LA HURÍ
Murió mi amor; mi corazón me resta,
Mi corazón sin límite ni fin,
Capaz de dar aún más de lo que ha dado
Al ser que Dios le guarda en porvenir.
Yo te presiento, hurí que aún no conozco,
Por la inquietud que ya comienza en mí,
Cual se presiente por el son la lira,
O por su olor presiéntese el jazmín.
¡Oh! ¿quién serás y cuál será tu nombre?
¿Cuáles serán tu raza y tu país?
¿Te bañarás del Ganges en las aguas?
¿O correrán tus años junto al Rin?
¿Tendrá tu faz el negro de la uva,
O la brillante candidez del lis?
¿Caminarás viajera por el mundo
Con la nación proscrita de David?
Quizá a los dos nos cubre el mismo cielo,
Y hablas mi lengua, y paso junto a ti;
Quizá te he visto, y aun quizá te he amado,
Y aspiro sólo a ser lo que antes fui.
Cierto germano, como yo poeta,
Y como yo de corazón augur,
La hermosa hurí que Dios le reservaba
Así cantó sin conocerla aún:
¡Oh tú, mujer que habrás de amarme un día!
Si, donde habitas hoy, supieras tú
El largo amor que en mí te voy juntando,
Y el canto que te guarda mi laúd.
Mientras el mar te ve quizá mecerte
En tu hamaca pendiente del bambú,
O corres los desiertos de Sahara
Sobre el ala fugaz del avestruz;
Yo tu mitad de sombra siempre guardo
Cuando, sentado al pie del abedul,
Mi vista, recorriendo el horizonte,
Te busca por el norte y por el sur.
¡Ah! sólo sé de ti que habré de hallarte
Tan pura en tu beldad y juventud,
Como la flor del Alpe oculta en nieves
Jamás holladas por viajero algún.