PRESENTIMIENTO
Calla entre un mar de oscuridad el mundo;
Calla; y sobre él el sueño se resbala:
Y, como el ronco hervor del moribundo
Que el ¡ay! postrero en largo afán exhala,
Oyese lejos el rumor profundo
Que hace al abrir la tempestad su ala:
Sordo rodando ya se acerca el trueno...
¡Oh! ¿por qué tiembla de pavor mi seno?
¡Ah! ¡yo no sé...! De las borrascas mías
Tal vez no tarde el fin... de nuevo el fuerte
Sacudón siento que sentí otros días,
Cuando el amigo que me dio la suerte,
Mi mano asiendo con sus manos frías,
Vi que me dio su bendición de muerte.
Y hoy... cuando ya yo lo olvidaba... el mismo
Presagio suena en mi interior abismo.
No hay duda, no... del rumoroso suelo,
Alguno va a salir... alguno en breve
Verá entreabrirse el suspirado cielo,
Verá el gran ser que el universo mueve.
¡Ah! ya lo entiendo: yo en vehemente vuelo
Soy quien lanzarse para siempre debe...
¡Ay! cierta voz.
|¡El padre! un tiempo dijo,
¡Y él sucumbió! La voz dama
|¡El hijo!
¡Y yo sucumbiré! La helada vida
Debo, pues, dejar... ¡Ah! ¡yo pensaba,
Sí, yo pensaba que la cruda herida
Que ha de postrarme no tan cerca estaba!
¡No tanto, no! Más ¡qué! ¿Yo la partida
Que del dolor mi corazón destraba
Debo acaso llorar? ¿Acaso encierra
Con nuestros huesos nuestro amor la tierra?
¡Vivir! ¡vivir!... ¿Y para qué? ¿Tan sólo
Para vagar por entre esquiva gente,
Y, en mi vejez, desamparado y solo,
Irme llorando con nublada frente
De las ciudades al abierto polo
A ver el sol hundirse en occidente?
¿Y para esto vivir? ¡Oh! ¡no! ¡muramos,
Y al otro borde del sepulcro vamos!
¡Oh padre mío! ¿no es verdad...? Apenas,
Apenas diere el temeroso salto,
Libre mi pecho de hórridas cadenas,
Latirá sin congoja y sobresalto.
¡Ah! ¡cómo he de abrazarte! Yo mis penas
Te contaré llorando; y tú en el alto
Cielo dirás, cruzándolo conmigo:
«¿Lloras? ¿no estás con tu primer amigo?»