SOCIEDAD Y SOLEDAD
¿Sabes quién soy? ¡oh dulce amiga mía!
¿Quieres saber lo que Otro tiempo fui,
Y lo que soy, y lo que ser podría,
Y cuanto duerme oculto dentro en mí?
¿Quires sondar los senos de mi alma,
Sacar a luz y conocer mi amor,
Y de la mar, que has visto sólo en calma,
Ver la tormenta en todo su esplendor?
¡Oh! cada noche, haciendo larga rueda,
Con doce más, en tu oriental sofá,
Antes que hurtar mi puesto nadie pueda,
Cerca de ti me ves sentado ya.
Mas, mientras gira en torno y a mi lado
El dulce hablar y el dulce sonreír,
Yo permanezco estúpido y callado
Como el que nada tiene que decir.
Es que a otro mundo entonces tú me llevas;
Es que mi alma siento engrandecer;
Es que de pronto en mí potencias nuevas
Siento agitarse y completar mi ser.
Si entonces yo, sin más rubor, gritara;
Si reventar dejara el corazón,
De inolvidable asombro os penetrara
Ese grande rugido de león.
Es de noche: a la luz de las estrellas,
Cuando el matiz de fuego y arrebol
Ya está borrado de las vivas huellas
Que, al irse, estampa en occidente el sol;
Es de un peñasco en la escampada altura,
De donde puedo libre contemplar
Los verdes campos, la montaña oscura,
El cielo azul, la inmensidad del mar:
Es, pues, allí y entonce, amada mía,
Cuando conmigo y Dios no más estoy,
Que mi ser brilla en pleno mediodía,
Y que aparezco a mí tal cual yo soy.
Nadie me ha visto así transfigurado;
Mi propia forma yo no más la sé:
Que torno a entrar apenas en poblado
Y nada resta de lo que antes fue.
Sólo en mis cantos vive algún diseño
De esa gloria de noche y soledad,
Como del niño en el primer ensueño
Aún luce la reciente eternidad.
¡Guarda mis cantos, dulce amiga mía!
Esa es mi herencia que te lego a ti;
Cuando en el mundo no me mire el día,
Quede a lo menos ese son de mí.
Julio 23, 1839.