MI LIRA
Toma mi lira, Delina,
Tómala ya, que profunda
Desde sus lóbregos senos
Llama a tu amigo la tumba;
Tómala, y cuando, a los rayos
De tu lámpara nocturna,
Junto a tu lecho la cuelgues,
Todo mullido de plumas,
Oirás sus cuerdas de oro
Que retemblando murmuran;
Oirás sus tristes suspiros
Que entre las sombras fluctúan.
Y, si tus dedos de rosa
Sus cuerdas rápidos pulsan,
Si vagarosos en ellas
Lánguidos himnos modulan,
Verás que bajo tu mano
Trémulas lágrimas suda,
Y sus marfiles se empapan
En menudísima lluvia.
¡Ah! cuando su luz de perla
Con que las vegas inunda
Desde los cielos derrame
La melancólica luna,
Con esa lira, Delina,
¡Oh! ven a la sepultura
Que de tu amante por siempre
Los tristes huesos ya cubra.
Allí, del ciprés sentada
Bajo las ramas augustas,
Sólo oirás zumbar el viento
Por las lejanas llanuras;
Allí, del árbol sagrado
Desprenderse por Ventura
Sientas alguna hoja seca
En tu melena profusa,
Y entonces, cuando tu mano
Con una guirnalda cubra
La humilde cruz de mi huesa,
Entre el verdor medio oculta,
¡Delina, virgen del cielo!
Desde el fondo de mi tumba,
Oiga yo que al menos lloras
Mi amor y mi desventura.
¡Oiga yo en la noche eterna
Gemir mi lira viuda,
Y consolados, mis manes
Palpitarán de ternura!
Febrero, 1835.