DECLARACIÓN
Quieres te diga su nombre,
Quieres te cuente mi amor,
Te declare quién es ella
Y te abra mi corazón.
Y ¡ay! ¡mi corazón herido,
Que ama hoy cual nunca amó,
A tu vista al ir a abrirse
Sangre llora de dolor!
¡Que al decirte quién es ésa,
Esa que amo tanto yo,
Con duro enojo, con burlona risa
Acaso escuches mi doliente voz!
Cuando ya al cerrar la noche
En ocaso el sol se apaga,
Y la luna, en frente opuesta,
Alza su disco de plata;
Al balcón ella aparece
Que en lo alto de su casa
De nuestra ciudad nativa
Domina la gran sabana;
Yo de lejos la contemplo;
Mas ya con sus negras alas
La va envolviendo el ángel de la noche,
Que asoma oscuro en la oriental montaña.
¡Oh! como a ti la conoces;
Ella es tu mejor amiga;
Nacisteis al mismo tiempo
Y os meció la cuna misma;
Juntas luégo disteis vela
En la barca de la vida;
Y ¡ay! ¡la misma sepultura
Guardará vuestras cenizas!
Del bautismo el agua santa
Os bañó en la misma pila,
Y en vuestras frentes para siempre impreso
Dejó tu nombre celestial:
|¡Delina!
¡Ese es, pues, el dulce nombre!
¡Dulce, sí más que el perfume
Que se exhala de las rosas
Cuando el aura las sacude!
¡Dulce más que son del agua
Que entre limpias guijas bulle!
¡Dulce más que el primer rayo
Que en oriente al mundo luce!
¡Oh! ¡tu nombre me enloquece
Y me turba y me confunde!
¡Oh! ¡plegue a Dios que en mi postrer momento
No muera yo sin que otra vez lo escuche!
¡Oh! ¡plegue a Dios que derrames
Una lágrima en la huesa
Del amigo infortunado
Que tan bien te amó en la tierra!
Otra vez de amor entonces
Mi alma acaso se estremezca,
E invisible a consolarte
Desde el cielo a ti descienda:
Quizá entonce en torno tuyo
Gemir mi espíritu sientas,
Y entre las hojas del ciprés medroso,
Triste agitarse como blanda niebla.
Agosto, 1838.