EN UNAS BODAS
¡Venturoso el que en sus penas
De una amante ve la mano
Que lo arrulle y lo consuele
Y enjugar sepa su llanto!
¡Ay del triste que la vida
Pasa solo, abandonado,
Sin cariño, sin consuelo!
¡Ay del pobre solitario!
¡Venturosos los que juntos
De la luna al quieto rayo
Mecen la cuna de un niño,
Himnos de amor murmurando!
¡Ay del triste que en los montes
Sin un viviente a su lado
Contempla al sol que se hunde!
¡Ay del pobre solitario!
¡Dichosos, sí, los que esperan
Que de un hijo el dedo blando
En el lecho de la muerte
Cierre sus ojos cansados!
¡Ay del que, en la hora postrera,
Los brazos al cielo alzando,
Llame a un amigo... y espire!
¡Ay del pobre solitario!
¡Oh, ¡venturosos aquellos
Que entre el eterno descanso
Sientan verter en su tumba
Lágrimas, flores y ramos!
¡Ay del triste que, durmiendo
En un túmulo ignorado,
Ni un solo suspiro escuche!
¡Ay del pobre solitario!
Marzo, 1835.