LA GLORIETA
-Vamos, amigos, dijo Guy, vamos a la Glorieta, donde haremos la
penitencia del dia, empezando por almorzar. Empieza a hacer calor,
i. estoi seguro de haberos fastidiado con mi charla.
Al llegar a la Glorieta, que era mui linda, un criado presentó a
Guy, para que éste a su vez lo hiciera a sus huéspedes, una
palangana de bruñida plata, en donde habia, un
|prismático
frasco de Bohemia, un mui jeneroso, añejo i de color do ópalo. En
contorno del frasco, habia unas copas pequeñas de cristal de roca.
Servido el licor, dijo el Sabio
a agregar unas pocas palabras a la interesante relacion que hornos
tenido el honor de oir de
|nuestro noble amigo Guy.
|Despues, me
|permitiré proponeros un brindi.
-Hablad.
-Pottinger aconsejó al emperador de la China que, en lugar de
prohibir la introduccion del opio a sus dominios, lo gravase con un
fuerte derecho, para aumentar las rentas públicas. El emperador
rechazó e) consejo como inmoral; hizo mas: propuso a la Compañía de
las Indias Orientales darle anualmente setenta i cuatro millones i
medio de las rentas chinas, con tal que abandonase ella el cultivo
del opio. La Compañía, a su vez, rehusó. Pues bien, señores,
propongo una copa por el gobierno honrado i verdaderamente
patriarcal de los chinos.
Los tres amigos bebieron con efusion.
El almuerzo fué espléndido, pues Guy, ademas de la buena suerte de
ser rico, tenia la no ménos buena de saber gastar su dinero.
Fueron servidas toda clase de granadas, de almendras, de
|nueces, de
|higos, de uvas, de albaricoques
&c., delicadas conservas, pescados, aves, hidromiel,
confites, carnes todo mui bien aderezado, con profusion de flores i
de cintas, i en ricas porcelanas, en ricos cristales, o en fuentes
de oro o de plata, segun el caso. Detras de cada uno de nuestros
conocidos habia mi criado batiendo el aire con un mosquitero
enorme, i en uno que otro ángulo de la Glorieta habia perfumadores
de bronce, cu forma de cariátides, en los cuales ardiari pebetes
fragantisimos. Una orquesta invisible, cuyos acordes parecian
producirse en los aires o debajo de la tierra, tocaba trozos de
obras maestras de la Euterpe indostánica. Componíase la orquesta de
címbalos, tamboriles i flautas; u ocasiones era ruidosa hasta el
vértigo, en ocasiones apacible, i en ocasiones alegre o melancólica
; pero siempre despertaba en el ánimo .- quién sabe en virtud de
qué poder majico - los más encantadores sentimientos.
-Kansama (éste es el nombre que se da al jefe da los criados en el
Indostan), dijo Guy, dando a probar el kabub, siempre que lo haya
lejitimo.
El kansama hizo traer al punto un pequeño anafe de hierro, con
brasas, i estendiendo sobre éstas una especie de salchichas sin
cubierta de tripa ni otra alguna, cada cuál de seis pulgadas de
largo i de dos de diámetro, las dejó ah por dos minios, i
poniéndolas luégo en sendas tortas de flor de harina, sirvió a los
que estaban sentados a la mesa.
-El
|kabub, dijo Guy, as como lo habeis visto preparar, i
tál como lo estais comiendo, es el plato obligado en todos los
bazares de Oriente. Se prepara con la prontitud que visteis, es tan
nutritivo como agradable, i tiene la ventaja de que no elije
fuente, tenedor ni cuchillo. Os le recomiendo, señor Wise, para
vuestras escursiones en el interior del país, o para cuando vaya a
las pagodas, o a las ruinas de los templos pro-históricos, a
conversar con los espíritus, o a buscar al rei de las tinieblas....
Algo se murmura por ahí de eso.,
-Gracias, Guy. Os confieso que nada me seria más agradable en el
mundo, que poder hacer mi
|lunch, algun día, con algun dios,
ánjel o demonio que me diera
|noticias ciertas de la otra
|vida.
-Yo preferiría las de ésta, siempre que no se pudiera dudar de
su autenticidad.
En seguida se brindó por la salchicha que debia comerse el Sabio,
en compañía de Satanas, en la cima de alguna montaña pavorosa o en
lo caldeados sótanos del infierno; i como el almuerzo habia
concluido yá, se levantaron todos de la mesa.
La Glorieta de que hablamos estaba construida sobre una muralla de
|mampostería, a la cual daba vuelta un estanque, que servia
simultáneamente para vivero i para el cultivo de algunas plantas
acuáticas, preciosas por su rareza, La muralla tenia unos tres
metros de alto i dos de espesor, i su antro, de unos treinta metros
cuadrados, servia de depósito general de herramientas de labor, de
semifla8 de adormidera i de otros útiles indispensables para la
preparacion del opio. Subíase a ella por una mui cómoda escalera de
mármol blanco, un tánto ennegrecida por la intemperie, i cuyos dos
pasamanos eran de hierro dorado, fuertes i graciosos.
La cúpula de la Glorieta se componia de cuatro ángulos pareados,
inclinados i agudos,
cubiertos con zinc i sostenidos por un tinglado de madera, lleno
de labores i de canes, anchos i mui elegantes. Los costados
eran
otros tántos marcos de madera, ricamente tallados; mitad celosías
- para dar frescura al aposento - i mitad puertas-vidrieras,
veladas
con cortinas de tela de Musulmanas, mui sencillas.
Las paredes de la muralla estaban cubiertas, a trechos, por
festones, en flor, de plantas trepadoras i de bejucos preciosos,
asiento de nidos de aves i regalo de bellas mariposas.
Entre las ovas del estanque, jugueteaban millares de pececillos
rojos o plateados, i en sus orilla habia lotos enormes, tanto de la
especie azul como de la blanca.
Cuando Guy no estaba en la asa, cosa que sucedia todos los altos
en les meses que no eran de cosecha, la Glorieta estaba cerrada
o
era un plantario.
Despues del estanque i en contorno de éste habia una especie de
|trotoir, de arena fina i de asfalto, sobre el cual hacian
sombra un
centenar de palmas antiguas, de la especie talipot, acaso la mui
bella de todo el Oriente.
Pués hácia aquella calle, casi oscura en la mitad del dia,
refrescada por las brisas, que batian jugando las gallardas copas
de aquel arbolado secular, sobre las de mimbre i bajo un cielo
|límpido i
|arrebolado, a donde Guy llevó, despues de
almorzar, a sus dos amigos, para que se paseasen o fumasen la pipa
de la amistad, a estilo de las tribus salvajes.
En efecto, trajeron las pipas í el opio; pero el Sabio se opuso
decididamente a que G
|uy i Ayax lo fumasen, por lo que
tuvieron que contentarse con encender, cada uno, un cigarro de la
Habana.
Guy miró al soslayo a Aya; como diciéndole: "Ya lo haremos luégo a
|nuestras anchas."
Lo primero que hicieron nuestros viajeros fué admirar las
estraordinarias palmas que los rodeaban, por su elevacion
majestuosa, lo grande de sus hojas - capaces de dar, cada una,
sombra a un elefante - sus troncos lisos, con espiral i de más de
un metro do diámetro a boca de tierra, i el pimpollo jigantesco, de
amarillas flores, que las coronan a una altura de más de cien piés.
La enramada formada por las hojas, de un verde oscuro, del talipot,
era espesa i sombría, i el viento, incapaz de moverla, remedaba en
ella los sones de una arpa eólica, estridente i confusa.
-Las hojas de esta palma, orijinaria del Malabar, de Ceilan i de
casi todas las islas orientales del mar Pacífico, dijo Guy, una
especie de patrimonio de los indios. Como lo veis, estas hojas
tienen la forma de un abanico i pueden abrirse i plegarso como
éste. Esos infelices, que por lo comun andan desnudos, se sirven de
ellas como de un parasol en verano, i como de un paraguas en
invierno. Las preparan frotándolas con un pedazo de palo duro pero
suave, lo pie les quita la humedad i las hace flexibles. Despues de
desecada, una hoja casi no tiene peso.
-Me parecen mui grandes para que pueda manejarlas una sola
persona.
-Lo son, en efecto, pero los indios sacan de cada una tres o
cuatro abrigos, bastante cada cuál para un hombres. Esos abrigos
tienen la ventaja de ser impermeables, como el caucho, lo que iba
costando muí caro a nuestros compatriotas cuando hicieron la guerra
a los cingaleses.
-Porqué?
-Porque peleaban en tiempo de lluvias, i los indios, cubriendo con
hojas de talipot sus fusiles, los mantenian secos i podían
dispararlos a todas horas; miéntras que los soldados de la Gran
Bretaña.
-Ah! sí....
-_Hacian más - i aún hacen - los naturales se sirven de ellas como
de tiendas de campaña.
-Exajerais, Guy.
-Nó, señor Wise. Pos hojas de talipot sirven para protejer, hasta
una docena de hombres, del rocío durante la noche, que es mui
dañoso en estas latitudes, i de los rayos verticales del sol
meridiano, que calcinan los sesos. Para cargarlas no dan ningun
trabajo; pues, plegadas i puesta una sobre otra, dos no hacen mas
bulto que el del brazo de un hombre. No hai jefe ni persona rica de
estos lugares que no lleve en sus viajes tiendas de talipot. Las
fabrican, en el país, de
forma cuadrada, cosiendo las hojas con mucho primor. Una tienda
capaz de contener
|treinta personas, va bien acondicionada en
un pequeño cajon, que lleva un indio a cuestas. Amigo Wise, me
permitireis hacer poner una en vuestro equipaje, junto con las
salchichas, para cuando vayais....
-Para cuando vaya en busca de Lucifer... a las montañas de la
luna.
-Es verdad, observó Ayax, que si no estuviéramos debajo de estas
palmeras patriarcales, creeríamos que Guy nos estaba hablando de
árboles encontrados por Simbad el Marino en sus viajes.
-I aún falta aleo. Con el talipot techan los indios sus
habitaciones, i fabrican sombreros capaces de cubrir a una madre a
la criatura que lleva ella en sus brazos.
- I no se podria construir un sombrero para toda la familia, para
cuando ésta sale de su casa a una
|partida de placer, como se
dice en Francia?
-Sin duda que sí, Ayax; solo que esos sombreros, como ya he tenido
el honor de decirlo, se llaman entónces
|tiendas.
- I es cierto que se hacen libros de talipot? preguntó el
Sabio.
-Si, señor. Para eso, cortan las hojas de la bendecida palma en
tiras, del tamaño que se quiera: - por lo regular estas tiras
tienen média vara de largo i tres o cuatro pulgadas de ancho, Una
vez cortadas las tiras, se ponen en agua hirviente, por algun
tiempo, i luégo se las frota con un madero para
darles mayor suavidad de la que tienen de suyo. Hecho eso, se
encuadernan por una de sus estremidades, i queda hecho el
libro.
-I cómo se escribe en él?
-Con un buril mui fino; i pasando luégo sobre lo escrito una
cierta sustancia, negra como tinta, ésta se introduce en el grabado
i hace visibles los caractéres.
Acá en Oriente es mui comuñ escribir todo lo que tiene
poca
importancia, en hojas de palma; pero para los pasaportes, los
despachos del Gobierno, las escrituras i otros documentos de
consideracion se usa siempre del talipot. Este es mui durable i
resistente despues de cocinado i
de tallado pero los indios, para mayor seguridad lo untan de
aceite de coco, cuyo olor aleja todos los insectos.
Terminada la
|conferencia sobre la esbelta palma, el Sabio
se avanzó un poco hácia el estanque, para admirar más de cerca las
macetas de lotos, las cuales salian, como otras tántas Vénus en
miniatura, de entre las ola m linfas i pequeños remansos. El loto,
entre los campos de arroz, es pequeño; pero en
las zanjas i canales se eleva hasta dos metros, como los que el
Sabio miraba en ese instante, más con los ojos del alma que con los
del cuerpo. El azul de las flores de los unos i el blanco de las
flores de los otros ; lo dilatado i flexible de los tallos; lo
caprichoso de los estambres, más numerosos i de doble tamaño que
los pétalos ; las hojas, circulares i áncha más de un pié, i los
cálices, verdes i orlados de rojo; todo daba al conjunto una
belleza sorprendente i digna de justificar lo que, tanto la
historia como la Mula, tanto la tradicion como la epopeya, hace
millares de años, vienen diciendo de esta planta querida de los
dioses.
Los anales fenicias hablan de los lotofagos
|, africanos de
los sitios en donde despues se levantó Trípoli, i a quienes
nombraron así porque se mantenian con loto, del cual hacian,
ademas, hidromiel, especie de vino de poca duracion. Esta costumbre
subsiste hoi en muchos pueblos de Africa.
Teofrasto dice que Ofelas, rei de Carene, yendo contra Cartago i
careciendo de virtuala, aumentó su ejército, por muchos dia, con
loto. Nada podemos decir de la inmensa cantidad de lotos que se
debió necesitar para mantener un ejercito por varios dias; pero lo
que sí no admite duda es que el fruto del loto, del
|mismo
tamaño del de la
|adormidera, contiene un gran número de
granos semejantes al mijo, con los cuales, machacados i secados al
sol, se hacen tortas algo dulces en verdad.
-Oh oh! dijo el Sabio, teneis el más bello que he visto en mi
vida.
|-Me alegro de que deis al loto su nombre comun, para evitar
controversias inútiles. Yo soi tan admirador del blanco como del
azul por lo que los poseo i cultivo ambos sin ninguna
parcialidad.
I haceis con ellos guirnaldas i corona como los antiguos?
-Las haría, si hubiese en estas apartadas rejiones alguna
|miss encantadora a quien coronar; pero como soi soltero i
hombre de órden, no cojo las flores, sino el fruto.
-Para qué?
-Para fabricar hidromiel, obsequiaros con un vaso.
Dicho esto, Guy llevó a
bato de oro, i silbó.
Se presentó el kansama, i Guy le dijo:
-Tráe hidromiel. Luégo, volviéndose hácia sus dos amigos,
añadió
-Es cosa bien particular, i que encanta presenciarla, m que el
loto, todos los dias, al ponerse el sol, cierre sus flores i las
oculte debajo del agua, para sacarlas al dia siguiente i ofrecerlas
al beso de sus primeros rayos. Yo vengo todas las tardes a
presenciar esa despedida silenciosa, que tiene para mí un
canto melancólico; como vengo todas las mañanas a presenciar ese
saludo coqueto, puro e ideal, que es como el cambio de una sonrisa
entre el astro i la flor. Si fuera poeta, describiría ambas cosas
con la delicadeza de emocion que me causan, pero que no me es dado
trasmitir.
-El loto, dijo el Sabio, fué siempre legtimado entre griegos i
entre romanos.
mero habla de él como del alimento de unos hombres mui pacíficos,
quienes le atribuian la propiedad de hacer olvidar su patria i sus
parientes, a los forasteros que lo comian. Sinembargo, hai especies
distintas, pues el africano es un arbusto espinoso, i el
indostánico es una planta acuática, símbolo de la diosa Ganga,
primojénita del Himalaya, divinidad del rio Ganjes, rio celeste que
parifico la tierra. Tambien se le tiene entre los indios como un
emblema del gran poder reproductivo del inundo, i so lo venero
relijiosamente.
Herodoto dice que, en el momento de la plenitud de las inundaciones
del Nilo, aparecia una gran cantidad de lotos, los cuales eran
recojidos por los ejipcios para hacer pan de sus cápsulas, i para
comerse la raíz, que es del tamaño de una manzana, bien agradable.
En los bajos relieves i en las pinturas de los templos ejipcios, se
hacia mucho uso del loto, planta que allá estaba consagrada a Isis
Osiris, como emblema de la creacion del mundo, salido de las
aguas.
-Vos, señor, que habla el sanscrito, dijo Ayax al Sabio, habreis
podido recojer datos mui interesantes respecto d eso en la
mitolojia india.
-El sanscrito no se habla yá, dijo el Sabio, aunque es una lengua
perfecta, i acaso la más hermosa conocida entre los hombres. Yo lo
más que puedo es leerlo; i, gracias a eso, voi a tener el gusto de
referiros lo que del loto dice la cosmogona indostánica. Las
teogonías indias son otros tántos poemas, en los cuales la
sencillez de la prosa contrasta con lo grandioso de la fábula. El
código mismo de Manú está escrito en dísticos El dio en que esos
poemas, convenientemente traducidos i, si es posible, traducidos en
verso, se popularicen entre los hombros de todas las naciones, se
decidirá si la palma de la epopeya corresponde o nó a los griegos i
a los latinos, i si éstos tienen, en la musa india, una rival
poderosa i aventajada.
Hé aquí cómo el
|Shevee-Purane da cuenta del oríjen do Brama:
Cuando Vishnú iba a crear el mundo, produjo un loto de millares de
leguas de estension. De la flor de ese loto salió Brama. Este dios,
recien nacido, se miró con asombro i miró en torno Suyo; mas no
viendo otra cosa que el loto, lo tomó por el autor de sus dias.
Sinembargo, a fin de averiguar con certeza su verdaderó oríjen,
penetró en la tierra, para buscar la raíz del loto, en lo que
empleó cien años inútilmente. Mui disgustado de la pérdida de su
tiempo, volvió, pues, arriba, en donde encontró a Vishnú, con el
cual hubiera trabado pelea, si Siva, diosa de los vencidos, no lo
hubiera impedido, ordenando que Vishnú, convertido en jabalí,
penetrase en la tierra i bajase durante mil años seguidos, hasta
encontrar la raíz del loto, en tanto que Brama, convertido en
ganso, debia subir por el tallo, durante otros mil años, hasta
encontrar la punta dé la planta.
Lo demas, lo dejo a vuestra consideracion.
-Vamos, dijo Guy, hace rato que nos espera el hidromiel, vino de
que gustaba mucho Tamerlan. Lo probaremos i volveremos a la casa.
En cuanto a las adormideras, las dejaremos en poder de Céres, diosa
a la cual están consagradas desde los tiempos dichosos de
Júpiter.
El resto de la tarde fué pasado alegremente, i la comida no fué
ménos espléndida que el almuerzo. A los postres, se brindó,
como
¿le costumbre, por su
|graciosa majestad, hoi en dia
emperatriz de las Indias, i Guy dijo al Sabio:
-Me seria mui grato que no regresaseis a Calcuta hasta mañana. Os
tenia algo preparado para esta noche, bien distinto del repugnante
i anticristiano espectáculo de las sotis.
__Tendria el mayor placer en seguir gozando de vuestra espléndida
hospitalidad pero un deber de humanidad, i casi de cariño,
exije
mi presencia en esa ciudad. Vos lo sabeis, Ayax: temo que Imina
haya muerto.
El Sabio refirió en pocas palabras, a Guy, el incidente pie habia
tenido lugar a propósito del úpas i la mascareña. Luégo
agregó
-Eso me tiene inquieto, i me vuelvo al
instante.
__Entónces, permitidme haceros una súplica:
dejad conmigo al jóven Ayax. Os lo devolveré sano i salvo.
__Apesar del opio? preguntó el Sabio riendo.
__Apesar del opio, palabra de
|gentleman.
-I él conviene?
-Me seria mui agradable aceptar, pero me da pena dejaros marchar
sólo.
-Por lo que es eso, no tengas cuidado sol el solitario del
Indostan, i nunca he viajado de otro modo.
Llegada la hora, el Sabio entró en el palanquin,
previa una cordial despedida, i Guy i Ayax entraron en la casa,
para fumar opio. Guy i Ayax pasaron a un salon tapizado con ricas
alfombras i adornado con almohadones i cojines, de diferentes
hechuras i tamaños, i todos de un gusto esquisito. Las paredes de
esto salon estaban decoradas con pinturas persianas, que
representaban hermosas mujeres de Oriente, caballos árabes del
tama1o natural i aves del Paraíso. De distancia en distancia - en
los intercolumnios - habia vasos colosales del Japon, con flores i
frutas, i pebeteros de metal, simbólicos, los cuales embalsamaban
el aire con sus ondas de humo.
El salon estaba iluminado por unas ocho arañas de cristal tallado,
cuyos prismas titilantes daban i recibian los rayos de luz i los
destellos de las bujías, con exuberancia de colores i de matices,
en medio de un silencio profundo, turbado únicamente por el
bullicio tenue del agua que saltaba jugando en lo vecinos
surtidores.
El techo del salon de que hablamos, estaba soportado por columnas
de mármol negro con adornos blancos, estriadas i macizas; i
comunicaba, a todos lados, con un jardin de rosas, jazmines,
tulipanes i granados, con preciosos cenadores i setos, i delimitado
por un canal cuyas aguas se deslizaban entre pabellones i estatuas,
i lamian los floridos arbustos de sus márjenes. En medio del
jardin, se ensanchaba el cauce de este canal, que iba a rodear i a
aislar un templete octógono, de mármol blanco, de forma atrevida i
cortes delicados, lujo i tesoro de un desconocido cincel. Cada una
de las columnas que
|sostenian el templete, encerraba un
tubo, por el cual subia el agua hasta las cuatro fuentes que
rodeaban su cúpula, para volver a caer desde allá, en chorros
caprichosos o mantas delgadas. Esto mantenía fresco el ambiente, i
traia las aves a habitar i a cantar a aquel eden, desde las vecinas
florestas.
No hai para qué decir que Ayax quedó como suspendido entre aquel
rejio salon, a la oriental, i aquel jardin secreto, recinto de las
hadas, en el cual una hermosa luna de prima noche hacia rielar sus
rayos sobre el agua, las calles, las estatuas i el templo,
convidando, con su tranquilidad, con sus perfumes i con su aliento
virjinal i
|tibio, al amor o a la meditacion. Volvióse, pues,
hácia Guy i díjole
-I esto?...
-Esto lo produce el opio, lo contestó Guy cariñosamente. Vamos!
sigue fumando, que ahora no más empezamos.
I era verdad. De repente, i sin saber en dónde estaba colocada, una
orquesta media, dejó oir los dulces acordes de sus címbalos,
tamboriles, flautas i guitarras, al tiempo mismo que cuatro
mujeres, hermosas con toda la hermosura de las razas primitivas, de
ojos negros, rasgados i brillantes, de largas pestañas, de sonrisa
alegre i de aire espresivo, vestidas de un modo estrato i elegante,
entraban al salon, i, cojidas de la manos, iban, en semicírculo, a
saludar a su amo, Guy, i al amigo de éste; lo que hicieron
humillándose con gracia i llevando las inanes a la frente, a estilo
del país.
Los trajes de estas jóvenes, todas menores de veinte años, se
componian de una banda dorada, que les servia de cinturon; de un
chal
|vistoso, de lijeros pliegues, mal ceñido, que dejaba
ver, de trecho en trecho, su tez negra, suave i brillante. Sus
brazos, completamente desnudos, estaban adornados con grandes i
triples brazaletes, de formas raras i colores vivos. Los piés los
tenian descubiertos. Un poco mas arriba del tobillo, rodeaban sus
píernas dos sartas de campaniIla, cuyos sonidos, al danzar, debian
coincidir con los de la música, prueba para de su habilidad. Sus
cabelleras, abundantes i negras, les calan, en trenzas, sóbre los
hombros, llenos como los de una Diana de ébano. Por tocado, tenian
un pequeño yelmo de metal pulido. Llevaban al cuello un adorno o
cintillo en forma de corazón, i en sus orejas i narices, pendientes
dobles, do oro con joyas.
Hecho el saludo, las jóvenes se pusieron a bailar haciendo
agradable exhibicion de su potencia plástica.
aila;radable exhibicion de su
El baile indio, i en especial el de estas bailarinas, como todo
entre los indostanes, es enteramente simbólico, i por medio de él
se espresan el amor, los celos, la desesperacion, el temor, la
duda, el odio, la alegría, i cuantos afectos i pasiones pueden
conmover el ánimo de un ser racional. Es, pues, un arte doble el
del movimiento i el de la espresion, al cual no se llega sin jenio
i sin estudio.
Nuestras jóvenes bailaron primero pareadas i despues solas ; i
Ayas, que las contempIaba admirado desde un divan, no pudo ménos de
prorumpir en
|bravos i dar palmadas, lo que hizo que Guy le
dijese, riendo:
-Olvidais, amigo, que no estamos en la Opera. Estas chicuelas no
están acostumbradas a esas cosas i para presenciar lo que hacen,
hai que tener el reposo de los indostanes o la indolencia
musulmana.
Ayax convino en lo justo de la observacion de su huésped, i lo
manifestó que
|seria indiferente en lo sucesivo.
Luego que las bailarinas ejecutaron el saludo al Raya,''…"el
lamento del indio,'' "el robo de Visnú" i "la Viuda," hubo algunos
momentos de descanso, durante los cuales se sirvieron frutas de
todas clases, alfónsigos, café con almendras tostadas, jugo de
naranja i de jugo de lima, hidromiel otras golosinas. Varios
criados; vestidos de gala, recorrieron el salon renovando el aire,
para lo cual hicieron vibrar unos hermosos i grandes abanicos,
llamados
|punca i
|chouris, hechos de plumas de pavo
real, de plumas de aves del Paraíso, o do colas do vacas de
Tartana. Estos últimos sobresalían por la blancura i suavidad del
pelo, i por los mangos de oro i de plata, guarnecidos de piedras,
en que estaban metidos:
El nombre de
|bayaderas (bailarinas) que se da a esta clase
de mujeres (devadassi) en el Indostan, es una corrupcion de la
palabra portuguesa
|bailadereiras. Sabido es que los
portugueses fueron los primeros en aportar a aquellas rejiones,
despues de que Vasco de Gama dobló el cabo de las Tormentos i hubo
vencido al jigante Adamastor, segun Camoens. De lo misma manera que
entre los griegos - entre quienes se empleaban las bailarinas para
amenízar los banquetes i las festividades domesticas - las
bayaderas de la India. aunque pertenecen, por lo cual, a las
pagodas i a los Bramanes, están destinadas a los mismos usos. I en
la India, como en la Grecia, no se dedican a la profesión sino las
jóvenes notables por su belleza, por la vivacidad de su carácter,
le elegante i bien hecho de sus formas, flexibildad de
|su
cuerpo, de sus brazos i de su cintura, o por la gracia imponderable
de todo su ser. Una bayadera. que alcanza lo sublime del arte
|
es mas que una
mujer es
|una diosa. Por desgracia, esta apreciación
|no puede ser comprendida sino
|por los que las
|han visto en el frenesí i en la grandeza que procede a su
último desfallecimiento. Ese desfallecimiento es su
|triunfo,
como lo era en el gladiador, quien sabia caer para morir.
Las bayaderas, segun la leyenda, sen desendientes de las
|apsaras, bailarinas del cielo de
|India.
Como la Vénus afrodita, las bayaderas
|nacieron de las
espumas del mar, en
|tanto que los jenios de las esferas
inferiores i los espr
|itus maligios, en lucha con los dioses,
batian las olas, para sacar de ellas ambrosias. Tan luego como las
bayaderas se hallaron
|sobre el espejo de las aguas, se
pusieron a bailar; i eran tan bellas i tan seductoras, que los
jenios i los espiritus olvidaron su ocupación i se las disputaron,
atacándo reciamente. El campo i la puesta quedaron por los dioses
subalternos, quienes se llevaron las bayaderas al cielo, en donde
Indra las unió a sus músicos
|, para que lo
|ayudasen a
divertir a los Inmortales.
Sinembargo. la cosa no se debió hacer mui pronto, pues no impidió
el que una bayadera- que se habia desposado con un mortal que la
habia seducido con
|sus cantos - diese a ln una niña. No
pudiendo ésta habitar el cielo, a causa de su oríjen terrestre, fué
confiada a los bramas, quienes la educaron en el interior de una
pagoda. La niña, desde la
|mi tierna edad, se puso allí a
bailar delante de la estatuas de los dioses, como su madre habia
bailado delante del poeta.
De esta bayadera nacieron siete hiñas, quienes ella hacia bailar
en el templo en los dias de ceremonia, i tres niños, que fueron
desde luego músicos, sus acompañantes. Durante mucho tiempo las
bayaderas fueron impolutas i se las consideró como Vestaleg de los
templos pero los bramanes acabaron convertir sus agrupaciones en
harenes. bayaderas no se pueden casar sus hijos son musicos
|i sus
|hijas bailarinas, í no pertenecen a casta
alguna. Los padres, entre ciertas
|castas, hacen a las
pagodas cesion de su tercera hija, antes de los quince años, con lo
cual las pierden para siempre, pues no las recobran ni aun cuando
yá la edad i el arte hayan marchitado su cuerpo i enfriado su
espiritu.
La licencia de las costumbres i el trato con los europeos, hacen
hoi que se encuentren muchas bayaderas blancas; pero
desgraciadamente ninguna de ellas tiene el fuego, las formas ni la
majestad de las bailarinas netamente indostánicas.
Cuándo volverás, cuándo, oh amado mio?
Delicia de mi corazon, tesoro de mi alma.
¿cuándo volverás, cuándo?
En vano te espero, pues tú no vuelves ya, más donde tu amor
Ven, ingrato mio yo sere siempre tu Roxana.
Mis ojos están cansados de velar, mui cansados pero aguardaré con
ellos abiertos tu llegada.
Tu lecho, amado mio, está adornado con guirnaldas de mogríes i
cubierto con una bóveda de jazmines. He esparcido ademas, sobre él,
polvo oloroso de
|queurá, impregnado con esencia de rosas. Mi
cuerpo está perfumado con los aceites de Lahora i teñido con los
vistosos tintes de Imina.
Vuélve, pues, dueño amoroso mio, vuélve hacia tu Roxana, i lléna
su triste corazon con la alegría de tu presencia.
Al terminar esta balata, los dos chiquillos
|(chocras) que
estaban sentados a los piés de Guy i de Ayax; se levantaron para
atizar el fuego de las pipas de éstos, cuyo humo perfumado empezaba
a sumirlos en una somnolencia arrobadora. Despues se sirvió al
concurso
|ron, jinebra i té; en una
|gran taza de
China, con largos bambús huecos, para que cada cuál pudiese beber
sin perder su postura. Las brisas del jardin, entrando al salen en
ráfagas suaves, refrescaban el aire i hacían vacilar la llama de
las bujías, rnucha de las cuales empezaban a apagarse.
Tille habia acompañado su canto i su baile con estremecimientos de
todo su cuerpo, palpitaciones de su pecho turjente, i con miradas
de fuego que divijia en torno sano; pero luégo se habia quedado, de
súbito, estática,
|como guien
|espera a álguien
|con
el beso i los labios i el alma en la ilusion.
A Tille sucedió Amany, quien dansó i cantó la siguiente
balata:
Lámpara de mi vida, poseedor de mí, Abdallá, mi primero, mi único
amor Mas ¿ para qué te
|llamo, si en vano te llamo Tú
|no oyes ya la voz de tu Selima, que algua dia fué la reina
entre tus esclavas.
Abdallá, mi
|sultan, mi amor.
Tú me adornaste con diamantes de Golconda i me vestiste con perlas
de Ormuz más ¿de qué sirven los diamantes, de qué las perlas, a la
que no siente ya el calor de tus besos i está abandonada de
ti?
Lo que era para Selima su única joya, ya no le pertenece, i
Vuélveme tu corazon, amor mio. . . .irestitúyemelo, sí, a mí, su
primera i su
más feliz poseedora …!
Los chales de Cachemira i las sedas de Iran, presentados por ti, mi
dueñó, en otro tiempo, no tienen ya colores ni belleza para la que
fué tu Selima.
Tus palacios, tus baños, tus jardines, yá no me deleitan, ya no
los quiero. Ven por ellos tómalos. ¿De qué me
|sirven ni qué
son ellos, comparados con el corazon de mi Abdallá?
Dáne tu corazon, querido mio devuelvemelo a su primitivo
duelo
Los jardines i las gratas, en ántes favorjto retiro de tu Selima,
está, i mustios i tristes están. El mango i la granada me son
ofrecidos en vano la fragancia de los champaques i el aroma de las
especias no me agradan mis servidoras me cansan con sus cuidados,
música no
|tiene yá encantos para mi!
Vuelve, mi amado dueño; vuelve al lado de Selima restituyele el
corazon que me has quitado. Solo una sonrisa tuya volverá a
abrir,
para mi, los ciclos de placer!"
Amany calló. Rabia sobrepujado a Tillo en carácter, en gracia i en
intencion. Sus movimientos habian sido más seductores, i más
espresivos. Habia marchado cadenciosamente al són de las
campanillas que tenia en los pies i de las castañetas de metal
|que llevaba en las mnios, i habia
|cantado i bailado
como si en verdad su amante la hubiera catado viendo escuchando.
Habia casi hincado, con la mirada ardiente, lo ojos húmedos i el
pecho anheloso, i habia vuelto jirones sus gazas, ístadas de oro,
roto
|su banda, cuando hablaba a Abdallá del desprecio que
sin su amor le cansaban las cachemiras i las sedas. Por último, al
concluir, habia caído sobre el tapiz, amorosa, desfallecida,
suplicante, llena do ardor, de juventud i de belleza, i habia
estendido sus brazos, desnudos i perfectos, como para cojer los
pies de su amante, i morir, ante ellos, al cubrirlos de besos i de
caricias.
Tál es la habilidad táles son los triunfos de aquellas cortesanas
infelices de Oriente, sin familia, sin esposo, sin otro lugar que
los templos: sin mas dueños que los bramanes;
|muebles de
lujo de los rajads, objeto de curiosidad de los viajeros,
cortesanas que visten corno reinas, que viven corno diosas, i cuyos
cuerpos, al morir, medio quemados en lugares ocultos, son el festin
de los chacales i de las hienas. Dichosa la que logra, al ménos que
sus
|cenizas sean echadas al viento.
Para terminar, pues yá estaba bien entrada la noche, se bailó el
''malapá, o paso del amor", por todas la bayaderas. Es esta danza
|graciosa, interesante i mui hermosas hijas del Imalava
hicieron ostentacion lujosa de la flexibilidad ¡ educación de su
talle, de sus manos de sus piés, i acabaron por ponerse a dar
vueltas vertijinosamente sobre si mismas que duró, al són de una
música arrebatada, hasta que cayeron todas, exánimes de ansiedad,
de locura i de espasmo.
Pobres criaturas! La reduce a ese estado de sobre escitacion una
bebida de estracto de jenjibre i de cantárida, los efectos de la
cual van produciéndose i creciendo poco a poco la ayuda del
silencio, de la soledad, del baile, de la liásica de los
perfumes.
Habiendo Baco conquistado la India. -ebrio i caballero en un
pollino, -cabe preguntar:
¿qué relacion habrá entre las bayaderas de hoi i las bacantes de
la fábula?
Sabido es que en las noches consagradas al padre de las Gracias,
algunas mujeres, cubiertas con pieles do tigre, con los cabellos
esparcidos i con tirsos i antorchas en las manos, corrian de una
punta a otra, ahullando o caneando, i seguidas de hombros
borrachos. Es la bayadera, acaso.una perfeccion o un refinamiento
de la bacante antigua?
Terminado el baile, cesó la música i empezaron a apagarse las
luces, a impulso de soples desconocidos. Ayax, que hacia rato que
luchaba por mantener alzados los párpados, acabó por rendirse al
suyo. Sobrevino luégo una quietud i una oscuridad profundas.
Guy, connaturalizado, hacia mucho, esa escenas esas emociones,
hacia más de una hora que dormia en brazos del opio.
Ayax siguió soñando viendo huríes, odaliscas i Vénus ; oyendo
música, respirando aromas i gozando de todos los deleitesde
imaginacion que produce la adormidera, i que son los mismos que
produce el
|hatchisch oriental. I fueron sus sueños tan
hermosos i tan grande su embriaguez, que no sintió cuándo un bohis
titánico lo tomó en brazos i lo llevó, como a un niño, al aposento
que le estaba destinado. En él vió la luz, un poco tarde, del sol
siguiente i cuando Guy entró a darle los buenos dias i a reñirle
por su pereza., dijo a éste, entre crédulo e inciertó:
-Si supiérais… he soñado.
-Me alegro; pero no lo estraño en la: en laIndia se duerme bien, i
los nervios andan quietos.
-Sinembargo, recuerdo que me habeis dicho-en los momentos n que yo
tomaba mis fantasías o mis visiones como realidades.
-Qué?
-Recuerdo que me habeis dicho que eso que yo veia, o que me
parecia ver, lo que producia el opio. Qué hai de eso?
-Pues lo que hai es que eso os cierto. El opio hace a los hombres
bastante ricos para vivir como rajads o nabads en la India., es a
eso a lo que yo aspiro; o los embriaga para que hallei en el
|sueño, númen propicio a loe mortales, las delicias que les
esquiva la realidad, diosa díscola i con cara de arpía
escojed.
- Pero.... i las bayaderas?
Por lo que a e1las toca, hai muchas en
este país, i vá tendreis ocasion de verlas i de tratarlas.
Ayax miró con ojos estúpídosa Guy i creyó que se burlaba de él,
pues se acordaba bien del salon, del jardin, del templete, del
baile, de la música, de los caballos rahes de las paredes, de los
enormes ramilletes, de los jarrones de los pebeteros, de las pipas
aromaticas, atizadas por los
|chocras, del té con ron i
jinebra-en donde, acaso, habia sido puesto el hechizo- de las
balatas, &c.; pero al ver que Guy tenia el aire más honrado
i más indiferente del mundo, no supo a qué atenerse, i disimuló
preguntando:
- ¿Qué papel es ese que teneis en la mano?
-Es un despacho de Mr. Vise. Aprovechándose oste amigo del
alambre que de Calcuta va a Punta-Galias i al Madrás, nos dice que
ha llegado bien, i nos saluda.