A LA MUERTE DEL MISMO
¿Quién no te llorará, flor del desierto?
Olor fugaz que al mundo no llegó,
Alma de amor que a nadie odiar supiste
¡Brisa del mar, emanación de Dios!
Sólo una vez en instantáneo abrazo
Latir sentí tu joven corazón;
Mas tal latido reveló tu alma,
Y fui tu amigo desde entonces yo.
Tan dulce fue, tan triste fue tu muerte
Como el postrer reverberar del sol,
Cuando, en el mar, la frente raudo alumbra
Del marinero que le dice adiós.
Si en otra forma existes todavía,
Y en esa forma al mundo vienes hoy,
Yo te he visto en la lágrima preciosa
Que tu hermana, al nombrarte, derramó.
Agosto 20, 1839.