INDICE




Capítulo I - Cómo se Funda un Gobierno
Capítulo II - El Oro y la Fuerza
Capítulo III - Los Éxtasis de Candia
Capítulo IV - El Retiro
Capítulo V - La Herencia de Luque
Capítulo VI - Una Vieja Amiga
Capítulo VII - La Entrevista
Capítulo VIII - Las Llanuras de Chupas
Capítulo IX - La Ejecucion
Capítulo X - El Secretario Rodriguez
Capítulo XI - Nobleza e Infamia
Capítulo XII - Llegada del Virrei
Capítulo XIII - El Sello Real
Capítulo XIV - El Caballero de la Capa Negra con Cabos de Plata
Capítulo XV - Las Dos Serpientes
Capítulo XVI - El Canto Salvaje
Capítulo XVII - El Viaje
Capítulo XVIII - El Crímen
Capítulo XIX - Oidor y Virei
Capítulo XX - Cepeda
Capítulo XXI - Valor i Dignidad
Capítulo XXII - Un Consejo Pedido i Rehusado
Capítulo XXIII - El Juramento
Capítulo XXIV - En Donde se Verá Quién era el Maese de Campo de Gonzalo
Capítulo XXV - La Recompensa
Capítulo XXVI - Extasis i Amor
Capítulo XXVII - Tipos Caballerescos del Siglo XVI
Capítulo XXVIII - La Vision
Capítulo XXIX - Exámen de Cuentas
Capítulo XXX - Quince Años Despues
Capítulo XXXI - El Castigo del Cielo
Capítulo XXXII - Muerte de Núñez
Capítulo XXXIII - Lo que Pasaba Entretanto en la Corte
Capítulo XXXIV - Pedro de la Gasca
Capítulo XXXV - Batalla de Xaquinxuana
Capítulo XXXVI - La Ejecucion
Epílogo
CAPITULO VIII LAS LLANURAS DE CHUPAS

Despues de algunos dias el jóven virei pasó revista a sus tropas en la plaza de la ciudad, i esta presentaba un total de setecientos guerreros, todos mui lucidos, i compartidos así: doscientos arcabuzeros, doscientos cincuenta entre piqueros i alabarderos, i doscientos i cincuenta caballos; la artillería de primera calidad, i los indios auxiliares inumerables.

Vaca de Castro habia ido de Popayan a Quito, i de Quito a Lima con la velocidad de! relámpago; no le faltaba ya sino el último cuarto de la jornada, i Almagro resolvió salir a su encuentro para derrotarlo.

El comisionado español contaba con el prestijio que da siempre la legalidad i con las grandes prendas de su talento personal; por su parte el usurpador tenía uno de los ejércitos mejores que se habian visto en América. El combate iba a ser, pues, digno de los dos.

Sinembargo, Vaca probó hacer la paz, i Almagro le respondió con la guerra. Vaca envió parlamentarios con doble carácter al campo enemigo, i Diego descubrió i ahorcó a esos parlamentarios.

El uno queria el triunfo por medio de la negociacion falsa i los recursos mañosos; el otro lo queria noble i valeroso sobre los campos de batalla.

Vaca, apesar de su mucho valor, era un cortesano del siglo XVI; Almagro era un soldado de los tiempos heroicos.

No podía ser de otra manera, i los dos ejércitos rivales, encarnizados como todo ejército de discordias civiles, avanzaron sobre las tremendas llanuras de Chupas.

El licenciado Vaca de Castro puso su jente en escuadron, i en el órden siguiente: a mano derecha la infantería junto con el estandarte real, que iba a cargo de Alonso de Alvarado; i a mano izquierda las cuatro compañías de a caballo, que mandaban los bizarros Pedro Alvarez Holguin, Gómez de Alvarado, Garcilaso de la Vega (padre) i Pedro Anzures.

El fuego debia empezarlo Nuño de Castro con sus escelentes arcabuzeros, haciendo una falsa salida, i el licenciado permaneceria a retaguardia con treinta de a caballo, escojidos entre sus filas, i con los cuales debía apoyar todos los movimientos arriesgados de su jente.

Almagro no llegó al campo hasta dos horas ántes de la puesta del sol, circunstancia que hizo esclamar al comisionado de la Corona;

-Si yo fuese Josué para detener el sol, no desconfiaría de la victoria.

Almagro por su parte dispuso su jente sobre el tope de una eminencia vecina, colocando la artillería entre los infantes i los caballos, i esperando los avances de los de Castro para ametrallarlos sin piedad.

Comprendió el licenciado lo falso de su posicion militar i lo ventajoso de la de Almagro, i estuvo a pique de diferir el combate hasta el próximo dia; mas, opúsose a ello Francisco de Carvajal, guerreró eminente i glorificado con los hechos de armas de Ravena, Pavía, saco de Roma por Borbon, toma de Méjico por Cortes, i mil mas que habian hecho de él el decano de los batalladores de su siglo i la primera lanza de la conquista. Vaca cedió i mandó avanzar con toda la solemnidad del momento.

El jóven Almagro hizo jugar su artillería con un éxito aterrador, i los soldados de Castro retrocedieron espantados ante el ondeo marcial de las blancas banderas de su jente.

El estruendo era horrible, i Almagro, a la cabeza de sus soldados mas atrevidos, montado sobre un caballo blanco como la nieve, cuyas narices arrojaban fuego, i vestido de oro i sedería como el convidado mas espléndido de aquel festin de pólvora i de sangre, el mas sublime de todos los festines del hombre, realizaba los sueños de su niñez, i se embriagaba con el humo i los encantos del combate, como pudiera embriagarse con el aliento de aromas de la vírjen de sus amores. Era una voluptuosidad nueva e indescribible la que se derramaba por todas sus venas; i por gozar de ella un segundo no mas, bien pudieran darse cien años de vida i mil horas de felicidad. Ese era el momento supremo de la vida del héroe adolescente; gozarlo, era agotarse, i su mision de epopeya i laureles estaba concluida!

Era tan nutrido el fuego de los de Almagro sobre las jentes del consejero de Su Majestad, que este conoció bien presto que corría un peligro muí grande si continuaba acercándose de frente al contrario; por lo que, i siguiendo siempre los consejos de Carvajal, efectuó un movimiento de circunvalacion, que vino a colocarlo contra el flanco mas débil de los de Almagro, i a protejerlo de las balas enemigas, gracias a las colinas que interceptaban el camino.

Sobre este flanco, que era el izquierdo, estaban tendidos en cuadro inmenso los indios auxiliares, al mando de Paullo, hermano de Manco; pero bastaron a Carvajal unas pocas descargas de arcabuzería para ponerlos fuera de combate.

Terminado el rodeo de los collados, las tropas de Vaca de Castro vinieron a encontrarse cara a cara con las del virei, i la batalla se empeñó de una manera jeneral. Sinembargo, la artillería, que estaba a las órdenes de Candía, empezó a dirijir los tiros por alto, de suerte que no hacian daño alguno a los soldados enemigos. Notólo al punto Diego, que como un buen jeneral estaba en todo, i metiendo espuelas a su caballo atravesó a Candia de una lanzada i le dejó muerto en el acto.

Candia nó era culpable hasta el estremo de estar haciendo traicion directa a Almagro, pero, cruzado de brazos, i sin arma alguna, dejaba a los artilleros que cometiesen mil torpezas seguidas. De pié i sereno junto a los falconetes, rato hacía que esperaba una baja contraria, para él muí amiga, que lo privase de la vida; pero la muerte le habia respetado largo tiempo i lo respétaba todavía. Cuando vió a Diego que se lanzaba sobre él i comprendió su intencion, una sonrisa de desprecio i lástima ajitó sus labios por última vez, i se resignó a su destino, cuando aún podia luchar i vencer.

Tal fué el último momento del héroe.

Muerto Candia, Diego trepó sobre uno de los cañones, i poniendo su poderoso pié en la boca a fin de bajarlos hasta el frente del enemigo, hizo que le prendieran fuego quedándose encima, como para dar aquella leccion de acierto i serenidad a sus artilleros. el tiro de Almagro fué terrible, pues echó por tierra unos doce soldados de la caballería enemiga.

Este primer suceso, volvió las esperanzas al jóven, i, bajo sus órdenes inmediatas, la artillería hizo por una hora mas estragos horribles.

La noche avanzaba sombría i el desaliento empezaba a cundir en las tropas de Castro, por lo que Carvajal resolvió apelar a ese último recurso de toda batalla desesperada: una carga de caballería. Sonaron pues las trompetas i todos los caballeros del rei, dando el grito de carga i maltratando los hijares de sus brutos, se lanzaron contra los de Diego con valor inaudito.

Este creyó desdoroso para su sangre permanecer quieto, i esperar el ataque a la defensiva, i poniéndose al frente de los suyos, bajó del collado al llano con la velocidad de un torrente. El choque primero fué mortal; no quedó una lanza servible, i pocos fueron los caballos que no cayeron de ancas o rodaron por el suelo bañados en sangre. Mandó Carvajal a su jente que hiriera solo a los caballos dejando ilesos a los jinetes, i en ménos de un segundo fué tal el tumulto de los de Almagro, que apénas atinaban a mantenerse sobre las sillas, perdiendo estribos i lanza.

Deshecha así la arrogante caballería de Diego, faltaba aún destruir la artilleria, que, correjida con la muerte de Candía, abria anchísimos claros en los peones del consejero, i no los dejaba entrar para nada en pelea; pero esta empresa era un juego para Carvajal. Quitóse en efecto el yelmo i la coraza, ámbas piezas de magnífico acero milanes, a pretesto de que lo embarazaban demasiado, i quedándose solo con su partesana i su coleto de algodon, se entró terriblemente por entre las columnas de fuego i humo de los cañones, i pulverizando a los artilleros, se adueñó de las piezas.

Holguín, que, como se recordará, mandaba la izquierda de los realistas, habia muerto desde el principio de la accion, atravesado por dos balas de arcabuz.

-Lástima de túnica, decían los soldados de Almagro, reparando en la rica vestidura de terciopelo blanco que aquel desgraciado jefe habíase puesto sobre su armadura; está hecha trizas i toda ensangrentada.

El valiente jefe no les merecía un suspiro siquiera.

La noche habia entrado hacia rato i la oscuridad era cada vez mas profunda; sinembargo, el combate no habia perdido por esto su intensidad primera, i por aquí i por allí se oian el rudo chocar de las espadas en los combates singulares, las maldiciones i gritos de los heridos, el ronco i breve sonido de las trompetas, el bufar de los caballos espirantes, i todo ese rumor sordo i satánico que hace de un campo de batalla la miniatura de un infierno.

Piquetes de caballería andaban arriba i abajo gritando i lanceando a todos cuantos encontraban. Vaca de Castro preguntaba por Almagro, i este por Vaca de Castro. -Nosotros fuimos los asesinos de Pizarro venid i matadnos, gritaban unos en su desesperacion-Maldito sea el consejero, decian otros, i todos contribuían a formar un ruido sordo i terrible como el lejano bramido del mar pasado el ímpetu de una tempestad.

A las nueve ya no se oia ni se veia nada, aunque los restos de los dos ejércitos no dejaron de molestarse bastante toda la noche con frecuentes descargas de fusilería i toques de corneta.

A la mañana siguiente encontróse Vaca de Castro dueño del campo i de todas las banderas de Almagro. Empero, de este no se sabia nada. Habia muerto? no, porque no se encontraba su cadáver por ninguna parte. Lo mas probable era que hubiera huido.

Recojiéronse los cuerpos de los oficiales de distincion muertos en aquella jornada fratricida, i fueron remitidos a Guamanga, poblacion vecina, para que se les diese sepultura sagrada. Caváronse en seguida dos grandes fosos, i en ellos fueron echados sin distincion de bandos los quinientos o seiscientos hombres que perecieron durante las cuatro horas de refriega, Candía cayó en este número, i nadie hubo que prestare al verdadero héroe de la conquista los ultimos socorros que la caridad no niega nunca a los hombres. Se le enterró con todos los demas, i ni una cruz ni una inscripcion quedó de señal sobre su tumba, fria i sola como lo es todo en el desierto.

Atahuallpa siquiera habia tenido una loca que llorase sobre su cadáver.

Pizarro habia sido aderezado con su traje de muerto por dos antiguos criados de su casa.

Solo Candia no tenia un amigo ni un pariente en aquella hora solemnísima, en que tanto se necesita de los cuidados de una madre o de las finezas de un compañero. Sinembargo, Candia habia muerto como le correspondia: sobre el campo de batalla. Su tumba era la tumba comun de los valientes. Eso era ser soldado hasta el fin.

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