CAPITULO I
COMO SE FUNDA UN GOBIERNO
Grande era la muchedumbre de jente que estuvo todo el domingo 26
de junio de 1541 en la plaza de Lima, frente por frente del palacio
de su Gobernador.
Pintábase el asombro en sus rostros curiosos, i nadie se atrevía
a proferir una palabra siquiera. Qué acontecía pues?
Lo que acontecía era que los de Chile acababan de asesinar al
marques Francisco Pizarro, i todo el mundo callaba ante semejante
temeridad.
Mas ¿qué decir ni qué intentar, si el héroe de auquel
acontecimiento sombrío, Diego de Almagro, el jóven, era paseado en
triunfo por las calles de la ciudad casi por todos los militares de
Lima, i hubiera bastado solo alzar un poco la voz para caer muerto
de una estocada o de un arcabuzaso?
Por otra parte, el pueblo no veía en el asesinato del marques
mas que un acontecimiento natural, aunque algo retardado, pues
todos los caballeros de la conquista habian muerto de la misma
manera.
Nadie pues se levantó para protestar contra hecho semejante, i
cuando la comitiva que, con Almagro a la cabeza, lo proclamaba jefe
del imperio, llegó a la plaza principal, todo el mundo unió sus
víctores a los de los soldados i a los de Rada, jefe i director de
aquella partida de sangre.
Así pasó el dia. Durante la noche hubo iluminaciones i orjías, i
el sol siguiente no volvió sobre la ciudad sino para presenciar
escándalos i muertes.
La segunda víctima de los conspiradores fué Antonio Picado,
célebre secretario del marques, que, acusado de guardar los tesoros
de este, fué puesto en tormento por los de Chile para que
denunciare su paradero. Picado no sabia nada, o no quiso decir, i
la horca fué el resultado de su silencio.
Sucedíase a esto el espanto mas grande en toda la ciudad, i no
hubo vecino que no se apresurase a rendir homenaje al poder
naciente, cuyo pedestal no parecía ser sino de cadáveres.
Como hemos dicho en otra parte, los de Chile estaban en la mayor
miseria cuando resolvieron llevar adelante su idea de matar al
marques i de alzarse con el Perú; dueños ahora de la capital, fué
su primer paso el poner en prisiones a todos los parciales de los
Pizarros, despojándoles de sus repartimientos, armas i caballos, en
lo que diéronse tal arte i tal prisa, que a los pocos dias, no mas,
ya la corte del nuevo Gobernador era la mas lucida del imperio.
Al hambre i a la desnudez pasadas sucedíanse ahora el lujo i la
abundancia mas esquisitos, i por la capa aquella de los trece
caballeros de Rada, tenía ahora trece capas cada uno. Usaban armas
costosísimas, i sus caballos i sus plumas eran de los mejores del
levante.
Almagro se embriagaba de gozo al contemplarse señor i soberano
de un imperio tan vasto i poderoso como el de los incas, i su
sonrisa era de doble orgullo i altivez al pensar que, cuando mas,
frisaria entónces en los veinte i dos años de edad!
Empero, una gran desgracia vino a turbar la hermosa serenidad de
estos pensamientos, i fué esta desgracia la muerte casi repentina
del caballero Juan de Rada, Nestor de los de Chile, i consejero
poderoso del jóven rei.
Rada terminaba víctima de los años i de los últimos tristes
achaques de su vida; pero nada era comparable al vacío hondo que
dejaba entre sus partidarios, acostumbrados a verse guiar por él a
los peligros i a la gloria.
El dolor de los primeros dias fué un dolor abrumante, pero bien
pronto sacólos Almagro de su abatimiento diciéndoles:
- No parece sino que hubiera sido yo el muerto. Animo, señores,
que yo tambien conozco mi deber.
Seis dias despues levantó bandera para el Cuzco seguido de cien
caballos i trescientos infantes.
El héroe-niño sabia mui bien calzarse las espuelas i ceñirse la
espada.
La muerte de Rada dejaba al lado de Almagro un hueco poderoso
que todos los oficiales quisieron llenar. Ese hueco, decian ellos,
es el de la privanza del jefe ocuparlo es poseer el imperio.
Ellos se equivocaban sin duda, pues, no obstante su juventud,
Almagro valía mas que todos sus oficiales juntos, i su estrella lo
estaba poniendo en camino de ser un Escipion o un Anníbal.
Con todo, entre los que aspiraban a la privanza no tardaron en
hacerse notables Cristóbal de Sotelo i García de Alvarado. Sotelo
era capitan en la batalla de Salinas, tristemente desgraciada para
el padre del héroe; Alvarado, por su parte, habia sido en otro
tiempo teniente de Trujillo, en América.
Tal vez por mero capricho, o tal vez porque las prendas
personales de Sotelo fuesen mejores que las de García, Almagro dió
en distinguirlo desde el principio, i lo mandó al Cuzco en
descubierta para que le preparase la opinion de la ciudad, e
hiciera de su bando a todos los hombres de armas que encontrara a
su paso.
Favoreció la suerte a Sotelo, i redujo la ciudad fácilmente,
teniendo a la llegada de Almagro grande acopio de armas, dinero i
vestidos. Tal suceso no pudo ménos de herir el orgullo de García, i
esto hasta tal punto, que una mañana, estando en la plaza principal
rodeado de varios amigos, se cambiaron algunas palabras de
descontento, i García se fué sobre Sotelo i le atravesó el pecho
con su daga.
Los circunstantes echaron mano a las espadas i todo hacía temer
una conflagracion espantosa, cuando apareció Almagro en medio del
tumulto, i con su voz i sus consejos logró calmarlo todo.
La insolencia de García creció en público con este suceso, mas
en privado no dejaba de traerlo cuidadoso el ceño de su jóven
capitan i sus palabras de resfrio i alejamiento.
Pasáronse así algunos dias, i las cosas iban para García de mal
en peor, hasta que teniendo una conferencia con sus amigos, convino
en que lo mas urjente era matar al hijo del mariscal, i proclamarse
él Gobernador del Perú.
El plan era arriesgado, pero obrando con algo de actividad todo
se conciliaba.
Dispúsose, en consecuencia, un banquete suntuoso en casa de
García, al cual se convidé a Almagro con muchas instancias i
súplicas, protestándole que el objeto del obsequiante no era otro
que el de confesar su culpa i pedirle público perdon.
Almagro dijo simplemente que asistiría, i pasóse a esperar con
ánsia el dia fijado para la comida.
Al fin llegó este, i todos los convidados concurrieron puntuales
a la casa de García, escepto Almagro, quien se hizo esperar hasta
pasadas las dos. Viendo que no venía, mandóle García un atento
recado, recordándole su promesa, i diciéndole que solo faltaba él
para servir la comida. Contestó a esto Almagro que estaba
indispuesto, i que no podía concurrir.
Viendo García por el suelo su plan, salió en persona con algunos
amigos i se dirijió al palacio del jóven. Encontrólo efectivamente
recostado en la cama, pero puesta la cota i ceñidas al cinto espada
i daga.
- Levántese, vuesa señoria, dijo el privado, que no ha de ser
grave la indisposicion, i nosotros tendremos a grande honor su
compañía.
- Bien, dijo Almagro levantándose, i pidió su capa para
seguirlo.
Los acompañantes de García, dando la cosa por hecha, empezaron a
salir de la pieza, mas avanzándose en aquel punto Pedro de Oñete,
oficial de Almagro, dió de mano a la puerta que era de golpe, i la
cerró diciendo a García:
- Sed preso, señor.
- Preso no, sino muerto, dijo en aquel punto el hijo del
mariscal, i echando mano por la espada se la dejó clavada en el
corazon.
Atumultuóse la jente del Cuzco con tal noticia, i todos fueron
al pié de palacio a gritar venganza; pero el jóven Almagro no era
hombre a quien pudiesen avasallar las voces de una multitud
ignorante i salvaje. Salió, pues, al balcon llevando en la mano la
espada aún ensangrentada con que había dado muerte a García, i
alzándola en alto esclamó:
- Esta es, españoles, el arma que ha ejecutado la muerte que
tanto reprobais. Pero sabed que García era asesino i traidor: habia
matado a Sotelo i conspiraba contra mí. En adelante ese, i no otro,
será el premio de sus imitadores.
En seguida se entró a su habitacion, i los amotinados se
retiraron de la plaza vacilantes i abochornados.
Tal fué el primer acto de Gobierno del jóven usurpador. El
pueblo lo encontró valiente, i lo respetó. Eso era lo bastante por
el momento.