|
INDICE
|
|
A ANTONIO JOSÉ CARO
¡Antonio, dulce amigo,
En cuya cuna un tiempo
Hemos lanzado juntos
Nuestros ayes primeros;
Tú, cuyo acento blando
Ha serenado luego
De mi frente sombría
El ominoso ceño!
Oye: si cual yo lloras;
Si también en tu pecho
Imprimió la desgracia
Su penetrante sello,
Ven conmigo a los montes;
Y, lejos de los pueblos,
Ignorados y solos,
Nuestra suerte lloremos.
Allí, cuando las sombras
Se tiendan por el suelo
Y de la tarde ahuyenten
Los últimos reflejos,
Tal vez, a un tiempo heridos
Del brazo del Eterno,
A buscar nuestros padres
Volaremos al cielo.
|