EN BOCA DE UNA MADRE
En este instante la memoria mía
Me recuerda con grata complacencia
De tu nacer el venturoso día;
El felice momento
De angustias mil y penas precedido,
En que por vez postrera
Volví a gustar sensible y amorosa
De ser madre la dicha lisonjera.
¡Ah! ¿por qué ley forzosa
El instante más dulce de la vida,
Va siempre acompañado
De la angustia más cruel y dolorosa?
¿Por qué la Parca, con furor insano,
En tan plácido día
Las puertas abre de la tumba fría?
¿Por qué amenaza la implacable suerte
A la que da la vida dar la muerte?
Tres lustros de mi vida se han pasado,
Tres lustros de la tuya se han corrido,
Desde aquel sacro, incomprensible instante
En que tanta ventura he disfrutado,
En que tantas congojas he sufrido.
En tan solemne día
La patria opresa con servil cadena,
La frente levantando más serena
Derrocaba la hispana tiranía:
Yo tu mullida carne remecía,
Cuando la trompa horrísona resuena;
Oigo el cañón de guerra; el bronce truena,
Y el ibero orgulloso,
De Boyacá en los campos confundido,
Con rabia muerde la sangrienta arena.
Bajo tan fausto agüero,
Naciste, sí, naciste
De mi primer amor fruto postrero.
Sigue, sigue tu estrella,
Que ya dejaste la niñez dichosa,
Sus tiernas gracias, sus alegres juegos,
Su amable risa, sus placeres ciegos...
¡Todo se escapa con edad tan bella!
Natura vigilante
Prende en tu pecho su divina llama
Y con afectos nobles, generosos,
Tu tierno pecho y corazón inflama;
Y a consagrarle toda tu existencia
La patria ya te llama.
¡Oh buen Dios! ¡Si Colombia algún día
A la dura cadena volviera,
Yo te pido que este hijo antes muera
Que humillarse ante un fiero opresor!
¡Mas si libre mi patria prosigue,
Que su amo mis párpados cierre,
Que su amo mis restos entierre,
Y la muerte veré sin dolor!
Noviembre 12, 1833.