LA SONRISA DE LA MUJER Y EL ALMA DEL
POETA
Hay en mi sér potencias adormidas,
Hay en mi mente ocultos pensamientos,
Hay en mi corazón presentimientos
Cuyo poder y cuyo fin no sé:
Como a la madre son desconocidas
Las formas de ese ser misterioso
Que entre su seno bulle tembloroso,
Y es algo ya, mas nadie sabe qué.
Mas cuando estoy contigo y a tu lado,
Y oigo tu voz y miro tu sonrisa,
Siento pasar por mí de Dios la brisa,
Siento nacer un hombre nuevo en mi.
Y entonces, dominando lo pasado,
Y el vago porvenir y lo. presente,
En cerco inmenso ensánchase mi mente,
Cuyo foco de vida irradia en ti.
Entonces las potencias que en mí callan,
Una tras otra, a mi presencia llegan,
Y, juntas ya, radiantes, se despliegan
Cual aureola en torno de mi faz:
Fuerzas de amor ignotas en mí estallan,
Y soy capaz de cosas buenas, grandes,
Capaz de todo cuanto entonces mandes,
Y de martirio y de virtud capaz.
¡Oh! cuando al fin mi alma desprendida
Del barro vil, a Dios levante el vuelo,
No dará tanta luz allá en el cielo
Cual la luz que a tu lado esparce aquí.
Y el serafín, custodio de mi vida,
Al presentarse a mí por vez primera,
Sonrisa no traerá tan hechicera
Cual la sonrisa que hoy adoro en ti.
Agosto, 1839.