LOS JUEGOS DE NIÑOS
Cuando, de noche, amada mía,
En derredor de aquel hogar
Que, al son del materno cantar,
Tu cuna vio mecer un día;
Tu madre, hermanos, y otro, y yo,
Y tú en cerco nos sentamos,
Y a los juegos-niños jugamos
Que nuestra infancia tanto amó;
Y que aún amo en la edad que llevo,
Y que olvidar jamás podré,
Y que en mi vejez lloraré
Ansiando jugarlos de nuevo;
Entonce, al verte, al verte a ti,
Con la sonrisa del contento
A todos dando movimiento,
Tal vez fugaz mirarme a mi...
Y entonces, al pensar que es sin ira,
Sin odio, sí, mas sin amor
Que con tan dulce resplandor
Tu ojo fugaz así me mira;
Y tan distintas luégo al ver
Esas miradas, en tu amante
Que allí risueño está y triunfante
Largas y extáticas caer;
Entonces más me persuado
Que de ti amado no soy;
Y que después, así cual hoy,
Nunca de ti ya seré amado;
Y entonces en la soledad
Pienso en que ya por siempre vivo,
Y un dardo siento herirme vivo
Extraño en mi joven edad;
Y entonces mis ojos de llanto
Siento llenarse, y mi alma ve
A aquel amigo que se fue,
Y que me amaba en vida tanto.
Y entonces, mi íntima aflicción
Disimular ya no pudiendo,
Doy buenas noches, y gimiendo
Late, al salir, mi corazón.
Y no teniendo ni un amigo
Con quien me pueda desahogar,
Me voy a mi casa a llorar,
Encerrado solo conmigo.
Y a mi rival con tu reír
Sigues alegrando en tu casa,
Sin que el dolor que en mí se pasa
Hayas podido presumir.
Octubre, 1838.