APARICIÓN
Mi lámpara nocturna está apagada;
Solo estoy en silencio y en tinieblas;
Ningún reloj, ningún rumor se escucha
Por la ciudad que inmensa me rodea.
¡Oh noche! entre tus sombras lo presente,
El porvenir, el mundo, la materia,
Ayer, mañana, la ambición, la carne,
El curso de la vida que nos lleva,
El sudor por el pan de cada día,
La envidia cuyo diente nos asecha,
De los falsos amigos la perfidia,
Del triunfante enemigo la insolencia;
Todo desaparece: sordo, ciego,
Muerto, el hombre entre el hombre se concentra;
Y en gloria y soledad ante sí misma
Súbito el alma humana se presenta.
¡Sí! gloriosa y solitaria el alma,
La posesión sintiendo de sus fuerzas,
Lánzase libre al invisible mundo
Que sus nobles instintos le revela.
En vano ensancho más y más los ojos,
En vano los oídos tengo alerta;
Sólo escucho el zumbido del silencio,
Sólo miro espesarse las tinieblas.
Del fondo, empero, de silencio y sombras
Siento venirme claridad incierta,
Y las voces volver de lo pasado,
Y la feliz edad de la inocencia.
Vuelven mis olvidadas ilusiones,
Mis recuerdos de infancia, mis creencias;
Vuelvo a soñar lo que jamás he hallado,
Lo que en vano busqué sobre la tierra.
Vuelvo a ver lo que amé, cual lo veía
Cuando el amor sentí por vez primera,
Con los colores mágicos que huyeron
Ante la odiosa luz de la experiencia.
¡Oh amistad! ¡oh virtud! ¡oh dulces nombres!
Vuestra noción la mente lleva impresa
Desde el nacer; y el corazón ansioso
Por convertirla en realidad se esfuerza.
Vuelvo mi padre a ver: su faz augusta,
A un tiempo mismo afectuosa y seria,
A presentarse torna ante mis ojos
Radiante de virtud e inteligencia.
¡Ay! al mirarla así, prorrumpo en llanto.
Que es de mi vida la incurable pena
El no poder vivificar la tumba,
Y conseguir que lo que fue no sea.
Sangre debo llorar, llorar mis ojos,
Al pensar de mi padre en la existencia,
En aquella existencia tormentosa
Que no halló más descanso que en la huesa.
Para la dicha y la amistad nacido,
Vivió de desengaños y dolencias;
Y murió pobre, atribulado y ciego,
Del cuerpo y de la edad aún en la fuerza.
Hoy pudiera vivir cual otros viven;
Hoy, después de tres lustros, si viviera,
Sobre su vasta frente empezarían
Sus negros rizos a argentarse apenas.