INDICE




LA GLORIETA

 

-Vamos, amigos, dijo Guy, vamos a la Glorieta, donde haremos la penitencia del dia, empezando por almorzar. Empieza a hacer calor, i. estoi seguro de haberos fastidiado con mi charla.
Al llegar a la Glorieta, que era mui linda, un criado presentó a Guy, para que éste a su vez lo hiciera a sus huéspedes, una palangana de bruñida plata, en donde habia,  un |prismático frasco de Bohemia, un mui jeneroso, añejo i de color do ópalo. En contorno del frasco, habia unas copas pequeñas de cristal de roca. Servido el licor, dijo el Sabio
a agregar unas pocas palabras a la interesante relacion que hornos tenido el honor de oir de |nuestro noble amigo Guy. |Despues, me |permitiré proponeros un brindi.
-Hablad.
-Pottinger aconsejó al emperador de la China que, en lugar de prohibir la introduccion del opio a sus dominios, lo gravase con un fuerte derecho, para aumentar las rentas públicas. El emperador rechazó e) consejo como inmoral; hizo mas: propuso a la Compañía de las Indias Orientales darle anualmente setenta i cuatro millones i medio de las rentas chinas, con tal que abandonase ella el cultivo del opio. La Compañía, a su vez, rehusó. Pues bien, señores, propongo una copa por el gobierno honrado i verdaderamente patriarcal de los chinos.
Los tres amigos bebieron con efusion.
El almuerzo fué espléndido, pues Guy, ademas de la buena suerte de ser rico, tenia la no ménos buena de saber gastar su dinero.
Fueron servidas toda clase de granadas, de almendras, de |nueces, de |higos, de uvas, de albaricoques &c., delicadas conservas, pescados, aves, hidromiel, confites, carnes todo mui bien aderezado, con profusion de flores i de cintas, i en ricas porcelanas, en ricos cristales, o en fuentes de oro o de plata, segun el caso. Detras de cada uno de nuestros conocidos habia mi criado batiendo el aire con un mosquitero enorme, i en uno que otro ángulo de la Glorieta habia perfumadores de bronce, cu forma de cariátides, en los cuales ardiari pebetes fragantisimos. Una orquesta invisible, cuyos acordes parecian producirse en los aires o debajo de la tierra, tocaba trozos de obras maestras de la Euterpe indostánica. Componíase la orquesta de címbalos, tamboriles i flautas; u ocasiones era ruidosa hasta el vértigo, en ocasiones apacible, i en ocasiones alegre o melancólica ; pero siempre despertaba en el ánimo .- quién sabe en virtud de qué poder majico - los más encantadores sentimientos.
-Kansama (éste es el nombre que se da al jefe da los criados en el Indostan), dijo Guy, dando a probar el kabub, siempre que lo haya lejitimo.


El kansama hizo traer al punto un pequeño anafe de hierro, con brasas, i estendiendo sobre éstas una especie de salchichas sin  cubierta de tripa ni otra alguna, cada cuál de seis pulgadas de largo i de dos de diámetro, las dejó ah por dos minios, i poniéndolas luégo en sendas tortas de flor de harina, sirvió a los que estaban sentados a la mesa.
-El |kabub, dijo Guy, as como lo habeis visto preparar, i tál como lo estais comiendo, es el plato obligado en todos los bazares de Oriente. Se prepara con la prontitud que visteis, es tan nutritivo como agradable, i tiene la ventaja de que no elije fuente, tenedor ni cuchillo. Os le recomiendo, señor Wise, para vuestras escursiones en el interior del país, o para cuando vaya a  las pagodas, o a las ruinas de los templos pro-históricos, a conversar con los espíritus, o a buscar al rei de las tinieblas.... Algo se murmura por ahí de eso.,
-Gracias, Guy. Os confieso que nada me seria más agradable en el mundo, que poder hacer mi |lunch, algun día, con algun dios, ánjel o demonio que me diera |noticias ciertas de la otra |vida.
-Yo preferiría las de ésta, siempre que no se pudiera dudar de su autenticidad.
En seguida se brindó por la salchicha que debia comerse el Sabio, en compañía de Satanas, en la cima de alguna montaña pavorosa o en lo caldeados sótanos del infierno; i como el almuerzo habia concluido yá, se levantaron todos de la mesa.


La Glorieta de que hablamos estaba construida sobre una muralla de |mampostería, a la cual daba vuelta un estanque, que servia simultáneamente para vivero i para el cultivo de algunas plantas acuáticas, preciosas por su rareza, La muralla tenia unos tres metros de alto i dos de espesor, i su antro, de unos treinta metros cuadrados, servia de depósito general de herramientas de labor, de semifla8 de adormidera i de otros útiles indispensables para la preparacion del opio. Subíase a ella por una mui cómoda escalera de mármol blanco, un tánto ennegrecida por la intemperie, i cuyos dos pasamanos eran de hierro dorado, fuertes i graciosos.


La cúpula de la Glorieta se componia de cuatro ángulos pareados, inclinados i agudos,
cubiertos con zinc i sostenidos por un tinglado de madera, lleno de labores i de canes, anchos i mui elegantes. Los costados eran
otros tántos marcos de madera, ricamente tallados; mitad celosías - para dar frescura al aposento - i mitad puertas-vidrieras, veladas
con cortinas de tela de Musulmanas, mui sencillas.


Las paredes de la muralla estaban cubiertas, a trechos, por festones, en flor, de plantas trepadoras i de bejucos preciosos, asiento de nidos de aves i regalo de bellas mariposas.
Entre las ovas del estanque, jugueteaban millares de pececillos rojos o plateados, i en sus orilla habia lotos enormes, tanto de la especie azul como de la blanca.
Cuando Guy no estaba en la asa, cosa que sucedia todos los altos en les meses que no eran de cosecha, la Glorieta estaba cerrada o
era un plantario.
Despues del estanque i en contorno de éste habia una especie de |trotoir, de arena fina i de asfalto, sobre el cual hacian sombra un
centenar de palmas antiguas, de la especie talipot, acaso la mui bella de todo el Oriente.
Pués hácia aquella calle, casi oscura en la mitad del dia, refrescada por las brisas, que batian jugando las gallardas copas de aquel arbolado secular, sobre las de mimbre i bajo un cielo |límpido i |arrebolado, a donde Guy llevó, despues de almorzar, a sus dos amigos, para que se paseasen o fumasen la pipa de la amistad, a estilo de las tribus salvajes.
En efecto, trajeron las pipas í el opio; pero el Sabio se opuso decididamente a que G |uy i Ayax lo fumasen, por lo que tuvieron que contentarse con encender, cada uno, un cigarro de la Habana.
Guy miró al soslayo a Aya; como diciéndole: "Ya lo haremos luégo a |nuestras anchas."
Lo primero que hicieron nuestros viajeros fué admirar las estraordinarias palmas que los rodeaban, por su elevacion majestuosa, lo grande de sus hojas - capaces de dar, cada una, sombra a un elefante - sus troncos lisos, con espiral i de más de un metro do diámetro a boca de tierra, i el pimpollo jigantesco, de amarillas flores, que las coronan a una altura de más de cien piés. La enramada formada por las hojas, de un verde oscuro, del talipot, era espesa i sombría, i el viento, incapaz de moverla, remedaba en ella los sones de una arpa eólica, estridente i confusa.
-Las hojas de esta palma, orijinaria del Malabar, de Ceilan i de casi todas las islas orientales del mar Pacífico, dijo Guy, una especie de patrimonio de los indios. Como lo veis, estas hojas tienen la forma de un abanico i pueden abrirse i plegarso como éste. Esos infelices, que por lo comun andan desnudos, se sirven de ellas como de un parasol en verano, i como de un paraguas en invierno. Las preparan frotándolas con un pedazo de palo duro pero suave, lo pie les quita la humedad i las hace flexibles. Despues de desecada, una hoja casi no tiene peso.
-Me parecen mui grandes para que pueda manejarlas una sola persona.
-Lo son, en efecto, pero los indios sacan de cada una tres o cuatro abrigos, bastante cada cuál para un hombres. Esos abrigos tienen la ventaja de ser impermeables, como el caucho, lo que iba costando muí caro a nuestros compatriotas cuando hicieron la guerra a los cingaleses.
-Porqué?
-Porque peleaban en tiempo de lluvias, i los indios, cubriendo con hojas de talipot sus fusiles, los mantenian secos i podían dispararlos a todas horas; miéntras que los soldados de la Gran Bretaña.
-Ah! sí....
-_Hacian más - i aún hacen - los naturales se sirven de ellas como de tiendas de campaña.
-Exajerais, Guy.
-Nó, señor Wise. Pos hojas de talipot sirven para protejer, hasta una docena de hombres, del rocío durante la noche, que es mui dañoso en estas latitudes, i de los rayos verticales del sol meridiano, que calcinan los sesos. Para cargarlas no dan ningun trabajo; pues, plegadas i puesta una sobre otra, dos no hacen mas bulto que el del brazo de un hombre. No hai jefe ni persona rica de estos lugares que no lleve en sus viajes tiendas de talipot. Las fabrican, en el país, de
forma cuadrada, cosiendo las hojas con mucho primor. Una tienda capaz de contener |treinta personas, va bien acondicionada en un pequeño cajon, que lleva un indio a cuestas. Amigo Wise, me permitireis hacer poner una en vuestro equipaje, junto con las salchichas, para cuando vayais....
-Para cuando vaya en busca de Lucifer... a las montañas de la luna.
-Es verdad, observó Ayax, que si no estuviéramos debajo de estas palmeras patriarcales, creeríamos que Guy nos estaba hablando de árboles encontrados por Simbad el Marino en sus viajes.
-I aún falta aleo. Con el talipot techan los indios sus habitaciones, i fabrican sombreros capaces de cubrir a una madre a la criatura que lleva ella en sus brazos.
- I no se podria construir un sombrero para toda la familia, para cuando ésta sale de su casa a una |partida de placer, como se dice en Francia?
-Sin duda que sí, Ayax; solo que esos sombreros, como ya he tenido el honor de decirlo, se llaman entónces |tiendas.
- I es cierto que se hacen libros de talipot? preguntó el Sabio.
-Si, señor. Para eso, cortan las hojas de la bendecida palma en tiras, del tamaño que se quiera: - por lo regular estas tiras tienen média vara de largo i tres o cuatro pulgadas de ancho, Una vez cortadas las tiras, se ponen en agua hirviente, por algun tiempo, i luégo se las frota con un madero para
darles mayor suavidad de la que tienen de suyo. Hecho eso, se encuadernan por una de sus estremidades, i queda hecho el libro.
-I cómo se escribe en él?
-Con un buril mui fino; i pasando luégo sobre lo escrito una cierta sustancia, negra como tinta, ésta se introduce en el grabado i hace visibles los caractéres.

Acá en Oriente es mui comuñ escribir todo lo que tiene poca
importancia, en hojas de palma; pero para los pasaportes, los despachos del Gobierno, las escrituras i otros documentos de consideracion se usa siempre del talipot. Este es mui durable i resistente despues de cocinado i
de tallado pero los indios, para mayor seguridad lo untan de aceite de coco, cuyo olor aleja todos los insectos.
Terminada la |conferencia sobre la esbelta palma, el Sabio se avanzó un poco hácia el estanque, para admirar más de cerca las macetas de lotos, las cuales salian, como otras tántas Vénus en miniatura, de entre las ola m linfas i pequeños remansos. El loto, entre los campos de arroz, es pequeño; pero en
las zanjas i canales se eleva hasta dos metros, como los que el Sabio miraba en ese instante, más con los ojos del alma que con los del cuerpo. El azul de las flores de los unos i el blanco de las flores de los otros ; lo dilatado i flexible de los tallos; lo caprichoso de los estambres, más numerosos i de doble tamaño que los pétalos ; las hojas, circulares i áncha más de un pié, i los cálices, verdes i orlados de rojo; todo daba al conjunto una belleza sorprendente i digna de justificar lo que, tanto la historia como la Mula, tanto la tradicion como la epopeya, hace millares de años, vienen diciendo de esta planta querida de los dioses.


Los anales fenicias hablan de los lotofagos |, africanos de los sitios en donde despues se levantó Trípoli, i a quienes nombraron así porque se mantenian con loto, del cual hacian, ademas, hidromiel, especie de vino de poca duracion. Esta costumbre subsiste hoi en muchos pueblos de Africa.


Teofrasto dice que Ofelas, rei de Carene, yendo contra Cartago i careciendo de virtuala, aumentó su ejército, por muchos dia, con loto. Nada podemos decir de la inmensa cantidad de lotos que se debió necesitar para mantener un ejercito por varios dias; pero lo que sí no admite duda es que el fruto del loto, del |mismo tamaño del de la |adormidera, contiene un gran número de granos semejantes al mijo, con los cuales, machacados i secados al sol, se hacen tortas algo dulces en verdad.
-Oh oh! dijo el Sabio, teneis el más bello que he visto en mi vida.
|-Me alegro de que deis al loto su nombre comun, para evitar controversias inútiles. Yo soi tan admirador del blanco como del azul por lo que los poseo i cultivo ambos sin ninguna parcialidad.
I haceis con ellos guirnaldas i corona como los antiguos?

-Las haría, si hubiese en estas apartadas rejiones alguna |miss encantadora a quien coronar; pero como soi soltero i hombre de órden, no cojo las flores, sino el fruto.
-Para qué?
-Para fabricar hidromiel, obsequiaros con un vaso.
Dicho esto, Guy llevó a
bato de oro, i silbó.
Se presentó el kansama, i Guy le dijo:
-Tráe hidromiel. Luégo, volviéndose hácia sus dos amigos, añadió
-Es cosa bien particular, i que encanta presenciarla, m que el loto, todos los dias, al ponerse el sol, cierre sus flores i las oculte debajo del agua, para sacarlas al dia siguiente i ofrecerlas al beso de sus primeros rayos. Yo vengo todas las tardes a presenciar esa despedida silenciosa, que tiene para mí un
canto melancólico; como vengo todas las mañanas a presenciar ese saludo coqueto, puro e ideal, que es como el cambio de una sonrisa entre el astro i la flor. Si fuera poeta, describiría ambas cosas con la delicadeza de emocion que me causan, pero que no me es dado trasmitir.
-El loto, dijo el Sabio, fué siempre legtimado entre griegos i entre romanos.
mero habla de él como del alimento de unos hombres mui pacíficos, quienes le atribuian la propiedad de hacer olvidar su patria i sus parientes, a los forasteros que lo comian. Sinembargo, hai especies distintas, pues el africano es un arbusto espinoso, i el indostánico es una planta acuática, símbolo de la diosa Ganga, primojénita del Himalaya, divinidad del rio Ganjes, rio celeste que parifico la tierra. Tambien se le tiene entre los indios como un emblema del gran poder reproductivo del inundo, i so lo venero relijiosamente.


Herodoto dice que, en el momento de la plenitud de las inundaciones del Nilo, aparecia una gran cantidad de lotos, los cuales eran recojidos por los ejipcios para hacer pan de sus cápsulas, i para comerse la raíz, que es del tamaño de una manzana, bien agradable. En los bajos relieves i en las pinturas de los templos ejipcios, se hacia mucho uso del loto, planta que allá estaba consagrada a Isis Osiris, como emblema de la creacion del mundo, salido de las aguas.
-Vos, señor, que habla el sanscrito, dijo Ayax al Sabio, habreis podido recojer datos mui interesantes respecto d eso en la mitolojia india.


-El sanscrito no se habla yá, dijo el Sabio, aunque es una lengua perfecta, i acaso la más hermosa conocida entre los hombres. Yo lo más que puedo es leerlo; i, gracias a eso, voi a tener el gusto de referiros lo que del loto dice la cosmogona indostánica. Las teogonías indias son otros tántos poemas, en los cuales la sencillez de la prosa contrasta con lo grandioso de la fábula. El código mismo de Manú está escrito en dísticos El dio en que esos poemas, convenientemente traducidos i, si es posible, traducidos en verso, se popularicen entre los hombros de todas las naciones, se decidirá si la palma de la epopeya corresponde o nó a los griegos i a los latinos, i si éstos tienen, en la musa india, una rival poderosa i aventajada.


Hé aquí cómo el |Shevee-Purane da cuenta del oríjen do Brama: Cuando Vishnú iba a crear el mundo, produjo un loto de millares de leguas de estension. De la flor de ese loto salió Brama. Este dios, recien nacido, se miró con asombro i miró en torno Suyo; mas no viendo otra cosa que el loto, lo tomó por el autor de sus dias. Sinembargo, a fin de averiguar con certeza su verdaderó oríjen, penetró en la tierra, para buscar la raíz del loto, en lo que empleó cien años inútilmente. Mui disgustado de la pérdida de su tiempo, volvió, pues, arriba, en donde encontró a Vishnú, con el cual hubiera trabado pelea, si Siva, diosa de los vencidos, no lo hubiera impedido, ordenando que Vishnú, convertido en jabalí, penetrase en la tierra i bajase durante mil años seguidos, hasta encontrar la raíz del loto, en tanto que Brama, convertido en ganso, debia subir por el tallo, durante otros mil años, hasta encontrar la punta dé la planta.
Lo demas, lo dejo a vuestra consideracion.
-Vamos, dijo Guy, hace rato que nos espera el hidromiel, vino de que gustaba mucho Tamerlan. Lo probaremos i volveremos a la casa. En cuanto a las adormideras, las dejaremos en poder de Céres, diosa a la cual están consagradas desde los tiempos dichosos de Júpiter.


El resto de la tarde fué pasado alegremente, i la comida no fué ménos espléndida que el almuerzo. A los postres, se brindó, como
¿le costumbre, por su |graciosa majestad, hoi en dia emperatriz de las Indias, i Guy dijo al Sabio:
-Me seria mui grato que no regresaseis a Calcuta hasta mañana. Os tenia algo preparado para esta noche, bien distinto del repugnante i anticristiano espectáculo de las sotis.


__Tendria el mayor placer en seguir gozando de vuestra espléndida hospitalidad pero  un deber de humanidad, i casi de cariño, exije
mi presencia en esa ciudad. Vos lo sabeis, Ayax: temo que Imina haya muerto.
El Sabio refirió en pocas palabras, a Guy, el incidente pie habia tenido lugar a propósito del úpas i la mascareña. Luégo agregó
-Eso me tiene inquieto, i me vuelvo al
instante.
__Entónces, permitidme haceros una súplica:
dejad conmigo al jóven Ayax. Os lo devolveré sano i salvo.
__Apesar del opio? preguntó el Sabio riendo.
__Apesar del opio, palabra de |gentleman.
-I él conviene?
-Me seria mui agradable aceptar, pero me da pena dejaros marchar sólo.
-Por lo que es eso, no tengas cuidado sol el solitario del Indostan, i nunca he viajado de otro modo.
Llegada la hora, el Sabio entró en el palanquin,
previa una cordial despedida, i Guy i Ayax entraron en la casa, para fumar opio. Guy i Ayax pasaron a un salon tapizado con ricas alfombras i adornado con almohadones i cojines, de diferentes hechuras i tamaños, i todos de un gusto esquisito. Las paredes de esto salon estaban decoradas con pinturas persianas, que representaban hermosas mujeres de Oriente, caballos árabes del tama1o natural i aves del Paraíso. De distancia en distancia - en los intercolumnios - habia vasos colosales del Japon, con flores i frutas, i pebeteros de metal, simbólicos, los cuales embalsamaban el aire con sus ondas de humo.
El salon estaba iluminado por unas ocho arañas de cristal tallado, cuyos prismas titilantes daban i recibian los rayos de luz i los destellos de las bujías, con exuberancia de colores i de matices, en medio de un silencio profundo, turbado únicamente por el bullicio tenue del agua que saltaba jugando en lo vecinos surtidores.
El techo del salon de que hablamos, estaba soportado por columnas de mármol negro con adornos blancos, estriadas i macizas; i comunicaba, a todos lados, con un jardin de rosas, jazmines, tulipanes i granados, con preciosos cenadores i setos, i delimitado por un canal cuyas aguas se deslizaban entre pabellones i estatuas, i lamian los floridos arbustos de sus márjenes. En medio del jardin, se ensanchaba el cauce de este canal, que iba a rodear i a aislar un templete octógono, de mármol blanco, de forma atrevida i cortes delicados, lujo i tesoro de un desconocido cincel. Cada una de las columnas que |sostenian el templete, encerraba un tubo, por el cual subia el agua hasta las cuatro fuentes que rodeaban su cúpula, para volver a caer desde allá, en chorros caprichosos o mantas delgadas. Esto mantenía fresco el ambiente, i traia las aves a habitar i a cantar a aquel eden, desde las vecinas florestas.


No hai para qué decir que Ayax quedó como suspendido entre aquel rejio salon, a la oriental, i aquel jardin secreto, recinto de las hadas, en el cual una hermosa luna de prima noche hacia rielar sus rayos sobre el agua, las calles, las estatuas i el templo, convidando, con su tranquilidad, con sus perfumes i con su aliento virjinal i |tibio, al amor o a la meditacion. Volvióse, pues, hácia Guy i díjole
-I esto?...
-Esto lo produce el opio, lo contestó Guy cariñosamente. Vamos! sigue fumando, que ahora no más empezamos.


I era verdad. De repente, i sin saber en dónde estaba colocada, una orquesta media,  dejó oir los dulces acordes de sus címbalos, tamboriles, flautas i guitarras, al tiempo mismo que cuatro mujeres, hermosas con toda la hermosura de las razas primitivas, de ojos negros, rasgados i brillantes, de largas pestañas, de sonrisa alegre i de aire espresivo, vestidas de un modo estrato i elegante, entraban al salon, i, cojidas de la manos, iban, en semicírculo, a saludar a su amo, Guy, i al amigo de éste; lo que hicieron humillándose con gracia i llevando las inanes a la frente, a estilo del país.


Los trajes de estas jóvenes, todas menores de veinte años, se componian de una banda dorada, que les servia de cinturon; de un chal |vistoso, de lijeros pliegues, mal ceñido, que dejaba ver, de trecho en trecho, su tez negra, suave i brillante. Sus brazos, completamente desnudos, estaban adornados con grandes i triples brazaletes, de formas raras i colores vivos. Los piés los tenian descubiertos. Un poco mas arriba del tobillo, rodeaban sus píernas dos sartas de campaniIla, cuyos sonidos, al danzar, debian coincidir con los de la música, prueba para de su habilidad. Sus cabelleras, abundantes i negras, les calan, en trenzas, sóbre los hombros, llenos como los de una Diana de ébano. Por tocado, tenian un pequeño yelmo de metal pulido. Llevaban al cuello un adorno o cintillo en forma de corazón, i en sus orejas i narices, pendientes dobles, do oro con joyas.
Hecho el saludo, las jóvenes se pusieron a bailar haciendo agradable exhibicion de su potencia plástica.

 

aila;radable exhibicion de su

El baile indio, i en especial el de estas bailarinas, como todo entre los indostanes, es enteramente simbólico, i por medio de él se espresan el amor, los celos, la desesperacion, el temor, la duda, el odio, la alegría, i cuantos afectos i pasiones pueden conmover el ánimo de un ser racional. Es, pues, un arte doble el del movimiento i el de la espresion, al cual no se llega sin jenio i sin estudio.

Nuestras jóvenes bailaron primero pareadas i despues solas ; i Ayas, que las contempIaba admirado desde un divan, no pudo ménos de prorumpir en |bravos i dar palmadas, lo que hizo que Guy le dijese, riendo:
-Olvidais, amigo, que no estamos en  la Opera. Estas chicuelas no están acostumbradas a esas cosas i para presenciar lo que hacen, hai que tener el reposo de los indostanes o la indolencia musulmana.
Ayax convino en lo justo de la observacion de su huésped, i lo manifestó que |seria indiferente en lo sucesivo.


Luego que las bailarinas ejecutaron el saludo al Raya,''…"el lamento del  indio,'' "el robo de Visnú" i "la Viuda," hubo algunos momentos de descanso, durante los cuales se sirvieron frutas de todas clases, alfónsigos, café con almendras tostadas, jugo de naranja i de jugo de lima, hidromiel otras golosinas. Varios criados; vestidos de gala, recorrieron el salon renovando el aire, para lo cual hicieron vibrar unos hermosos i grandes abanicos, llamados |punca i |chouris, hechos de plumas de pavo real, de plumas de aves del Paraíso, o do colas do vacas de Tartana. Estos últimos sobresalían por la blancura i suavidad del pelo, i por los mangos de oro i de plata, guarnecidos de piedras, en que estaban metidos:
El nombre de |bayaderas  (bailarinas) que se da a esta clase de mujeres (devadassi) en el Indostan, es una corrupcion de la palabra portuguesa |bailadereiras. Sabido es que los portugueses fueron los primeros en aportar a aquellas rejiones, despues de que Vasco de Gama dobló el cabo de las Tormentos i hubo vencido al jigante Adamastor, segun Camoens. De lo misma manera que entre los griegos - entre quienes se empleaban las bailarinas para amenízar los banquetes i las festividades domesticas - las bayaderas de la India. aunque pertenecen, por lo cual, a las pagodas i a los Bramanes, están destinadas a los mismos usos. I en la India, como en la Grecia, no se dedican a la profesión sino las jóvenes notables por su belleza, por la vivacidad de su carácter, le elegante i bien hecho de sus formas, flexibildad de |su cuerpo, de sus brazos i de su cintura, o por la gracia imponderable de todo su ser. Una bayadera. que alcanza lo sublime del arte | es mas que una
mujer es |una diosa. Por desgracia, esta apreciación |no puede ser comprendida sino |por los que las |han visto en el frenesí i en la grandeza que procede a su último desfallecimiento. Ese desfallecimiento es su |triunfo, como lo era en el gladiador, quien sabia caer para morir.


Las bayaderas, segun la leyenda, sen desendientes de las |apsaras, bailarinas del cielo de |India.
Como la Vénus afrodita, las bayaderas |nacieron de las espumas del mar, en |tanto que los jenios de las esferas inferiores i los espr |itus maligios, en lucha con los dioses, batian las olas, para sacar de ellas ambrosias. Tan luego como las bayaderas se hallaron |sobre el espejo de las aguas, se pusieron a bailar; i eran tan bellas i tan seductoras, que los jenios i los espiritus olvidaron su ocupación i se las disputaron, atacándo reciamente. El campo i la puesta quedaron por los dioses subalternos, quienes se llevaron las bayaderas al cielo, en donde Indra las unió a sus músicos |, para que lo |ayudasen a divertir a los Inmortales.
Sinembargo. la cosa no se debió hacer mui pronto, pues no impidió el que una bayadera- que se habia desposado con un mortal que la habia seducido con |sus cantos - diese a ln una niña. No pudiendo ésta habitar el cielo, a causa de su oríjen terrestre, fué confiada a los bramas, quienes la educaron en el interior de una pagoda. La niña, desde la |mi tierna edad, se puso allí a bailar delante de la estatuas de los dioses, como su madre habia bailado delante del poeta.
De esta bayadera nacieron siete hiñas, quienes ella hacia bailar en el templo en los dias de ceremonia, i tres niños, que fueron desde luego músicos, sus acompañantes. Durante mucho tiempo las bayaderas fueron impolutas i se las consideró como Vestaleg de los templos pero los bramanes acabaron convertir sus agrupaciones en harenes. bayaderas no se pueden casar sus hijos son musicos |i sus |hijas bailarinas, í no pertenecen a casta alguna. Los padres, entre ciertas |castas, hacen a las pagodas cesion de su tercera hija, antes de los quince años, con lo cual las pierden para siempre, pues no las recobran ni aun cuando yá la edad i el arte hayan marchitado su cuerpo i enfriado su espiritu.
La licencia de las costumbres i el trato con los europeos, hacen hoi que se encuentren muchas bayaderas blancas; pero desgraciadamente ninguna de ellas tiene el fuego, las formas ni la majestad de las bailarinas netamente indostánicas.

Cuándo volverás, cuándo, oh amado mio?
Delicia de mi corazon, tesoro de mi alma.
¿cuándo volverás, cuándo?
En vano te espero, pues tú no vuelves ya, más donde tu amor
Ven, ingrato mio yo sere siempre tu Roxana.
Mis ojos están cansados de velar, mui cansados pero aguardaré con ellos abiertos tu llegada.


Tu lecho, amado mio, está adornado con guirnaldas de mogríes i cubierto con una bóveda de jazmines. He esparcido ademas, sobre él, polvo oloroso de |queurá, impregnado con esencia de rosas. Mi cuerpo está perfumado con los aceites de Lahora i teñido con los vistosos tintes de Imina.
Vuélve, pues, dueño amoroso mio, vuélve hacia tu Roxana, i lléna su triste corazon con la alegría de tu presencia.


Al terminar esta balata, los dos chiquillos |(chocras) que estaban sentados a los piés de Guy i de Ayax; se levantaron para atizar el fuego de las pipas de éstos, cuyo humo perfumado empezaba a sumirlos en una somnolencia arrobadora. Despues se sirvió al concurso |ron, jinebra i té; en una |gran taza de China, con largos bambús huecos, para que cada cuál pudiese beber sin perder su postura. Las brisas del jardin, entrando al salen en ráfagas suaves, refrescaban el aire i hacían vacilar la llama de las bujías, rnucha de las cuales empezaban a apagarse.
Tille habia acompañado su canto i su baile con estremecimientos de todo su cuerpo, palpitaciones de su pecho turjente, i con miradas de fuego que divijia en torno sano; pero luégo se habia quedado, de súbito, estática, |como guien |espera a álguien |con el beso i los labios i el alma en la ilusion.

A Tille sucedió Amany, quien dansó i cantó la siguiente balata:

 
Lámpara de mi vida, poseedor de mí, Abdallá, mi primero, mi único amor Mas ¿ para qué te |llamo, si en vano te llamo Tú |no oyes ya la voz de tu Selima, que algua dia fué la reina entre tus esclavas.
Abdallá, mi |sultan, mi amor.
Tú me adornaste con diamantes de Golconda i me vestiste con perlas de Ormuz más ¿de qué sirven los diamantes, de qué las perlas, a la que no siente ya el calor de tus besos i está abandonada de ti?
Lo que era para Selima su única joya, ya no le pertenece, i Vuélveme tu corazon, amor mio. . . .irestitúyemelo, sí, a mí, su primera i su
más feliz poseedora …!
Los chales de Cachemira i las sedas de Iran, presentados por ti, mi dueñó, en otro tiempo, no tienen ya colores ni belleza para la que fué tu Selima.

Tus palacios, tus baños, tus jardines, yá no me deleitan, ya no los quiero. Ven por ellos tómalos. ¿De qué me |sirven ni qué son ellos, comparados con el corazon de mi Abdallá?
Dáne tu corazon, querido mio devuelvemelo  a su primitivo duelo
Los jardines i las gratas, en ántes favorjto retiro de tu Selima, está, i mustios i tristes están. El mango i la granada me son ofrecidos en vano la fragancia de los champaques i el aroma de las especias no me agradan mis servidoras me  cansan con sus cuidados, música no |tiene yá encantos para mi!
Vuelve, mi amado dueño; vuelve al lado de Selima restituyele el corazon que me has quitado. Solo una sonrisa tuya volverá a abrir,
para mi, los ciclos de placer!"


Amany calló. Rabia sobrepujado a Tillo en carácter, en gracia i en intencion. Sus movimientos habian sido más seductores, i más espresivos. Habia marchado cadenciosamente al són de las campanillas que tenia en los pies i de las castañetas de metal |que llevaba en las mnios, i habia |cantado i bailado como si en verdad su amante la hubiera catado viendo escuchando. Habia casi hincado, con la mirada ardiente, lo ojos húmedos i el pecho anheloso, i habia vuelto jirones sus gazas, ístadas de oro, roto |su banda, cuando hablaba a Abdallá del desprecio que sin su amor le cansaban las cachemiras i las sedas. Por último, al concluir, habia caído sobre el tapiz, amorosa, desfallecida, suplicante, llena do ardor, de juventud i de belleza, i habia estendido sus brazos, desnudos i perfectos, como para cojer los pies de su amante, i morir, ante ellos, al cubrirlos de besos i de caricias.
Tál es la habilidad táles son los triunfos de aquellas cortesanas infelices de Oriente, sin familia, sin esposo, sin otro lugar que los templos: sin mas dueños que los bramanes; |muebles de lujo de los rajads, objeto de curiosidad de los viajeros, cortesanas que visten corno reinas, que viven corno diosas, i cuyos cuerpos, al morir, medio quemados en lugares ocultos, son el festin de los chacales i de las hienas. Dichosa la que logra, al ménos que sus |cenizas sean echadas al viento.


Para terminar, pues yá estaba bien entrada la noche, se bailó el ''malapá, o paso del amor", por todas la bayaderas. Es esta danza |graciosa, interesante i mui hermosas hijas del Imalava hicieron ostentacion lujosa de la flexibilidad ¡ educación de su talle, de sus manos de sus piés, i acabaron por ponerse a dar vueltas vertijinosamente sobre si mismas que duró, al són de una música arrebatada, hasta que cayeron todas, exánimes de ansiedad, de locura i de espasmo.


Pobres criaturas! La reduce a ese estado de sobre escitacion una bebida de estracto de jenjibre i de cantárida, los efectos de la cual van produciéndose i creciendo poco a poco  la ayuda del silencio, de la soledad, del baile, de la liásica de los perfumes.
Habiendo Baco conquistado la India. -ebrio i caballero en un pollino, -cabe preguntar:
¿qué relacion habrá entre las bayaderas de hoi i las bacantes de la fábula?

Sabido es que en las noches consagradas al padre de las Gracias, algunas mujeres, cubiertas con pieles do tigre, con los cabellos esparcidos i con tirsos i antorchas en las manos, corrian de una punta a otra, ahullando o caneando, i seguidas de hombros borrachos. Es la bayadera, acaso.una perfeccion o un refinamiento de la bacante antigua?
Terminado el baile, cesó la música i empezaron a apagarse las luces, a impulso de soples desconocidos. Ayax, que hacia rato que luchaba por mantener alzados los párpados, acabó por rendirse al suyo. Sobrevino luégo una quietud i una oscuridad profundas.
Guy, connaturalizado, hacia mucho, esa escenas esas emociones, hacia más de una hora que dormia en brazos del opio.
Ayax siguió soñando viendo huríes, odaliscas i Vénus ; oyendo música, respirando aromas i gozando de todos los deleitesde  imaginacion que produce la adormidera, i que son los mismos que produce el |hatchisch oriental. I fueron sus sueños tan hermosos i tan grande su embriaguez, que no sintió cuándo un bohis titánico lo tomó en brazos i lo llevó, como a un niño, al aposento que le estaba destinado. En él vió la luz, un poco tarde, del sol siguiente i cuando Guy entró a darle los buenos dias i a reñirle por su pereza., dijo a éste, entre crédulo e inciertó:

-Si supiérais… he soñado.
-Me alegro; pero no lo estraño en la: en laIndia se duerme bien, i los nervios andan quietos.
-Sinembargo, recuerdo que me habeis dicho-en los momentos n que yo tomaba mis  fantasías o mis visiones como realidades.
-Qué?
-Recuerdo que me habeis dicho que eso que yo veia, o que me parecia ver, lo que  producia el opio. Qué hai de eso?
-Pues lo que hai es que eso os cierto. El opio hace a los hombres bastante ricos para vivir como rajads o nabads en la India., es a eso a lo que yo aspiro; o los embriaga para que hallei en el |sueño, númen propicio a loe mortales, las delicias que les esquiva la realidad, diosa díscola i con cara de arpía escojed.
- Pero.... i las bayaderas?
Por lo que a e1las toca, hai muchas en
este país, i vá tendreis ocasion de verlas i de tratarlas.
Ayax miró con ojos estúpídosa Guy i creyó que se burlaba de él, pues se  acordaba bien del salon, del jardin, del templete, del baile, de la música, de los caballos rahes de las paredes, de los enormes ramilletes, de los jarrones de los pebeteros, de las pipas aromaticas, atizadas por los |chocras, del té con ron i jinebra-en donde, acaso, habia sido puesto el hechizo- de las balatas, &c.; pero al ver que Guy tenia el aire más honrado i más indiferente del mundo, no supo a qué atenerse, i disimuló preguntando:
- ¿Qué papel es ese que teneis en la mano?

-Es un despacho de Mr. Vise. Aprovechándose oste amigo del alambre que de Calcuta va a Punta-Galias i al Madrás, nos dice que ha llegado bien, i nos saluda.

anterior | índice | siguiente