LA LIBERTAD Y EL SOCIALISMO
Oda en conmemoración del día 7 de
marzo de 1849, en que el general José Hilario López fue proclamado
presidente de la Nueva Granada, a virtud de la violencia que una
turba armada practicó sobre el Congreso, dedicada a la juventud
republicana de la Nueva Granada.
What insanity was it to expect that such men were to work out
the emancipation of their race! that in such hands the hopes and
dearest rights of humanity were secure! Liberty was tainted by
their touch, polluted by their breath, and yet we trusted that it
was to rise in health and glory from their embrace! DR.
CHANNING.
¡O homines ad servitutem nati!
(Exclamación que Tácito pone en boca de Tiberio, cansado ya de
la abyección de los senadores romanos).
I
¡Oh, López! sal, pregunta por la tierra
¿Cuál es más vil y odioso de los dos:
El salteador que al monte se destierra
Y hace a los hombres sin disfraz la guerra,
Mofándose de Dios;
II
¿O el fariseo infame que de hinojos
Ora contrito al pie del sacro altar,
Y va, con dulce voz y dulces ojos,
Del huérfano y la viuda los despojos
Hipócrita a usurpar?
III
¡Oh! ¡siglos ha que el punto está juzgado!
Mas falta aún que aprenda el mundo a ver
Con menos odio al rey que, rey criado,
Mira a su especie cual servil ganado
Nacido a obedecer;
IV
Que al demagogo que en traidor arcano
Celando su venganza y ambición,
Hace la corte al pueblo soberano,
Sube al poder, y ejerce a salva mano
Rapiña y proscripción.
V
Que esa ambiciosa inquieta hipocresía
No es menos vil que la falaz piedad:
Ni hay opresión cual esa tiranía
Que usurpa con sacrílega ironía
Tu nombre, libertad.
VI
¡Oh libertad! ¡tres veces santo nombre!
¡Del alma la más bella aspiración!
¡Tiempo vendrá que al porvenir asombre
Te haya insultado alguna vez el hombre
Con tal profanación!
VII
¡Oh libertad! yo puedo alzar la frente,
Y bendecirte al son de mi laúd;
Que desde niño amaba en ti mi mente
El bien mayor que dio a la humana gente
El Dios de la virtud.
VIII
Con la virtud en mí te confundías,
Con la justicia, con la dulce paz:
Jamás, cuando ante mí resplandecías,
Manchadas con el crimen me traías
Tus manos ni tu faz.
IX
A amarte pura me quedé enseñado;
Por tu pureza te conozco bien:
Mi corazón me anuncia tu reinado
Como la imagen del glorioso estado
Del hombre en el edén.
X
Los hombres todos por su ser iguales
Ante una ley de universal amor,
¡Y sólo por sus obras desiguales!
¡Como lo son sus almas inmortales
Delante del Señor!
XI
Todos seguros en los varios modos
Con que a su bien, sin daño ajeno, van,
Sí, todos libres, responsables todos,
Sin distinción de títulos ni apodos
Que orgullo y odio dan.
XII
El justo, blanco o negro, hermoso o feo,
Estrecho u opulento en su vivir,
Inglés o chino, jesuíta, hebreo...
Y aun el cegado, inofensivo ateo,
Pudiendo en paz dormir.
XIII
Y el malo sólo por la ley herido,
Por lo que ha hecho, por lo que es, ¡jamás!
¡Y herido sin rigor! ¡y garantido
Contra su mismo juez! ¡juez sometido
A un juez mayor detrás!
XIV
El hombre, nunca al hombre degradando,
Rey de sí mismo y de sus cosas rey,
El fin del hombre el fin de Dios llenando,
La ley del hombre santa reflejando
De Dios la santa ley.
XV
|¡Eso es la libertad! ¡la que he previsto
Entre los raptos de mi ardiente edad!
¡La que en la tierra de Franklin he visto!
¡La que me ofrece en sus promesas Cristo!
¡Esa es la libertad!
XVI
Y esa la misma que en la patria mía
Joven sus fuerzas ensayando vi...
Hasta que, ¡oh López! ¡en aciago día
La hirió con su puñal la turba impía
Que te aclamaba a ti!
XVII
¿A ti?... ¡no sólo a ti! No le bastaba
Tu indignidad a su nefando amor.
¡Ah! ¡más que indignidad necesitaba!
¡A tu infernal amigo proclamaba!
¡De Sucre al matador!
XVIII
Yo los oí... cuando su puño armado
Del hierro vil salían en tropel,
Del templo, donde habían ya violado
La majestad inerme del senado
En nombre tuyo y de él.
XIX
Yo los oí... Su canto de victoria
Viene a amargar mi triste proscripción.
Cual eco del abismo, esa memoria,
Atravesando nuestra negra historia
Será nuestro baldón.
XX
El nuestro... ¡Sí! ¡de todos! Cada uno
A la obra de tinieblas ayudó:
¡Cuál débil, cuál traidor, digno ninguno!
¡Ni el cuerpo que a la paz, sin fruto alguno,
Su honor sacrificó!
XXI
La esposa del romano Colatino,
Al verse impura, prefirió morir.
Los hombres del congreso granadino
Besáronle la mano al asesino A trueque de vivir.
XXII
Hoy viven... ¿Cómo? Pudo su bajeza
Quizá esperar de gratitud el don...
Con negro insulto, vejación, pobreza,
Ya a demostrarles el tirano empieza
Cuál es su galardón.
XXIII
Hoy viven... Como vive en el serrallo
El triste eunuco de africano Dey;
Cual vive en el corral lo que fue gallo;
Cual vive, el cuello al fin haciendo callo,
Bajo su yugo, el buey.
XXIV
¡Son todo, menos hombres! ¡Han perdido
Lo que da al hombre ser su dignidad!
Que a la víctima el crimen consentido
Mancilla más que al violador bandido
Su misma atroz maldad.
XXV
¡Oh! más dichosos, harto más, aquellos
Que afrontaron, ya tarde, al dictador:
Y hoy, de extranjero sol a los destellos
La patria lloran y sus campos bellos,
Su hogar y dulce amor.
XXVI
O amenazados en su propio suelo
Con el despojo, azotes y prisión,
Por todos vela su leal desvelo,
Por todos lucha con heroico anhelo
Su libre corazón.
XXVII
¡Esfuerzo generoso, mas tardío!
Lo que en su origen era vil raudal,
Que pudo en tiempo haber cegado el brío
De la virtud, hoy es inmenso río
De irreparable mal.
XXVIII
¡Ah sí! ¡de mal irreparable!Nada
Tan hórrido se puede concebir.
¡Ver de la ley con la tremenda espada,
Que sólo contra el malo fue forjada,
El malo al justo herir!
XXIX
Puedes contarlo tú, modesto amigo,
En quien un monstruo se ensañó brutal...
Y hoy comes del destierro el pan conmigo...
Que, por reparación, ¡nuevo castigo
Te impuso un juez venal!
XXX
Podéis hablar, vosotros, asimismo,
Humildes misioneros de la cruz,
Contra los cuales, del reabierto abismo,
Renace del Borbón el despotismo
En esta edad de luz.
XXXI
¡El mismo espectro horrendo resucita!
¡La misma escena! ¡el mismo ardor feroz,
Que entre la noche a la inocencia excita
Del pobre lecho al ostracismo, y quita
A la piedad su voz!
XXXII
¡Y, al son de libertad, que desde el foro
Vinoso eleva el proscriptor motín,
Los jefes corren al común tesoro
Do el pan del pobre, do del rico el oro
Les preparó el botín!
XXXIII
Del oro así del rico, el pan del pobre,
No sólo pagan a la audaz maldad
El mal ya obrado, sino el mal que aún obre
Para impedir que en la nación recobre
Su imperio la verdad.
XXXIV
¡Del orden inversión abominable!
¡Por guardia de la hacienda el más ladrón!
¡Por juez la inocencia el más culpable!
¡Por paz la esclavitud! ¡por ley el sable!
¡La fuerza por razón!
XXXV
|¡Eso es el socialismo! ¡El socialismo
Que, su fealdad queriendo disfrazar,
El, hijo de ambición y de ateísmo,
De libertad se atreve y cristianismo
La estirpe a reclamar!
XXXVI
¡Ese es el socialismo! ¡Hoy atavía
Con falsos nombres su genial horror.
Su nombre Galia supo darle un día;
Su nombre dice más que tiranía;
Su nombre es
|el terror!
XXXVII
¡Modelos de virtud y de hermosura:
Madres cristianas, prez de Bogotá! ¡Llorad!
De vuestro llanto la amargura
Cuál es la libertad nos asegura
Que el socialismo da.
XXXVIII
¡Llorad! en vuestras lágrimas espera
Con fe mi desolado corazón:
Ellas, en esta degradada era,
De libertad futura y verdadera
La noble prenda son.
XXXIX
Que la mirada húmida que lanza
Al cielo la virtud de una mujer,
Es tan sublime que a expiar alcanza
La paz del vil, del malo la venganza,
Ante el Supremo Ser.
XL
Mas Dios es justo. La nación suicida
Podrá regenerarse y ser feliz...
Mas en las carnes de su nueva vida
Conservará de la salvaje herida
La eterna cicatriz.
Nueva York, 7 de marzo de 1851, segundo aniversario del
entronizamiento de la dictadura socialista de la Nueva
Granada.