NOTAS DEL AUTOR
1. El texto del Dr. Channing se ha citado en inglés por no
alterarlo. Hállase en sus
|Observaciones sobre la vida y carácter
de Napoleón Bonaparte, y hace parte de un trozo en que aquel
elocuente unitario, una de las más puras glorias de la América del
Norte, tan distinguido por su piedad y por la santidad de su vida,
cuanto por su amor apasionado a la libertad republicana, explica la
causa principal del triste éxito que tuvo la gran revolución
francesa del siglo pasado. El trozo es tan bello y conviene tan
bien a los socialistas de hoy, tanto de Europa como de América, que
no podemos abstener-nos de traducirlo aquí por entero.
«¿Cómo pudo suceder, exclama, que triunfase así la tiranía? ¿que
las esperanzas con que desde aquí saludábamos a la revolución
francesa se hayan así desvanecido? ¿que un usurpador arrancase así
hasta las últimas raíces del árbol de la libertad para plantar en
su lugar el despotismo? No debemos ir muy lejos por la causa y ella
es tal que nunca se recordará con demasiada frecuencia a los amigos
de la libertad. La Francia abortó por falta de aquella
|preparación moral sin la cual es imposible realizar las
glorias de la República. No estaba madura para el alto bien que
buscaba: era demasiado corrompida para ser libre. Sin duda que la
Francia tenía que lidiar con una grande ignorancia política; pero
si esa ignorancia no hubiese sido agravada por un profundo defecto
moral, los franceses al fin se hubieran abierto el camino de las
instituciones republicanas. Era su carácter lo que les impedía ser
libres; ahora deben parecernos extrañas las esperanzas que por
ellos alimentábamos entonces. ¿Cómo pudimos creer que triunfase una
libertad cuyo principal apóstol había sido aquel impío
desvergonzado, aquel mofador sin entrañas, Voltaire? La mayor parte
de los predicadores de la libertad francesa se habían deshecho de
cuantas convicciones ennoblecen la mente humana. El lazo que une el
hombre con Dios se apresuraron a romperlo, declarando que no había
un Dios en quien confiar en la gran lucha por la libertad. La
inmortalidad del hombre, esa verdad que es la semilla de toda
grandeza, era sólo para ellos el objeto de sus sarcasmos. Ante su
triste filosofía, el hombre era una criatura del acaso, un
compuesto de materia, un gusano de un día, que pronto debía
podrirse y perecer para siempre. ¡Qué insensatez esperar que
semejantes hombres pudiesen labrar la emancipación de su raza! ¡que
en semejantes manos las esperanzas y los más caros derechos de la
humanidad pudiesen estar seguros! ¡La libertad! ¡ellos con su
contacto no más la mancillaban, con su aliento no más la
corrompían, y aun así confiábamos en que saliese sana y gloriosa de
sus asquerosos abrazos! ¡Y de hombres que sin rebozo fundaban la
moral en el interés privado, aguardábamos los sacrificios, la
abnegación, las heroicas virtudes que la libertad siempre reclama
de sus generosos defensores».
2. ESTROFA III.
¡Oh! ¡siglos ha que el punto está juzgado!
En el Evangelio Cristo perdonó al gentil, a la samaritana, a la
prostituta, al publicano, aun al bandido; sólo la hipocresía del
fariseo no perdonó.
3. ESTROFAS X a XV.
|¡Eso es la libertad!
La definición de la libertad contenida en esos versos, es la
misma que el autor dio de la República, casi con las mismas
palabras, en un artículo publicado en Cartagena en los primeros
días de noviembre de 1850.
4. ESTROFA XV.
¡La que en la tierra de Franklin he visto!
En toda lengua, y más en poesía, los nombres extranjeros, que
deben ser leídos por muchos que no saben cómo pronunciarlos con
arreglo al idioma a que pertenecen, deben considerarse sujetos a la
prosodia del idioma en que se introducen. Así los ingleses dicen
|Napóleon, como Quintana dice
|Neutón:
...Lanzado
Veloz genio de
|Newton tras ellos...
Los que creen que sería mejor
|Néuton, piensan así porque
ignoran tanto el castellano en el cual no se dice
|pérdon ni
|bláson, ni
|Bréton, como el inglés, en el cual no se
dice
|Néuton ni
|Neutón, sino
|Niútn. Debe, pues,
leerse, sobre todo en verso,
|Franklín y no
|Fránklin,
porque en castellano por regla general, y con muy pocas
excepciones, las palabras terminadas en consonante son agudas.
5. ESTROFA XV.
¡La que me ofrece en sus promesas Cristo!
La perfecta obediencia de los preceptos de Cristo y la perfecta
imitación de su vida, constituirán la verdadera libertad y la
verdadera república, aquel estado en que los gobernantes no son los
amos, sino, según el precepto evangélico, los
|servidores de
los gobernados. En cuanto a ejemplos basta recordar el del Maestro
que lavó los pies de sus discípulos.
6. ESTROFA XVI.
Y esa es la misma que en la patria mía
Joven sus fuerzas ensayando vi...
Al tiempo que se entronizó el poder del 7 de marzo, ya existían
en la Nueva Granada, y algunas de años atrás, la mayor parte de las
libertades cuya posesión se mira con más aprecio por los pueblos
civilizados del siglo XIX. Libertad de pensamiento y de imprenta,
sancionada desde 1821, y llevada hasta el punto de no pagarse
derechos de aduanas por los libros, ni portes de correo por los
periódicos libertad plena de conciencia y abolición de todo
poder inquisitorial, también desde 1821libertad de cultos,
sancionada en 1847 en la ley de inmigración,
|y hecha
irrevocable por los tratados públicos celebrados por el presidente
Mosquera libertad de enseñanza realizada desde 1842 por el
secretario de estado, Ospina, y convertida después en ley explícita
por el vicepresidente Cuervo libertad de industria,
garantida en todas nuestras constituciones, y coronada con la
abolición del monopolio del tabaco en 1848 libertad
comercial, pues nuestro país había sido uno de los primeros en
desembarazarse de esa opresión que llaman
|sistema prohibitivo o
protector libertad personal inviolabilidad del
domicilio y de la correspondencia garantía contra leyes
retroactivas libertad de asociación, a cuya sombra se alzó
el club infame que violó el congreso libertad de petición
¡sufragio popular y elegibilidad universal! Sin duda nos
faltaban ciertas instituciones:
|nos faltaba sobre todo el
asegurarla suerte de los empleados públicos contra la arbitrariedad
de un presidente departido. En esta situación, se levantó el
bando que había hecho la revolución de 1840, y arrogándose
audazmente el nombre de
|liberal en un
|país libre,
invadió el recinto del congreso granadino, hizo proclamar
presidente al general López, y fundó las libertades que nos
faltaban: la libertad de perseguir y proscribir a los que no
piensan como ellos y la de robar impunemente el tesoro
público. Hasta dónde han llegado esa persecución, esas violencias y
esos robos, es cosa que no cabe en los límites de una simple nota.
Baste decir que aun señoras respetables han sido encarceladas, como
la señora Cerbeleona Trujillo, en mayo de 1850; infelices dementes
ultrajados por hombres revestidos del título de gobernadores, como
la Custodia Cortés por el general Mantilla; al mismo tiempo que un
hombre de la inmoralidad más descarada convertido en secretario de
hacienda, ostenta sin pudor la infame riqueza que le da su doble
posición de contratista con el gobierno y administrador del
tesoro.
7. ESTROFA XVII.
¡A tu infernal amigo proclamaba!
¡De Sucre al matador!
José María Obando, uno de los mayores monstruos que ha producido
nuestro siglo. Elevado por el gobierno español hasta el grado de
teniente coronel en la guerra que con él hizo a la independencia
americana, ordenó después el asesinato en el monte de Berruecos del
más ilustre de los defensores de esa independencia, del vencedor de
Ayacucho, del inmaculado mariscal Sucre. Nueve años más tarde, en
1839, sometido a juicio por aquel espantoso crimen, y no pudiendo
destruir la convicción que producían los testimonios de su
cómplices y agentes, y sus propios documentos y contradicciones, se
fugó de la prisión en que permanecía sin ninguna especie de
apremio, y a la cabeza de un ejército de indios salvajes, de negros
cimarrones, y delincuentes arrancados de las cárceles, devastó sin
piedad, por dos largos años, el sur de la Nueva Granada. Vencido
muchas veces, al fin se fugó al Perú, en donde hizo escribir contra
los hombres más ilustres de su país, los más inmundos libelos que
jamás hayan salido de pluma humana. Vuelto a la Nueva Granada,
merced al extraordinario indulto en que lo comprendió el presidente
Mosquera, se hizo el jefe de la tenebrosa camarilla que domina al
general López. Recientemente fue enviado al Perú como ministro
plenipotenciario con la misión de desmembrar el Ecuador
proyecto que madura de tiempo atrás, pero el gobierno
del Perú no lo admitió, habiendo protestado enérgicamente contra su
admisión todo el cuerpo diplomático residente en Lima. Tal es el
digno jefe del partido socialista de la Nueva Granada.
8. ESTROFAS XVIII Y XIX.
Yo los oi...
El autor no pudo entrar a la iglesia de Santo Domingo por lo
apretado del concurso pero permaneció en la puerta oyendo
las vociferaciones que sonaban dentro, y presenció la salida del
tumulto cuando ya el acto estaba consumado. Por cada grito de
|¡Viva López! presidente nominal, sonaban tres o cuatro de
|¡Viva Obando! presidente real y verdadero de aquella
gente.
9. ESTROFA XX.
¡Cuál débil, cuál traidor, digno ninguno!
Ninguno, ni los diputados que resistieron a la violencia el 7 de
marzo pero que después tuvieron la flaqueza de concurrir a
un congreso violado, y de asistir el 1° de abril a la toma de
posesión de un presidente anticonstitucional. Ellos carecían de
poderes para legitimar lo que en sí era nulo, y el honor no les
permitía consentir en las consecuencias del ultraje que en sus
personas se había hecho a toda la nación.
10. ESTROFA XXII.
...Pudo su bajeza
Quizá esperar de gratitud el don...
Este terrible cargo, así como el contenido en las estrofas XXIII
y XXIV, evidentemente no es ni puede ser general. A los que después
del 7 de marzo demuestran la dignidad de ciudadanos en una
República, se hace la debida justicia en la estrofa XXVI.
11. ESTROFA XXV.
¡Oh! más dichosos, harto más, aquellos
Que afrontaron, ya tarde, al dictador.
Alusión al doctor José María Torres Caicedo y al autor. El
doctor Torres se halla ahora en Francia, adonde se vio obligado a
ir para que los cirujanos de París le extrajesen una bala que tiene
en el busto hace más de un año, bala que recibió de manos de dos
asesinos que la administración López, en vez de castigar, ha
recompensado con muy buenos sueldos. En cuanto al autor, se halla
en Nueva York, solo, separado de cuanto ama en el mundo, para
evitar la prisión a que a todo trance se le quería reducir sin
haber cometido delito alguno. Su delito fue
|dirigir al
gobernador de Bogotá una representación pidiéndole que conservase
el orden en un juicio por jurados, que no había podido celebrarse
por un tumulto de los socialistas (10 de abril de 1850)
|en
que insultaron al juez, al escribano, a los acusados y a los
defensores, tan grave e impunemente, que el juez enfermó y renunció
a su empleo. Esa representación es
|todo el delito
cometido por el autor por el cual se le quería condenar a
|seis años de reclusión en las prisiones (¡qué prisiones!) de
la Nueva Granada. Esto parece un sueño espantoso tanta
iniquidad parece imposible; sin embargo, aquí estoy en Nueva York
para probar que los perversos, cuando llegan a apoderarse del poder
público, no sólo se entregan al delito, sino que quitan a la
inocencia hasta el derecho de quejarse y le imponen el castigo que
ellos debieran sufrir.
12. ESTROFA XXVI.
O amenazados en su propio suelo...
Alusión a los valientes escritores de
|La Civilización, El
Día, EI Filotémico, La República, El Porvenir, El Ariete, El
Misóforo, El Clamor, El Antioqueño, etc., que con una
constancia, una elocuencia, y una virilidad que honran al país,
defienden en la Nueva Granada la causa de la verdadera libertad
contra la violencia rapaz y perseguidora de la dictadura
socialista.
13. ESTROFA XXIX
...Modesto amigo,
En quien un monstruo se ensañó brutal...
El señor Simón Cárdenas, presidente de la Sociedad Popular de
Beneficencia y Fraternidad Cristiana. Uno de los filantrópicos
objetos de esta asociación era procurar defensa judicial gratuita a
los artesanos pobres que fuesen miembros de ella. Habiendo ido el
señor Cárdenas (12 de febrero de 1850) a la cárcel de Bogotá a
consolar a uno de ellos a quien el poder había hecho sepultar allí
por una causa frívola, el alcalde, a tiempo que el señor Cárdenas
hablaba pacíficamente con el preso, intervino en la conversación,
insultó atrozmente al señor Cárdenas, le dio de golpes y
empellones, lo arrojó escaleras abajo, y por fin, de su propia
arbitraria autoridad lo declaró
|arrestado. Los amigos del
señor Cárdenas ocurrieron en vano a la primera autoridad
gubernativa de la provincia, que era el gobernador general
Mantilla, quien no hizo caso de la reclamación, declarando con un
grosero chiste que
|él no oía demandas ni se metía en eso.
Habiéndose logrado al fin que otra autoridad libertase al señor
Cárdenas, éste publicó en el periódico titulado
|El Día un
artículo en que denunciaba al público aquel atentado escandaloso, y
al mismo tiempo daba a conocer quién era el hombre a quien el poder
había encomendado la custodia de los presos. Este hombre, llamado
Camilo Rodríguez, había sido miembro de una partida de bandidos que
en 1841 asoló los cantones de Ubaté y Zipaquirá, había sido además
condenado judicialmente por adulterio, y, lo que es aún más
horrible, pesaba sobre él otra sentencia de un tribunal por haber
envenenado con opio a una infeliz anciana que lo había acogido en
su casa y le servía de bienhechora. El monstruo, instigado por el
gobernador Mantilla, acusó el artículo del señor Cárdenas; un
tumulto de socialistas (10 de abril) impidió la celebración del
juicio más tarde el señor Cárdenas fue condenado a prisión,
al mismo tiempo que un amigo suyo, el señor Juan Malo, que se
hallaba en el mismo caso que él, por haber publicado un artículo
semejante, pero que no era objeto de los mismos rencores políticos,
fue absuelto. En los fastos de las abominaciones judiciales, apenas
se recuerda una sentencia más inicua.
14. ESTROFA XXIX.
...Por reparación, ¡nuevo castigo
Te impuso un juez
|venal!
Es un hecho que la mayoría del jurado que condenó al señor
Cárdenas, compuesto de siete miembros,
|dependía
peculiarmente del poder interesado en la condenación. Dos eran
empleados, contra el texto de la ley; otro tenía un hijo empleado;
el cuarto esperaba ansiosamente recibir la suma de
|cuatro mil
pesos que se le había decretado por una colección de
periódicos. La sentencia era nula además por haber concurrido a
votar en ella un jovencito que no tenía la edad de veinticinco años
que la ley requiere para ser jurado, como se comprobó con la
partida de bautismo. Pero para un poder que, explotando la bajeza
ajena y degradando el carácter nacional, se obstina en perseguir,
no valen argumentos; la sentencia se declaró válida, y el señor
Cárdenas, padre de una familia digna de compasión, para evitar la
cárcel, en la cual quizá se le hubiera puesto bajo la autoridad del
envenenador Rodríguez, logró expatriarse. Hoy reside en la isla de
Jamaica.
15. ESTROFA XXX.
...Del reabierto abismo,
Renace del Borbón el despotismo,
En esta edad de luz!
Todo poder temporal de
|inquirir en la conciencia había
sido abolido desde 1821 por el gran congreso constituyente de
Colombia. Toda facultad de
|imponer penas había sido negada
al poder ejecutivo por la constitución. Todas las
|leyes penales
españolas habían sido derogadas por el código penal. El general
López, declarando por sí y ante sí vigentes en la Nueva Granada en
1850 los actos de proscripción de los déspotas españoles, ha
insultado al espíritu de su país y de su siglo, ha renovado el
poder inquisitorial, ha usurpado abiertamente las facultades del
poder judicial y legislativo, y aun facultades que no tienen ni los
legisladores ni los jueces, y se ha investido de una dictadura sin
ejemplo entre nosotros. Para conservarse en ella, ha atropellado la
libertad de las asambleas electorales con escándalos de que apenas
es posible formarse idea en países que gozan el beneficio de ser
libres.
16. ESTROFA XXXI.
La misma escena...
La expulsión de los jesuítas de Bogotá, hombres que, sean cuales
fueren las ideas que cada uno quiera tener de su instituto, gozaban
el derecho de no ser condenados sin ser oídos, y de no ser penados
mientras no hubiesen cometido delito alguno, esa expulsión renovó
las mismas formas tiránicas de 1767. Como entonces, fueron sacados
sin preparación, de sus camas, en el silencio de la noche, para un
viaje lejano. ¡Como entonces, se publicó un bando prohibiendo toda
expresión de reprobación, de censura y aun de queja! La única
diferencia entre
|hoy y entonces, es que entonces Carlos III
era un rey absoluto que no tenía constitución que respetar ni otra
ley que su propia voluntad mientras que hoy López se llama
presidente de una República y como tal debía, por pudor siquiera,
considerarse obligado a respetar la
|Constitución y las leyes
granadinas, cuya obediencia y cuyo cumplimiento había
jurado.
17. ESTROFA XXXII.
Los jefes corren al común tesoro...
La rapacidad de los directores del partido demagógico es un
hecho que no es peculiar a los de la Nueva Granada, sino común a
los de todos tiempos y todas partes. Ella ha sido admirablemente
descrita y explicada por Alison en su
|Historia de Europa
(capítulo último): «Pero todo esto cambia totalmente cuando los
cabecillas de la demagogia suben al poder... El momento en que
ocurre este fatal cambio es el de una completa revolución, no sólo
en la conducta del gobierno,
|sino en la vigilancia con que el
gobierno mismo era observado y guardado por la gran masa del
pueblo. Los poseedores del poder y dispensadores de influencia,
se hallan rodeados de una hueste de hambrientos dependientes, para
los cuales la necesidad es ley, y que, impedidos por la secreta
convicción de que su ascendiente político no puede ser duradero,
porque les faltan las aptitudes necesarias para conservarlo,
trabajan por hacer el mejor uso posible de su tiempo, procurándose
para sí y para sus parientes y paniaguados, sueldos y cucañas del
tesoro, sin la menor consideración por el bien público. Por Otro
lado, la misma parte del pueblo tan clamorosa antes contra la
corrupción y tan austera en sus demandas por una administración
virtuosa y patriótica de los negocios públicos, ahora varía de
tono, y unos abiertamente y sin vergüenza alguna defienden toda
clase de abusos porque ganan con ellos, Otros guardan un silencio
estudiado o tratan de paliar los desórdenes de que se aprovechan,
clamando por reformas en algún Otro departamento administrativo, o
por mayor extensión para el poder de que sus jefes sacan tan
considerable beneficio. Y así no sólo se dirigen el poder y la
influencia del ejecutivo a los fines más egoístas
|y
corrompidos,
|sino que la legislación misma se mancha con la
sanción de la rapiña y el peculado. En el saqueo general de las
rentas nacionales, en que cada cual no piensa más que en su
negocio, a ningún otro objeto se atiende que a la promoción de
intereses personales o al predominio del partido: la prensa
mercenaria se guarda bien de denunciar, y más bien justifica
tamaños abusos, porque los que la dirigen, y los que escriben en
sus columnas se enriquecen con ellos: y lo peor es que el
sentimiento público se corrompe casi universal e irrevocablemente,
porque una masa considerable del pueblo se aprovecha o espera
aprovecharse de los abusos a que se entregan los jefes de su
bando».
Si el sabio historiador y publicista que escribía en Londres en
1832 estas profundas observaciones, hubiese estado dotado de
sentido profético, no habría podido describir en sus oráculos con
más fidelidad la conducta del partido socialista de la Nueva
Granada en 1850, que en esas líneas dictadas simplemente por su
conocimiento de la naturaleza humana y del gobierno de la
demagogia.
19. ESTROFA XXXIX.
Que la mirada
|húmida que lanza...
|Húmida, húmeda.
Hijo de la callada
|húmida noche. MORATIN, hijo.
La terminación en
|ido, ida, es más etimológica, más
general, más melódica y más poética, que la terminación esdrújula
en
|edo, eda, que el uso ha introducido en
|húmedo,
única palabra de su especie en que exista.
|Húmeda se deriva
de
|humor, como de
|candor, cándido, de
|rigor,
rígido, de
|fulgor, fúlgido, de
|horror, hórrido,
etc.
20. ESTROFA XXXIX.
La paz del vil...
La paz del vil no es la paz de los que después del
|7 de
marzo tratan de evitar, hasta el último trance, la efusión de
sangre y los azares de la lucha desigual de un pueblo desarmado
contra un poder opresor, y que al mismo tiempo trabajan incansables
en desengañar a los ilusos, y en excitar a los inertes a que usen
activamente de la sombra de derechos políticos que la dictadura se
ha dignado dejarles. ¡No! Esa no es la paz del vil; ¡esa es la
santa guerra de la virtud! La paz del vil es la de aquellos ricos
que jamás han conocido de la patria más que los beneficios; que
jamás hicieron sacrificio por el cual no recibiesen una moderada
indemnización de un doscientos o trescientos por ciento, y para los
cuales todos los gobiernos, aun los más tiránicos, son buenos,
porque a todos adulan y con todos ganan. La paz del vil es la de
aquellos escritores y hombres de estado que nunca han tomado la
pluma sino para defender sus propios
|actos; y que en
presencia de la más odiosa tiranía que haya pesado jamás sobre su
país, guardan hoy un prudente silencio, o si lo rompen, es para
calificar magistralmente de temerarios, inmoderados o locos a los
patriotas generosos que no conocen otra causa que la
|causa
común, arriesgándolo todo subsistencia, tranquilidad y
aun la vida, a trueque de establecer para
|todos en su
patria el imperio de los principios cuya realización constituye la
libertad honrada y la verdadera República. Esas dos clases de
gentes a quienes el egoísmo ha despojado de todos los
sentimientos expansivos son los que con su conducta han
contribuído más a que cundan con tan asombrosa rapidez en un país
nuevo como el nuestro las amenazadoras doctrinas del socialismo,
que parecía que sólo pudiera tener séquito en las viejas y apiñadas
poblaciones de Europa. La riqueza
|y el talento
|por sí
no merecen acatamiento alguno; lo único que pueden tener de
respetable es
|el uso que se hace de ellos; y cuando sólo
sirven para satisfacer los instintos egoístas de aquéllos que los
poseen, el pueblo y la juventud no tardan en verlos con desprecio
|y aun con indignación. De aquí las tendencias demagógicas y
comunistas. ¡Jóvenes de mi país! no os dejéis sin embargo alucinar
por el desprecio que los egoístas os inspiran: el egoísta
inofensivo sólo se envilece a sí mismo; pero el apóstol de falsa
libertad que consigue embaucar a uno de vosotros, no sólo está
envilecido por ser igualmente egoísta y además perverso, sino que
también envilece y pervierte a los desdichados, a quienes logra
hacer prosélitos de sus corruptoras doctrinas e instrumentos ciegos
de su ambición y de su venganza.