¡TODO MI CORAZÓN!
¡Estos los versos son, los dulces versos
Escritos de su letra y de su mano;
Los versos, sí, que a cada instante aplico
Ciego de amor a mis ardientes labios!
* * *
¡Oh! ella sabe gemir, y ella amar sabe:
Gemir y amar con el laúd sagrado
Con que, al eco del Léucade siniestro,
Cantó su amor la hermosa y triste Safo.
¡Oh! tú sabes gemir y amar tú sabes.
¡Oh! tú cantas amor y amor yo canto.
Mas ¡ay! nunca tu amor y el amor mío
Un rayo harán su doble opuesto rayo.
Nunca, a tu lado, con el son del remo
Nuestro mutuo cantar acompasando,
Tu voz oiré sobre la pobre barca
Do bajo el río de mis turbios años.
¡Oh! cuando junto a ti, mudo y sombrío,
De amor me ves y de dolor llorando,
¿Por qué cual lloro yo también no lloras,
Y no me amas como yo te amo?
Cual muelle son de música lejana,
Es el son de tu voz, dulce Delina;
Y tu mirar, como el del sol que muere,
Mi enamorado corazón alivia.
Cuando mi mano estrechas con tu mano.
Cuando mis ojos con tus ojos miras,
Y de mi alma al más profundo seno
Siento llegar tu penetrante vista;
Un ángel pienso ver de negros ojos
Que con sus alas manso me acaricia,
Y que fugaz a revelarme baja
El fin oculto a donde va mi vida.
Y si tu voz, sonando en mis oídos,
Mi ser ensancha y de placer lo agita,
Pienso escuchar la voz que entre los cielos
Modula al son de las eternas liras.
¡Ah! cuando llegue ya mi postrer hora,
Y sudor tibio bañe mis mejillas
Y, ángel de amor, por tu divino nombre,
Congojoso te llame en mi agonía;
Sobre mi frente moribunda entonces
Una lágrima vierte compasiva;
Vuelve a cubrirme con tus blancas alas,
Y hermosa alumbra de mi muerte el día.
¡Oh! ¡si me amaras tú! Yo, si me amaras,
Mi corazón te abandonara todo;
Mi corazón maravilloso, inmenso,
Sin límite en su amor, sin fin, sin fondo.
¡Ay! de mi amor las comprimidas llamas
Vieras salir en manantial furioso,
Cebar en ti sus insaciables fuegos,
Y al cielo alzarse en grande lengua de oro.
¡Oh! ¡si me amaras tú! Tú sí podrías
Mi alma alegrar y serenar mis ojos
Y con tu amor suplir en mi existencia
Al tierno padre que incesante lloro.
Unidos y cantando, de la vida
Surcáramos el mar, del tiempo al soplo;
Y, unidos y cantando, Dios nos viera
Salir del mundo y dar el vuelo al otro.
¡Oh! ¿nunca me amarás? ¿Querrás dejarme,
Siempre gemir adolorido y solo?
¿Querrás dejarme triste entre los hombres
Siempre vagar con abatido rostro?
¿Y el amigo infeliz que te amó tanto,
Que te amó con amor tan prodigioso,
Lo dejarás que llore sin consuelo
De su orfandad el hórrido abandono?
¡Ay! yo huérfano soy: mi noble padre
Huyó por siempre de la faz del mundo;
Que, de la mano asido con la muerte,
Bajar lo vi las gradas del sepulcro.
Yo llorando le di mi último abrazo,
Y él su postrera bendición me impuso,
Y el tiempo huyó dejando entre hoy y entonces
Inmenso espacio que hacia atrás descubro.
Y hoy, todavía mi tenaz memoria
Me pinta al vivo aquel semblante augusto.
Y hoy, todavía, cuando así lo miro,
Mi triste faz de lágrimas inundo.
¡Oh padre mío! cuando en honda noche
Del Monserrate a la alta cumbre subo;
Y allí, de pie, me miro en torno envuelto
Del vacuo mar del horizonte oscuro;
Y rodar oigo en el confín remoto
La sorda voz del huracán nocturno;
Y a mi lado, siniestro y repentino,
Con su agrio grito me sorprende el buho;
¡Yo entonces pienso en ti! ¡yo entonces pienso
Que por mí vienes impalpable y mudo,
Para conmigo hundirte en el abismo
Del Ente Primo, Inmenso, Solo y Uno!
Septiembre, 1838.