DESESPERACIÓN
El sepulcro me aguarda: en vano, en vano
Lucho y relucho al borde del abismo;
Que en mi afligido corazón se enclava
La dura mano del fatal destino.
Cubierto ya de tempestad oscura,
Muéstrase el cielo; y ronco en su mugido
El trueno que amenaza mi cabeza,
Rueda en los senos del excelso Olimpo...
¡Piedad, buen Dios! Arroja de tu mano
La cuchilla sangrienta de exterminio;
Mi ruego escucha; no el clamor desoigas
Con que demanda tu favor tu hijo.
Y si a tus ojos criminal parezco,
Si digno soy del celestial castigo,
Si escrita está mi próxima ruina
Del porvenir sobre el eterno libro;
Harto carcomen mi existencia infausta
Mi propia angustia y mi tenaz martirio.
¡Ay de mí! Placentera la inocencia,
Del sueño un tiempo susurrando el himno,
Mi cuna remeció; la amable infancia,
De la mano llevándome cogido,
A los prados guió mis tiernos pasos,
Y entre las flores retozó conmigo...
Y hoy, en la aurora de mis verdes días,
Cuando la copa del placer propicio
Brinda el amor; cuando la voz de guerra,
El pecho salta de impaciente brío,
Sólo en mi alma con afán excava
El infortunio su hondo precipicio,
Bramando dentro cual borrasca ronca,
De las pasiones los contrarios gritos.
¿Qué espero ya? ¿Por qué vacilo? ¿Acaso
Más allá de la tumba mi destino
También me oprimirá? ¿También la muerte
Traerá la espina del pesar consigo?
¡No! en la callada eternidad no sopla
El huracán del reino de los vivos;
Sus dilatadas soledades nunca
Barrió el dolor con fúnebres vestidos.
¡Oh! ¡Escóndame en sus senos! ¡La honda llaga
De mi insanable corazón, alivio
Sólo allí encontrará; sólo su inmensa
Concavidad me servirá de asilo.
¿Qué busco ya en la tierra? ¿Del sepulcro
Ha vuelto acaso mi primer amigo?
¿Sus acentos de paz y de consuelo
Otra vez sonarán en mis oídos?
¿Derramará, cual en mejores años,
Aun sobre mí su celestial rocío...?
¡Nunca!... mas ¡ay! que su paterna sombra
Ante mis ojos muéstrase, lo mismo
Que cual lo vi del moribundo labio
Soltar mi nombre en su postrer suspiro.
Mi padre... ¡Sí! cuando trasmonta y se hunde
En occidente el astro de los siglos,
Y triste suena por los altos cielos
La fatal hora en que nació el suicidio,
Mi padre se presenta... Sí... mi padre...
Del sol sentado en el inmenso disco,
Yo, yo lo veo... sus amantes brazos
Alarga tierno a su infelice hijo.
Ya vuelo a ellos... ¡Ay! deja tan sólo,
Deja que llore en el sepulcro mío;
Que cuando cubra mis cenizas, nadie
Sobre mi losa lanzará un gemido.