LADY AGATHA
-Quiero tener el honor, Mr. Wise, presentaros a lady Smith, dijo
el gobernador de Bengala al Sabio, una noche, en su magnífico
palacio de Calcuta. Es una señora muí distinguida i mui amable. Los
que gozanos de la dicha de merecer su confianza, tenemos el
privilejio-en ausencia de i esposo, entiende-de llamarla mistress
Agatha. Alcanzad esa dicha, i tendreis ese privilejio
En seguida, acercandose a lady Smith, la dijo:
-Señora, permitidme que os presente a Mr. Arturo Wise, cuyo
apellido, más que un nombre, es un título ganado con sus talentos i
con sus estudios.
Lady Smith acojió al Sabio con una sonrisa, i lo invitó para que
se sentara a su lado. El Gobernador se retirá, i los recientemente
conocidos trabaron la siguiente conversación:
-He sabido, por el señor Gobernador, que haceis estudios de la
mayor importancia en la India. Os felicito por vuestra aplicacion,
i deseo que veais coronados vuestros esfuerzos del modo que os sea
más agradable.
-Gracias, señora. Soi un hombre sólo en el mundo. Perdí a mi
padre, por quien tenia el más grande amor i el más grande respeto,
i he venido a matar la vida a estas rincones, las que he encontrado
mui interesantes.
-Hace mucho tiempo que habitais en Asia?
-Hace unos veinte años.
-Pero, entónces, vinisteis a ella mui jóven.
-Vine de veinte i dos o veinte i tres años, pues actualmente paso
de cuarenta.
-I pensais regresar a Europa?
-No lo sé, pero no lo creo. Todo lo que me liga a la tierra, que
es bien poco por cierto, lo tengo acá en el Indostan, i no me
falta, para ser un indio completo, sino creer en Brama. Yá lo veis:
tengo el mismo color de los asiáticos.
-Es la verdad, A los europeos que residen por muchos años en el
Indostan, se los cambia el color de la piel; pero ... ¿sucederá en
todo lo mismo?
-Yo lo creo; i puedo aseguraros que, por lo que a mi hace, me
seria mui difícil volver a someterme a lo usos de Europa.
-Entónces tenemos ya dos: vós y Guy, dijo lady Smith riendo.
-Conoceis a Guy?
-Mucho. Es uno de mis mejores amigos.
-Guy es un caballero rnui distinguido.
---I mui hábil en el manejo de los negocios.
-Sí, entiendo que ha ganado muchos millones
-Millones que gasta como un rajad.
-Me decíais que a los europeos se les cambiaba acá el color; pero
os declaro, señora, que nunca he visto una cútis mas blanca i
hermosa que la vuestra. ¿Hace mucho tiempo que residís en la
India?
-Mucho.
-Entonces?
-Es verdad que soi blanca i que el sol de la India parece no haber
tenido influencia alguna sobre mi; pero, en cambio, yo he tomado la
vida oriental a pechos, corno Guy. Vivo como una indostana, i
cuando tengo que frecuentar la sociedad inglesa de Calenta no dejo
de sentirme contrariada. Por fortuna mi esposo, que es marino,
viene mui raras veces a Calcuta, i yo puedo estar, en el interior
de mi casa, como más me agrada.
---Según eso, ¿abandonarías la India con mucha pena?
---Con mucha pena. Fuera de la India, el mundo es para mi un
desierto.
Por lo demas, i siendo un deber mio velar en este pais por la
felicidad de los subditos de su Majestad Británica, os aconsejo que
no vayais a dar en el capricho de enamoraros de mistress Smith. Eso
es un sabio como vos, seria una locura que deberia ser purgada en
un manicomio.
Yo?
Vos. Mistress Smith es algo in que una mujer. Se cuentan de ella
cosas inverosímiles; i cuanto han cuido en sus redes, que, desde
luego, ella no tiende a nadie - han perecido, sin que ella se haya
tomado el trabajo, corno lo hacen todos los pescadores, de estraer
la presa de la red.
-Gracias por la advertencia. Mas, decidme una cosa- mi profesion
me da derecho para hacer ciertas investigaciones ¿mistress Smith es
inglesa?
-No lo pero no la creo compatriota nuestra.
_Porque?
-En primer lugar, porque su tipo es algo judío; i en segundo
lugar, porque tiene una marcada aversion a nuestros usos i nuestras
costumbres.
-Más que judía, la creo griega o indostana.
Nó. Mistress Smith tiene mas de veinti cinco años, i a esa edad ya
son viejas las mujeres en Asia. Acá, en donde las mujeres nacen
imponderablemente hermosas, desarrollan con una precocidad que
pasma, i duran lo que dura una flor. Su primavera empieza a los
quince años i termina a los veinte. Las matan el clima, las
pasiones i las costumbres. No saben amar, pero sí prodigan su
hermosura, por lo que su juventud es un vertigo sin los tónicos del
himeneo, del hogar, de la familia, de la relijion ni de la virtud.
La que más consigue, a esto respecto, logra que se la encierre i se
la custodie por medio de eunucos, costumbre que, dicen, remonta
hasta los medos. Vos, pues, que lo sabeis todo, debeis saber
tambien que vida puede ser la de unas criaturas esclavizadas, sin
educacion moral i in otros estímulos que los de los sentidos.
-Por lo que mistress Smith, que está da la fuerza de su tipo i
de sus gracias...
-No puede ser una mujer oriental, salvo…en una
cosa…
-En qué cosa ?
-En lo de no amar a nadie.
-Teneis las pruebas?
-Hasta donde se pueden tener en esos asuntos?
-Acaso...?
-Nó; pero yo tambien soi sabio, a mi modo, i veo i estudio lo que
pasa cerca de mí.
-I habeis visto i estudiado..
-Lo que les ha sucedido a los que se han apasionado de lady Smith.
Entre otros, ahí está Guy, quien por ella se ha hecho un opiador
terrible.
-Guy?
-Sin duda. Tambien sé de un frances que por ella se echó al rio en
Chandernagor, i de un italiano que se ahorcó. Ahora meses dió mucho
que reir un español, quien tuvo el proyecto de robársela. Yá un
ruso le habia ofrecido matar a sir Smith i casarse con ella en
segundas nupcias.
-Pero me decís unas cosas para cuentos de média noche. Lady Smith
es interesante, pero no tanto que cause todos esos estragos.
Os equivocais; Agatha es una mujer maravillosa; o mejor dicho,
no es una mujer, i ¿te ahí todo lo que sucede?
-No es una mujer?
---Es una hada
-Una hada?
-Es un jonio.
-Un jonio?
-No sé cómo esplicame;
quiero deciros es que ella no tiene de mujer mas que las
apariencias…que no es mujer, i…
.Algo que ocurrió en ese momento, separó a los do
interlocutores, i el Sabio se volvió a su casa dándoles vueltas,
como se suele decir, a los enigmas del señor Gobernador de
Bengala.
Al dia siguiente del dia la tertulia de que hemos hablado, lady
Agatha estaba, junto con dos de sus criadas favoritas - una etíope
i otra abanea - en el departamento que lo orientales llaman genana,
Es ésta una mansión deliciosa, con surtidores, con flores, con
perfumes, con magníficos tapices, con espejos, con divanes, con
anchas cortinas de corredor, en donde se bebe café o haschisch,
juega ajedrez, i son tocados instrumentos agradables. El ajedrez
fue inventado por los indios, para figurar las evoluciones de un
ejército antiguuo - compuesto de carros, elefantes, caballos i
peones - i es tenido, con razon, como el complemento de la vida
oriental, pues requiere, para jugarlo, quietud de cuerpo i
serenidad de ánimo.
La criada albanesa estaba acabando de vestirla, i la etíope la
servia, en una palangana de oro i en dos tacitas de lapislázuli,
tina tisana o goma dulcificada.
Era lady Agatha una mujer de estatura mediana, de carnes mórbidas
i esquisitamente delineadas El blanco de su cuello, de su pecho, de
sus brazos, de sus manos, lo mismo que el de la parte de los piés
que tenia descubierta, era un blanco particular, por lo
estraordinario, i que, desde luego, hacia contraste con el color de
sus mejillas, de un coccino puro. Sus ojos eran grandes, negros i
de un mirar tan dulce, que no podian espresar otro sentimiento que
el deja bondad. Un rayo de cólera, de pasion, o de odio, no habria
podido producirse en ellos, nunca; pero las lágrimas, las lágrimas
abundantes, silenciosas, causadas por un dolor bien amargo i bien
profundo, tenian en ellos la mejor de las urnas.
Decoraban sus ojos, en arco abierto, unas cejas, negras tambien,
pobladas i suaves.
Su frente era redonda i ancha, i la interrumpian, a una i a otra
sien, las dos cortinas de un lustroso, liso i abundante cabello; el
cual, Como brotado de su rico turbante, iba a buscar su espalda por
debajo de las orejas, de las cuales pendían dos zarcillos enormes,
en cuyos cercos de oro i de diamantes temblaban, a cada movimiento
del cuello, dos grandes amatistas, de forma de pera. No hai para
que decir que su peinado hacia, sobre su frente palida, el
contraste encantador que hubiera hecho una faja de terciopelo negro
sobro la nieve.
Su nariz era recta, delgada, i terminaba de repente en dos
ventanas graciosas; i su boca, delicada, bella, húmeda i encendida,
tenia el aspecto de un boton purpúreo.
El turbante que lo cubria la cabeza era de seda amarilla, con
listas verdes, lo mismo que el brial-que era algo corto-i estaba
recojido,
en trenza, con cordones de seda naranjada adornado con dos plumas
caudales, de color carmin. Sostenia las des plumas un broche de
oro, cuyo engarce cubria un topacio. Los fluecos o caireles del
turbante eran do perlas de Ceilan.
De estas mismas perlas eran los dos gruesos hilos que, remedando
las alas abiertas de una mariposa, cruzaban la parte visible de su
peinado; i de ellas, el ancho collar que revestia parte de su
garganta, de su pecho i de sus espaldas, i venia a tocar el borde,
sin adornos, de su justillo.
Era éste, como sus babuchas, del mismo color de las plumas del
turbante, i lo tenia sujeto a la cintura con un lazo de cordones de
seda naranjada, listados de verde. El broche que ajustaba este
cordon sobre su cuadril derecho, era un topacio igual al del
turbante.
Las mui cortas mangas del justillo - que casi no le pasaban de los
hombros - estaban guarnecidas por dos brazaletes, de cuatro
carreras de diamantes cada uno, que partian o se juntaban en un
óvalo central, tambien de diamantes i con un topacio en el
centro.
Los calzones eran de punto de Malinas, bordados de estrellas de
seda blanca, i los recojian, sobre la garganta de sus piés
desnudos, dos anillos de oro bruñido, incrustados de piedras. La
suela de las babuchas era de trencilla de oro, i lo mismo los
dibujos i los filetes de ellas.
En el momento en que la describimos, Agatha estaba en el divan,
recostada sobre un enorme cojin de terciopelo azul. Sobre el divan
habia, sujeto a la pared con argollas de bronce, un espejo enorme,
de Venecia, con un marco de costosas i prolijas labores. A la
testera del divan habia un jarron de China, de mas de un metro de
alto, lleno de bellísimas i húmedas flores i al pié una ánfora de
oro, en cuyo seno ardian mirra i pastilla.
Hemos dado todos estos pormenores - arrojando acaso una mirada
indiscreta a las intimidades de lady Smith - para justificar, por
sus apreciaciones, al mui respetado señor Gobernador de Bengala. El
traje i la manera de vivir de mistress Agatha durante la ausencia
de su marido, rayaban en estravagantes para todo europeo bien
nacido, i más para cualquier inglés, aunque no fuera del número de
los puritanos. El genana de aquella señora era casi un pecado; i
ella misma no se diferenciaba de una odalisca sino en que tenia
libertad de entrar i do salir, de volver o no volver. Ademas en
Culcuta no habia sultanes.
Fuera de eso, la conducta de mistress Smith era, del todo,
irreprochable.
Acabada la toillette de la señora, i tomada por ésta la tisana,
dijo a sus criadas:
-Retiraos a descansar, i si álguien viniere a buscarme, no lo
despidais sin avisarme primero.
Las criadas salieron, i ella se puso a revisar unos manuscritos
que sacó de debajo del almohadón. Lady Agatha, que conocía el
sanscrito, se ocupaba en hacer traducciones de los hermosos poemas
indios.
Hé aquí cómo habia traducido la muerte de Desarata, rei de
Ayodhia:
Hacia seis dias que Desarata habla desterrado a su hiio Rama, i
seis dias tambien que Desarata se habia sumido en un dolor
profundo. Desarata no habia vuelto a hablar. Una noche despertó i
le dijo a Cosalia, que estaba a su lado:
-"Pesa sobre mí una vieja culpa, i ha llegado d momento de
expiarla: voi a morir. Escúchame: en mi juventud, estando un dia
cazando en el monte, en la época de las lluvias, me puse en acecho
i esperé el paso de las fieras. De repente, oi entre los jarales un
ruido igual al que hace un elefante cuando llena de agua su trompa
i, sin pensar en lo que hacia, arrojé mi dardo.
alguien lanzó un lamento, el cual me llenó de afan, i acudí al
sitio de donde ese lamento habia salido. Encontré en él a un jóven
penitente, que vivia en ese bosque, i que era el sólo el sosten i
el único amor de sus padres, ámbos ciegos i ancianos. Ese joven
penitente habia venido allí por agua. El infeliz espiré en mis
brazas, llorando no tanto por dejar una vida para él halagüeña,
cuanto por sus queridos padres, que quedaban sin apoyo i sin
consuelo sobre la tierra. Tan luego como sentí frio el cuerpo del
jóven, lo recosté sobre el césped florido, i, tomando el cántaro
con el agua que él habia cojido, busqué, entre la espesura i con
mortal zozobra, la cabaña de aquellos desgraciados, haciéndome yo
mismo el portador de tan infausta nueva! Encontré en ella a dos
ancianos ciegos, desvalidos i silos, como dos pajarillos a los
cuales se les han cortado las alas, Que hacían? Murmuraban entre sí
i llamaban a su hijo, impacientes por su yá larga ausencia. A su
hijo, muerto por mis manos ¡ Qué iba yo a hacer allí? qué podria
decirles?
Al oír el ruido de mis pasos, Monia dijo:
-Yayinadatta, ¿por qué has tardado tánto?
Hijo mio, ven, dános de beber. . , . Porqué te detuviste tánto
tiempo en la orilla del rio!.. .Tu madre estaba yá mui aflijida. Oh
Yayinadatta si tu madre o yo te causamos algun disgusto, súfrelo
con paciencia, i no te ausentes por largo tiempo, cualquiera que
sea el punto a donde va ya o de donde vengas. .. . No eres tú,
ahora, los ojos de tu padre ciego? ¿No eres el aliento de nuestra
vida? Mas ¿porqué no me respondes ?....Me dejas hablar i no me
dices nada.
No pude callar más, i hablé. Hablé para decir a aquellos dos
desventurados, que yo era el matador de su hijo i luégo les estendí
mis manos homicidas, para que se cojiesen de ellas, i para
conducirlos al paraje en donde yacia, exánime, ha prenda de su amor
! Los ancianos acariciaron por largo rato a su hijo muerto, ¡se
disputaron, llorando, sus despojos yertos, para calentanos con el
fuego de sus besos, i para reanimarlos con la dulzura de sus
caricias. Despues ámbos quedaron mudos i agotados, junto al querido
e insensible cadáver.
- Oh Yayinadatta! dijo al fin la madre, al volver a cubrir de besos
los mustios labios de la hermosa víctima. ¡Oh Yayinadatta, hijo
mio! puesto que me querias más que tu misma vida, ¿porqué no me has
dirijido una sola palabra de consuelo? Ingrato! ¿no sabias que ibas
a abandonarme para emprender un viaje tan largo Un beso más, un
beso más, ¡oh hijo mio! i me resignaré a tan cruel separación! Tan
gran dolor no podia ser indiferente a los dioses, i Yayinadatta se
apareció a sus padres en la forma divina. Los consoló, me declaró
inocente de su muerte; les manifestó que estaba gozando de la
bienaventuranza eterna, i se volvió al empíreo.
Yo, que he desterrado a mi hijo Rama, sin culpa, añadió Desarata,
siento que llega el último momento de mi vida pues yo, - Cosalia,
soi culpado yo lo he echado léjos de mí, estando él inocente.
"Dijo el rei de Ayodhia, apagándose poco a poco, como se apaga la
luna al aparecer la aurora, murió esclamando ''Oh Rama! oh
hijo
mio!"
El alma del rei se desprendió entónces del cuerpo, i subió a los
cielos.
El episodio de Nalo lo habia traducido Agatha de El Mahabarata,
magnífico poema indio, de más de doscientos cincuenta mil
dísticos.
Cuando los pandos, vencidos en el juego, se retiraron al bosque,
el sabio Vriasdasva, para consolarles, les refirió un caso
semejante al suyo. Nalo, rei de Nisa, se habia enamorado de
Bamianti, hija de Bima, rei de Vidarba, la cual tenia fama de ser
mui bella. Unos cisnes, con las alas de oro, se ofrecen a servir de
mensajeros a Najo. Este es el momento en que empieza la traduccion,
la cual decia así:
Los pájaros, llenos de alegria, alzan su Vuelo i se dirijen hacia
Vidarba, La soberbia ciudad. En ella, divisando a Damianti sentada
sobre ricas alfombras i rodeada de hermosas doncellas se llegan a
ella i le besan los piés.
Dainianti se sorprende, admira las formas graciosas i el plumaje
esplendente de aquellas aves, i quiere cojerlas. Da, pues, la voz a
su servidoras, i todas las jóvenes, riendo, saltando, corriendo -
guiadas por la hija del ni - persiguen, sobre los marmoles i por
entre las columnas del palacio, a los cisnes lijeros, los que las
incitan i burlan sus esfuerzos.
Huyendo poco a poco, los cisnes ganan la vecina floresta, en donde
Cansan, páran i estravían a sus perseguidoras. Solo uno, al ver
sola a la princesa, se lo acerca y le habla así, en el lenguaje de
los hombres: -"Un noble i gran monarca, o' Damianti! reina Nisa i
ese monarca, escelente entre todos los mortales, es bello como los
jemelos asuinos, e igual a un dios bajo la forma humana. Si lo
aceptares por esposo, oh Damianti oh princesa hermosísima bellos ¡
nobles nacerán vuestros hijos, porque se parecerán a ti i a su
padre.
"Nosotros, los cisnes de alas do oro, liemos visto a los dioses, a
los Gondarvas, a los hombres, a las serpientes i a los Richis mas
no hai, entre todos ellos, quien pueda compararse con Nalo. Oh
preciosa entre todas las preciosas! Nalo es el orgullo de los
hombres."
La hija del rei de Vidarba responde :-" Vé i repite a Nalo,
pájaro mansajero, las misma palabras que me acabas de decir." El
cisne desplegó sus alas de oro, ganó el espacio i se perdió en él,
en dirección de Nisa. Alla el pajaro volvió a hablar el lenguaje de
los hombres i dijo a Nalo -" Damianti es la más bella i la más
escelente de todas las mujeres. Es una verdadera diosa, bajo la
forma humana.. Si la aceptas por esposa oh hermosísimo príncipe
bellos i nobles nacerán vuestros hijos, pues se parecerán a
su-madre. No hai entre las diosas una sola siquiera que pueda
compararse a Damianti. Oh Nalo, el más hermoso entre todos los
hombres:
la hija de Bima es el orgullo de los mujeres!
"Tál es el mensaje que ella te envía."
Poco tiempo despues el rei de Vidarba convocó a todos los
príncipes, a todos los reyes i a todos los dioses, para que su hija
escojiese, entre ellos, el que quisiese puro esposo, i Nalo se
presentó entre los competidores Sucedió, empero, que muchos dioses,
e Indra mismo entre ellos, prendados de la beldad de la princesa,
resolvieron tomar la figura del preferido de ésta, para engañarla.
Fué en vano, sí, pues Damianti, uso todos los que aman. Supo
conocer el dueño le su alma.
Sinembargo, el jeneroso príncipe vuelve hácia ella sus ojos llenos
de amor i casi empapados por las lágrimas, i le dice :- " Porqué
vas a escojer, amada mia, un mortal, cuando los dioses mismos
pretenden tu mano? Alza tu pensamiento i tu mirada hasta esos
sublimes custodios del mundo. El polvo que levantan a su paso es
más noble que yo! Oh tú, la más hermosa de las mujeres! porqué
simulas olvidar que, si un dios te recibe en su tálamo, te cubrirá.
con un manto de esplendor eterno, i ceñirá tu cabeza conguirnaldas
celestiales Escoje, empero decide el corazon que más te ama en
el
mundo, así te lo suplica, al ménos."
Miéntras hablaba así el noble príncipe, señor de Nisa, un manto de
dulces i amorosas lágrimas cabria los ojos i las mejillas de la
virjen. Al concluir, él la miró arrobado, i ella le dijo -"Héroe,
yo adoro a los dioses, porque son venerables; pero a ti te amo: tú
seras mi esposo."
Llegado el temido cuanto esperado momento de la elección, se abrió
la sala en que debia tener lugar la asamblea jeneral, Estaba ésta
sostenida por columnas de oro i, semejantes a leopardos majestuosos
que se pasean en las colinas, se avanzaron los héroes hácia ella,
al traves de los pórticos, i fueron a ocupar los asientos
magníficos que, por millares, estaban preparados para
recibirlos.
Eran los héroes de aspecto distinguido; traian las orejas cargadas
de piedras preciosas i las cabezas coronadas defieres. Sus cuerpos,
flexibles i vigorosos, eran superiores al de las serpientes de
anillos duros como el bronce. Sus brazos eran brazos de jigante, i
las trenzas de sus cabellos, mecidas por el viento, ondeaban como
racimos de uvas en la vida opima.
La enamorada i fiel Damianti aparece en medio del concurso, i
busca, con los ojos i con el alma, a aquel que debe ser el
preferido suyo. Mas i oh sorpresa delante de ella hai cinco héroes
iguales a Nalo. La doncella avanza, tiembla i vacila. ¿Cuál de esos
cinco será el verdadero Nalo? ¿A cuál de esos héroes deberá tomarle
la orla del manto?. ... Un error seria la desgracia de toda su
vida.,.. Quiere un hombre, i podria escojer un dios. Puestas las
manos, en medio de todos, i alzando los ojos al cielo, quedó muda
para los que la rodeaban, pero nó para los dioses, a quienes
dirijió esta plegaria:
"¡Oh poderosos inmortales! hasta hoy mi alma i mi vida han sido
puras: mi inocencia, i mis preces por Nalo, ejerzan, pues, poder
sobre vosotros! Por mi pecho sin mancha, lo grande del amor que en
él guardo, por mi sinceridad al culto de los dioses ¡oh custodios
del mundo mostraos a mi cual sois, para que pueda ver
a Nalo cual es él!"
La doncella asustada esperó palpitante. Mas como los dioses oyen
siempre las oraciones sin ceras, al punto mismo aparecieron éstos
levantados del suelo, inmóbiles como estatuas de cristal, coronados
de inmarcesibles flores sin causar sombra alguna, sin mover los
parpados, i sin que surcaran su frente gotas de sudor ni señal
alguna de angustia. - Solo Nalo quedó en tierra, sobre la cual
temblaba ¡se estendia la sombra de su cuerpo de barro. El sudor del
afan empapaba su rostro, i tenia el desaliento pintado en la
mirada. Vélo Damianti i corre hacía él. En sus negros ojos pintada
la felicidad, i llena de virjinal pudor, toma la orla del manto de
Nalo i la anuda con la guirnalda de flores que tenia consigo. Los
mortales se admiran; los dioses i los sabios aplauden; la asamblea
se disuelve; se celebran las bodas, i Nalo i Damianti, bendecidos
de todos, presentan al mundo el ejemplo de la virtud ¡ del
amor.
Por desgracia para tan preciosa pareja, Dvapara i Cali, dos
raxasis que hablan llegado tarde i que aspiraban tambien a la mano
de la princesa, juraron vengarse. Cali va a Misa o inspira al jóven
esposo una pasion violenta por el juego; pasion que Damianti quiso
templar en vano. Malo lo juega todo, hasta sus vestidos, i lo
pierde todo; tiene que huir, i su esposa lo sigue, i parte con él
su misma estola Sinembargo, Nalo es hombre, Malo es ingrato - e
inspirado siempre por Cali - olvida tanto amor, tánta abnegacion, i
abandona a Damianti, mientras ésta dormía, rendida de pena, de
fatiga i de hambre.
Triste i terrible fué el despertar de la princesa. Llora, llama,
suspira, i busca al fin en la espesura las huellas del ingrato.
Estraviada en su marcha, entra en el bosque de los Espantos, en el
cual se arrima a una caravana de mercaderes. Estos descubren un
lago en aquel bosque, cuyas orillas plácidas estan sembradas de
altas i espesas yerbas, i en cuyas aguas limpias se reflejan los
plumajes variados de los pájaros i los bellos matices de las
flores. Sopla en torno un aire puro, impregnado de los perfumes del
loto. La amenidad del sitio, su frescura, i la pureza de aquellas
linfas silenciosas, da a los cuerpos de los mercaderes salud,
bienestar i contento Jinetes i caballos hacen alto cerca del paraje
encantado.
Vino pronto la noche, noche en calma, de estrellas i de perfumes.
Era profundo el silencio, t los fatigados caminantes, a la par de
toda la naturaleza, yacian sumerjidos en el hondo sueño. Mas hé ahí
que, de repente, una inuehedumbre de elefantes bravíos, goteando
sudor de necesidad ¡ de fatiga, vienen a abrevar en el lago, en
donde encuentran i reconocen a los elefantes domésticos. Al punto,
llenos de furor, vibrando al aire las flexibles trompas, acometen a
la caravana con tuerza irresistible i peso enorme. No de otro modo,
las peñas desprendidas de la cumbre altísima quebrantan i hacen
temblar los valles, en su huida fragorosa hácia el abismo.
Dondequiera que va la tropa innúmera, hace horrible matanza cruje
el ramaje i deja los árboles desgarrados. Los mercaderes quedan
semienterrados bajo las patas de los monstruos, o destripados por
sus colmillos, o dislocados por sus trompadas. Algunos huyen otros
quedan petriIleados por el terror. Los camellos mismos tropiezan i
caen. En la oscuridad, en el sobresalto jeneral, en la desesperada
hombros, caballos i monstruos chocan unos contra Otros, se hieren
con golpes mortales, í todo aquel campo es un campo de vocería
salvaje i de horrible destrucción. Hai quienes se arrojen al lago,
quienes trepen a las alturas i pidan socorro, quienes se tiren por
el suelo, quienes oren, quienes amenacen, i hasta quienes maldigan
a sus compañeros, i hasta sus dioses, Los avaros, más que al
peligro, atienden a su tesoro, i recojen con premura sus perlas ¡
monedas ; la madre flama a su hijo, i éste llama a su madre; Hai
escenas de valor i de miedo, de jenerosidad i de egoismo, hasta que
el pavor i el desastre llegan, de repente, a su estremo, porque se
oye una ola tronadora que dice en los aires ''tened cuidado están
contadas vuestras acciones, i yo velo!"
Aparece el dia, en vista del terrible estrago, los que
sobrevivieron de la caravana atribuyen sus calamidades a la
presencia., entre otras, de Damianti. -"Esta mujer, cubierta de
harapos, dicen, esta insensata, este demonio - hembra errante entre
las tinieblas -la que ha traido sobre nosotros tántas desventuras.
Degollémosla, para vengar a nuestros parientes muertos, i en
castigo de nuestros tesoros perdidos."
La infeliz los oye i huye temblando hácia Ischedi, ciudad
magnífica, gobernada por Sovahú, huye, i cual la luna en el dintel
del cielo, palida, fría i de ansiedad temblando, va a mostrarse en
las puertas de Ischedi, en donde entra con los cabellos desgreñados
i en las espaldas demacrada ¡ desnudas. Síguenla los muchachos,
como a una loca, i arrójanle piedras, en tanto que ella corre i va
a hincarse a los piés de la madre del reí. -"Ven, sí, ven, la dice
la reina; me pareces una demente desgraciada. Suelos i rotos están
los harapos que te sirven de vestido, pero en tu altiva mirada i
en tu semblante leo lo grande de tu ánimo y la pureza de tu
casta."
El pankah es un abanico enorme, que se pone en movimiento, desde
la parte esterior de las habitaciones, por medio de cuerdas que
atraviesan las paredes, i que refresca a áquellas durante las horas
del calor.
---I bien Jason, dijo la señora, ¿tienes yá alguna noticia que
darme?
---Sé, apénas, que el sabio guarda lo que escribe, en su misma
cámara.
---Debajo de llave?
---Nó. Escribe en un gran libro que esta siempre en su escritorio
como si fuera un libro de cuentas.
---Se puede, pues, tomar.
---Si. Pero hai que entrar en el cuarto…
Ensayaré.
---Nó, de ningun modo. Es necesario que el libro venga a mi poder
sin que el Sabio note su desaparicion. Despues de que yo lo lea,
hai que volver a colocarlo en su lugar. No se puede, pues, tornar
de improviso, aunque el mismo se nos viniera a las manos.
---Esperaremos a que el Sabio este ausente.
Sería lo mejor. Mira, Jason: estos señores suelen tener criados
ingleses, que no, por ser buenos i antiguos criados de la casa,
dejan de ser ingleses.
-I bien.
-Un criado inglés que no deja de ser inglés, bebe; i si que
bebe…
-Se vende, acabó sentenciosamente el bohis.
-Nó, dijola señora, el criado inglés no se vende, pero el que
bebe, como no sabe lo que hace, es manejable. Vé, pues, eso con
muchos intereses. No te pares en gastos ni en sacrificios, si fuere
necesario. Me basta tener el libro aunque sea solo por las doce
horas de una noche.
-No sé cómo, señora, pero lo tendreis.
-Jason, sé que eres mi hombre de corazon de consejo, cosas que no
siempre están juntas! confio en tí.
-Puedo retirarme?
---Sí, vete.
El bohis se fue por donde mismo habia venido, i Lady Agatha
llamó para pedir la comida. Le fué servida ésta en una mesita, la
que fué puesta junto del divan. Cuando yá estuvo todo listo, lady
Agatha dijo a la etiope, que junto con la albanesa era quien la
servia:
---Avisa a Sir Smith qué estamos servidos.
Pasado un rato, agregó para sí:
-Es preciso tener valor i reir. Demócrito, que pasó el tiempo
riendo llegó a los 109 años, miéntras que heráclito, que no hacia
sino llorar, no pasó de los 60.
La etiope entró al retrete a la zaga de un ayudante, el cual se
colocó humildemente a un lado de la mesita en donde estaba servida
la comida. Como lo saben nuestros lectores, el Ayudante, o grulla
jigantesca, es una ave de las inmediaciones de Calcuta, de un
gran
tamaño. El de que hablamos tenia casi la estatura de un hombre,
pues media cinco piés, i sus alas abiertas median quince. Las
plumas de la parte superior oran de un color ceniciento, duras i
cortas, i las de la parte interior eran blancas, largas i algo
suaves. La cabeza i el cuello estaban revestidos de una piel rojiza
i callosa, i de la garganta le colgaba una especie de saco cónico,
cubierto de plumas, semejante a una morcilla, segun la comparacion
de Cuvier. El pico, suave en su base i de considerable abertura,
grande que un colmillo de elefante.
La avidez de éste pájaro ha hecho que se le dé en la India el
nombre de traga-huesos.
Tambien se dice que puede dijerir éstos. Se ha visto con asombro
que este animal puede tragarse dos onzas de tártaró emético sin que
le causen efecto alguno ; i tambien que arroja enteros los huesos
de los animales que se come, circunstancia que esplica el apodo que
se le da. Una vez se encontró en el buche de un Ayudante un gato de
gran tamaño i en el de otro una tortuga ; i es coman verlos
engullirse de un bocado sólo, una zorra, tina liebre, o una pierna
de carnero.
El Ayudante es tan útil a los indios corno la cigüeña a los
holandeses, pues devora, al dia, un gran número de culebras, de
lagartos i de otros reptiles. Su especie anda siempre en bandadas i
vive cerca del agua, especialmente hácia las embocaduras de los
nos, lo que ha hecho que muchas veces se les tome por caucas de
pescadores, especialmente cuando tienen las alas abiertas. En la
ribera parecen hombres i mujeres recojiendo mariscos.
En el momento de empezar la comida, i sin que hubiera modo de
evitarlo el Ayudante tomó con el pico, i se tragó con suma rapidez,
un pollo asado.
-Bueno, dijo lady Agatha, está visto que este caballero es
incorrejible. Nunca espera a que se le sirva.
La etíope, por su parte, lo amenazó golpeando el suelo con un
bambú de empuñadura de plata. El Ayudante dió algunos pasos
amedrentado, pues son mui cobardes i una clueca se les impone en
defensa de sus polluelos. Un momento despues, empezó a acercarse a
la mesa, paso entre paso, i en el primer descuido se tragó una
torta.
Esta vez la doncella etíope, que, al parecer, era la que estaba
encargada de la educacion del pájaro, le dió dos golpes con-el
bambú. El animal se enfureció i dió un bramido semejante al del
oso, lo que hizo que lady Agatha i sus criadas se asustasen en
estremo; i como intentaron huir, el Ayudante se aprovechó del
pánico que habla causado, para engullir e rápidamente cuanto
quedaba en las fuentes. Despues, volvió a su actitud humilde
i
resignada.
-Has hecho mal en castigarlo, Hebe, dijo lady Agatha, dirijiéndose
a la etíope. El caballero debia tener hambre, i debernos
disculparlo. Hai más, i es que tú no sabes que los Ayudantes los
creó Dios para que habiten en ellos las almas los bramanes, por lo
que has cometido un verdadero sacrilejio. En adelante, cuida de dos
cosas: de que te alimente bien, i de no pasar nunca de las amenazas
a los hechos.
-Está bien.
-Ahora, llévate al caballero, mientras luma retira estos platos i
este servicio.
Imina era el nombre de la albanesa.
Hebe echó por delante de sí al pájaro, i salió del retrete. Era a
este pájaro al que se llamaba en la casa sir John Smith, en
ausencia del esposo de lady Agatha, i el que la acompañaba todos
los días a comer. Por un capricho inesplicable do la señora, o por
más crueles, toda la servidumbre hablaba constantemente de sir Jhon
Smith, del marino, pero con referencia al traga-huesos, i como una
reprensible i mala ausencia del noble i valiente jefe de la
familia. El descaro, autorizado i lady Agatha, habia llegado a tál
estremo, que durante ocho dias no se hablo en la casa sino del
lance del pollo i de lo que se llamaba el rebuzno de sir Smith. La
albanesa, muchacha, al parecer, de mejor corazon o más respetuosa,
se habla atrevido, alguna vez, indicar a su ama que se le cambiase
el nombre Ayudante, llamándolo el brama i no sir Smith; pero lady
Agatha la reprendio severamente.
-Qué le habia dicho: ¿quieres que acabe por olvidar a mi marido, no
oyendo hablar de el cada momento, ni teniendo nada delante de mis
ojos que me lo recuerde instante por instante?
¿Crees que lo pudiera tratar con más solicitud o mas cariño que
el que gasto con quíen lo representa a mi lado durante su
ausencia?
¿Qué agravio puede haber, para mi esposo, en que su nomine viva a
todas horas en nuestros labios?.. . No vive el tambien en nuestros
corazones?
Hebe volvió a entrar, trayendo una carta y un periodico en una
palangana de oro, de bellos esmaltes.
La carta era del gobernador de Bengala y decia asi:
Preciosa lady:
Como supongo que no veis los diarios de Calcuta, os envio uno en
donde se dan noticias del denodado marino vuestro esposo, de
estacion ahora en los mares de Rusia. Perdonadme el que no deje
pasar ocasion de saludaros i de postrarme a vuestros piés.
Concluida la lectura del amable billete, la estravagante mistress
Smith se sonrió i dijo:
-Yá sabemos que el denodado marino está en los mares de la Rusia,
lo que no es poco, porque Rusia tiene muchos mares. Ojalá sea en
los del polo, o más allá, si fuere eso posible. Por lo demas, el
bueno del señor Gobernador no hará carrera como hombre público,
pues cree en lo que dicen los periódicos.
La caprichosa lady sentía mucha indiferencia por su cara mitad, o
la odiaba de muerte, puesto que no desdobló, siquiera, el diario
que le habia mandado el Gobernador.
(FIN DE LA PARTE SEGUNDA)