperador lo inconsulto de las ordenanzas.

-No, Fortun, él sabrá lo que hace, i sobre su frente caiga la sangre de las víctimas o las bendiciones de los agraciados. El dictado de rei es mui grande i tiene muchas responsabilidades para que ningun hombre pueda llevarlo sobre la tierra; el que lo acepta, que cargue con todas sus consecuencias.

-Quiere decir que vamos a someternos.

-Sí, Fortun; ese es nuestro deber.

-I yo que me halagaba con la idea de salir al encuentro de ese fatuo de Núñez.

-No os afaneis por eso, que ya habrá quien lo combata, i acaso quien lo venza.

-No veo quien pueda hacerlo en esta tierra de estúpidos i aduladores.

-Os olvidais, Fortun, de un hombre para quien va a empezar una série de glorias.

-Un hombre decís, señor no alcanzo a verlo.

-Sí, pero no es porque esté mui léjos, sino porque vos estais mui abajo. Ese hombre es Gonzalo Pizarro.

-Teneis razon, señor; Gonzalo Pizarro, lo habia olvidado. I por la mente de Fortun cruzó un pensamiento de gloria.

-Sí, continuó Vaca de Castro, Gonzalo Pizarro es el que va ahora a levantarse como el leon descansado, i a oponerse de frente al virei; no hai que dudarlo. I lo peor de todo es que los pueblos en masa van a seguirlo... I el consejero abatió la cabeza como silo agobiara la gloria que entreveía para otro, cuando ninguno mejor que él estaba llamado a disfrutarla.

-Parece que envidiais el destino futuro de Pizarro?

-Oh! sí, Fortun, lo envidio.

-Pues entónces...

-Oh! no, nunca, Fortun.... ántes morir. Pizarro puede aceptar el destino que le parezca, porque él es libre; pero yo no: yo soi el empleado de la Corona, i hai mucha diferencia entre un traidor i un rebelde.

-Bien, dijo Fortun entónces con algo de embarazo; permitidme que os haga una súplica.

-Hacedla, Fortun.

-Permitid que os abandone.

-Abandonarme en tales circunstancias

-Sí, señor; tengo necesidad de pelear contra el hombre que ha venido a agotar todas vuestras esperanzas.

-Pero qué vais hacer

-No me acabais de decir que hai un hambre en el Perú que puede desobedecer i combatir al virei?

-Sí; Gonzalo Pizarro.

-Pues voi a unirme a él.

-Fortun!

-Ya veis, señor, que no os abandono por el poder triunfante, sino por el poder caido, que no voi adular sino a pelear: espero pues que me comprendereis.

-Oh! sí, querido Fortun, dijo el de Castro echando sus brazos al cuello del jóven; os comprendo i os dejo partir. Al lado de Pizarro teneis un porvenir; al lado mio no hai ya mas que sombras, i acaso el cadalso. Partid!

I los dos amigos se estrecharon con efusion. En seguida se separaron.

Castro fué a buscar a Rodríguez, pues tenia algunas órdenes que darle; i Fortun fué a buscar su caballo para irse a donde Pizarro.

Empero, no parecieron caballo ni secretario.

-Qué hai? dijo Vaca de Castro viendo a Fortun que venia sonriéndose.

-Pues qué ha de haber, sino que se han llevado mi troton.

-I quién?

-Eso es lo que vais a tener el gusto de adivinar.

-Yo?

-Sí, vos.

-No sé.

-Pues Rodríguez, el mismo que lloraba hace poco por vuestra caida.

-El? preguntó el Gobernador estupefacto.

-Sí, señor, él, él; quien dijo al centinela al salir: Tenemos un nuevo virei, seguidme i vamos a besarle las plantas.

-I es por eso que os reis?

-No, señor; es porque el infame ha creido que a donde estaba llegando el virei era al Cuzco i no a Lima.

-Vaca de Castro meneó la cabeza con amargura, había mucha vileza en la accion de Rodríguez para no hacerlo así.

anterior | índice | siguiente