LA NUEVA TORRE DE BABEL
¡Hija del sol! ¡Colombia! ¡patria mía!
¿Cansada inclinas ya la augusta frente?
¡Tú, cuya lanza abrasadora un día
De la española gente
La inmunda sangre con furor bebía!
¡Tú, cuyo nombre alígero volaba
Del viejo mundo hasta el confín remoto!
¡Tú, a cuyo grito aterrador callaba
Y con pavor ignoto
La esclava Iberia súbito temblaba!
¡Y hora, al tardo rumor del mar lejano,
Muda, los ojos entre-abiertos, fijos,
Duerme Colombia! ¡Y del letargo insano
Sus vergonzosos hijos
No la despiertan con piadosa mano!
¡Ah! y en tanto las naves españolas,
Al ver brillar, entre el azul del cielo,
Del cóndor las fulgentes auréolas;
Al ver de su gran vuelo
Pasar las sombras por las tersas olas,
Soberbias claman con feroz sonrisa:
«¡Mirad, mirad el ave, negro timbre
Del vil pendón que nuestra planta pisa,
Como rastrero mimbre,
Que el mundo escupe con escarnio y risa!».
¡Oh! ¡no, Colombia! ¡no lo sufras!
¡Torna, Torna a empuñar el vengador acero,
Del grave casco tus cabellos orna
Y con el peto fiero
Los gruesos globos de tu seno entorna!
¡Ah! que al ver sólo la fugaz vislumbre
De tu cimera entre la noche alzarse
Sobre tu faz, cual la encendida lumbre
Que el indio ve elevarse
Del Antisana en la ominosa cumbre;
Tan sólo al verla, de furor transido,
Ardiendo en vano en devorante saña,
Entre sus patrios montes escondido
El gran lëón de España
Lanzará triste su postrer rugido.
Y los pueblos lo oirán que el orbe encierra,
Lo oirán y temblarán. ¡Y tú, gloriosa,
Ese pendón que apedrëó la tierra
Con mano poderosa
Del polvo que lo cubre desentierra!
Y entonces... ¡Oh Colombia! ¿Ves de tanta
Nieve cubierto aquel inmenso monte
Que el mundo oprime con robusta planta,
Y entre el limpio horizonte
La eterna cima al padre sol levanta?
¿Lo ves...? Los siglos con temor le miran:
«¡Él vivirá cuando por fin muramos!
Sobre él fugaces nuestras alas giran;
Con ellas expiramos
¡Y él vive! ¡Y él y su poder no expiran!»
¡Oh monte-rey! Pues bien: a su alta cumbre
¡Colombia! ¡entonces tu estandarte eleva!
Fíjalo allí, y al ancha muchedumbre
Que el bajo mundo lleva
Muéstralo, y grita: «¡Aquí mi gloria alumbre!»
¡Que ese fanal sí alumbrará! ¡Los suelos
Recorrerá, penetrará en los lares
Que el polo enluta en tenebrosos velos,
Y por los combos mares
La grande luz reflejarán los cielos!
***
¡Ah! cuando del Señor la fuerte mano
Las puertas abra en que la mar se encierra,
Y el fin decrete del linaje humano,
Y se inunde la tierra,
Y la cubra por siempre el océano;
El monte-rey, inmóvil y sereno,
Aún sacará la venerable frente,
Y sobre él tu pendón, de gloria lleno,
Dominará esplendente
Del vasto mar el solitario seno.
Y, entre la noche eterna y desolada,
¡Colombia! en fuego, en oro, y luz, tu nombre,
Escrito en la bandera desplegada,
Será la voz del hombre
Que sobreviva al mundo vuelto nada.
1836.