INDICE




Capítulo I - Cómo se Funda un Gobierno
Capítulo II - El Oro y la Fuerza
Capítulo III - Los Éxtasis de Candia
Capítulo IV - El Retiro
Capítulo V - La Herencia de Luque
Capítulo VI - Una Vieja Amiga
Capítulo VII - La Entrevista
Capítulo VIII - Las Llanuras de Chupas
Capítulo IX - La Ejecucion
Capítulo X - El Secretario Rodriguez
Capítulo XI - Nobleza e Infamia
Capítulo XII - Llegada del Virrei
Capítulo XIII - El Sello Real
Capítulo XIV - El Caballero de la Capa Negra con Cabos de Plata
Capítulo XV - Las Dos Serpientes
Capítulo XVI - El Canto Salvaje
Capítulo XVII - El Viaje
Capítulo XVIII - El Crímen
Capítulo XIX - Oidor y Virei
Capítulo XX - Cepeda
Capítulo XXI - Valor i Dignidad
Capítulo XXII - Un Consejo Pedido i Rehusado
Capítulo XXIII - El Juramento
Capítulo XXIV - En Donde se Verá Quién era el Maese de Campo de Gonzalo
Capítulo XXV - La Recompensa
Capítulo XXVI - Extasis i Amor
Capítulo XXVII - Tipos Caballerescos del Siglo XVI
Capítulo XXVIII - La Vision
Capítulo XXIX - Exámen de Cuentas
Capítulo XXX - Quince Años Despues
Capítulo XXXI - El Castigo del Cielo
Capítulo XXXII - Muerte de Núñez
Capítulo XXXIII - Lo que Pasaba Entretanto en la Corte
Capítulo XXXIV - Pedro de la Gasca
Capítulo XXXV - Batalla de Xaquinxuana
Capítulo XXXVI - La Ejecucion
Epílogo
CAPITULO I COMO SE FUNDA UN GOBIERNO

Grande era la muchedumbre de jente que estuvo todo el domingo 26 de junio de 1541 en la plaza de Lima, frente por frente del palacio de su Gobernador.

Pintábase el asombro en sus rostros curiosos, i nadie se atrevía a proferir una palabra siquiera. Qué acontecía pues?

Lo que acontecía era que los de Chile acababan de asesinar al marques Francisco Pizarro, i todo el mundo callaba ante semejante temeridad.

Mas ¿qué decir ni qué intentar, si el héroe de auquel acontecimiento sombrío, Diego de Almagro, el jóven, era paseado en triunfo por las calles de la ciudad casi por todos los militares de Lima, i hubiera bastado solo alzar un poco la voz para caer muerto de una estocada o de un arcabuzaso?

Por otra parte, el pueblo no veía en el asesinato del marques mas que un acontecimiento natural, aunque algo retardado, pues todos los caballeros de la conquista habian muerto de la misma manera.

Nadie pues se levantó para protestar contra hecho semejante, i cuando la comitiva que, con Almagro a la cabeza, lo proclamaba jefe del imperio, llegó a la plaza principal, todo el mundo unió sus víctores a los de los soldados i a los de Rada, jefe i director de aquella partida de sangre.
 

Así pasó el dia. Durante la noche hubo iluminaciones i orjías, i el sol siguiente no volvió sobre la ciudad sino para presenciar escándalos i muertes.

La segunda víctima de los conspiradores fué Antonio Picado, célebre secretario del marques, que, acusado de guardar los tesoros de este, fué puesto en tormento por los de Chile para que denunciare su paradero. Picado no sabia nada, o no quiso decir, i la horca fué el resultado de su silencio.

Sucedíase a esto el espanto mas grande en toda la ciudad, i no hubo vecino que no se apresurase a rendir homenaje al poder naciente, cuyo pedestal no parecía ser sino de cadáveres.

Como hemos dicho en otra parte, los de Chile estaban en la mayor miseria cuando resolvieron llevar adelante su idea de matar al marques i de alzarse con el Perú; dueños ahora de la capital, fué su primer paso el poner en prisiones a todos los parciales de los Pizarros, despojándoles de sus repartimientos, armas i caballos, en lo que diéronse tal arte i tal prisa, que a los pocos dias, no mas, ya la corte del nuevo Gobernador era la mas lucida del imperio.

Al hambre i a la desnudez pasadas sucedíanse ahora el lujo i la abundancia mas esquisitos, i por la capa aquella de los trece caballeros de Rada, tenía ahora trece capas cada uno. Usaban armas costosísimas, i sus caballos i sus plumas eran de los mejores del levante.

Almagro se embriagaba de gozo al contemplarse señor i soberano de un imperio tan vasto i poderoso como el de los incas, i su sonrisa era de doble orgullo i altivez al pensar que, cuando mas, frisaria entónces en los veinte i dos años de edad!

Empero, una gran desgracia vino a turbar la hermosa serenidad de estos pensamientos, i fué esta desgracia la muerte casi repentina del caballero Juan de Rada, Nestor de los de Chile, i consejero poderoso del jóven rei.

Rada terminaba víctima de los años i de los últimos tristes achaques de su vida; pero nada era comparable al vacío hondo que dejaba entre sus partidarios, acostumbrados a verse guiar por él a los peligros i a la gloria.

El dolor de los primeros dias fué un dolor abrumante, pero bien pronto sacólos Almagro de su abatimiento diciéndoles:

- No parece sino que hubiera sido yo el muerto. Animo, señores, que yo tambien conozco mi deber.

Seis dias despues levantó bandera para el Cuzco seguido de cien caballos i trescientos infantes.

El héroe-niño sabia mui bien calzarse las espuelas i ceñirse la espada.

La muerte de Rada dejaba al lado de Almagro un hueco poderoso que todos los oficiales quisieron llenar. Ese hueco, decian ellos, es el de la privanza del jefe ocuparlo es poseer el imperio.

Ellos se equivocaban sin duda, pues, no obstante su juventud, Almagro valía mas que todos sus oficiales juntos, i su estrella lo estaba poniendo en camino de ser un Escipion o un Anníbal.

Con todo, entre los que aspiraban a la privanza no tardaron en hacerse notables Cristóbal de Sotelo i García de Alvarado. Sotelo era capitan en la batalla de Salinas, tristemente desgraciada para el padre del héroe; Alvarado, por su parte, habia sido en otro tiempo teniente de Trujillo, en América.

Tal vez por mero capricho, o tal vez porque las prendas personales de Sotelo fuesen mejores que las de García, Almagro dió en distinguirlo desde el principio, i lo mandó al Cuzco en descubierta para que le preparase la opinion de la ciudad, e hiciera de su bando a todos los hombres de armas que encontrara a su paso.

Favoreció la suerte a Sotelo, i redujo la ciudad fácilmente, teniendo a la llegada de Almagro grande acopio de armas, dinero i vestidos. Tal suceso no pudo ménos de herir el orgullo de García, i esto hasta tal punto, que una mañana, estando en la plaza principal rodeado de varios amigos, se cambiaron algunas palabras de descontento, i García se fué sobre Sotelo i le atravesó el pecho con su daga.

Los circunstantes echaron mano a las espadas i todo hacía temer una conflagracion espantosa, cuando apareció Almagro en medio del tumulto, i con su voz i sus consejos logró calmarlo todo.

La insolencia de García creció en público con este suceso, mas en privado no dejaba de traerlo cuidadoso el ceño de su jóven capitan i sus palabras de resfrio i alejamiento.

Pasáronse así algunos dias, i las cosas iban para García de mal en peor, hasta que teniendo una conferencia con sus amigos, convino en que lo mas urjente era matar al hijo del mariscal, i proclamarse él Gobernador del Perú.

El plan era arriesgado, pero obrando con algo de actividad todo se conciliaba.

Dispúsose, en consecuencia, un banquete suntuoso en casa de García, al cual se convidé a Almagro con muchas instancias i súplicas, protestándole que el objeto del obsequiante no era otro que el de confesar su culpa i pedirle público perdon.

Almagro dijo simplemente que asistiría, i pasóse a esperar con ánsia el dia fijado para la comida.

Al fin llegó este, i todos los convidados concurrieron puntuales a la casa de García, escepto Almagro, quien se hizo esperar hasta pasadas las dos. Viendo que no venía, mandóle García un atento recado, recordándole su promesa, i diciéndole que solo faltaba él para servir la comida. Contestó a esto Almagro que estaba indispuesto, i que no podía concurrir.

Viendo García por el suelo su plan, salió en persona con algunos amigos i se dirijió al palacio del jóven. Encontrólo efectivamente recostado en la cama, pero puesta la cota i ceñidas al cinto espada i daga.

- Levántese, vuesa señoria, dijo el privado, que no ha de ser grave la indisposicion, i nosotros tendremos a grande honor su compañía.

- Bien, dijo Almagro levantándose, i pidió su capa para seguirlo.

Los acompañantes de García, dando la cosa por hecha, empezaron a salir de la pieza, mas avanzándose en aquel punto Pedro de Oñete, oficial de Almagro, dió de mano a la puerta que era de golpe, i la cerró diciendo a García:

- Sed preso, señor.

- Preso no, sino muerto, dijo en aquel punto el hijo del mariscal, i echando mano por la espada se la dejó clavada en el corazon.

Atumultuóse la jente del Cuzco con tal noticia, i todos fueron al pié de palacio a gritar venganza; pero el jóven Almagro no era hombre a quien pudiesen avasallar las voces de una multitud ignorante i salvaje. Salió, pues, al balcon llevando en la mano la espada aún ensangrentada con que había dado muerte a García, i alzándola en alto esclamó:

- Esta es, españoles, el arma que ha ejecutado la muerte que tanto reprobais. Pero sabed que García era asesino i traidor: habia matado a Sotelo i conspiraba contra mí. En adelante ese, i no otro, será el premio de sus imitadores.

En seguida se entró a su habitacion, i los amotinados se retiraron de la plaza vacilantes i abochornados.

Tal fué el primer acto de Gobierno del jóven usurpador. El pueblo lo encontró valiente, i lo respetó. Eso era lo bastante por el momento.

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