A MARACAIBO
|En el álbum de la señorita doña
Dolores Montovio.
Tu sol, tu mar; tu azul, inmenso lago;
Tus mansas brisas, tu horizonte vago
Me entusiasmaron, Maracaibo, a mí,
Cuando bajando de mi patria amada,
Tu ardiente faz, de palmas sombreada,
Desde mi barca en lontananza vi.
Pronto después pisó mi pie tu arena;
De gratitud a Dios mi mente llena,
Al yerme salvo, en tierra me postré;
Y al Padre Universal, omnipotente,
En tristes ecos, por mi amor ausente
Y por mis dulces hijos invoqué.
Luégo en tu seno el infeliz proscrito,
Proscrito por verdad, no por delito
Casi volvió la dicha a disfrutar:
La virtud de la virgen pudorosa,
La virtud de la madre y de la esposa,
Su corazón supieron consolar.
¡Noble ciudad, de mi infortunio abrigo!
Recibe aquí de tu sincero amigo
El postrer voto y el postrer adiós.
Hoy pesa sobre ti la tiranía;
Mas la sangre de Salas algún día
Vendrá a obtener tu libertad de Dios.
Mas no al horrendo campo de batalla,
A morir bajo el sable y la metralla,
Quieras lanzar tu bella juventud;
¡Sabe aguardar! Para cobrar tu gloria,
Más alcanza la paz que la victoria,
Más que el valor alcanza la virtud.
Maracaibo, julio 16, 1850.